Extorsión “a plomo limpio” obliga a cerrar las heladerías 4D

Por más de dos décadas, la heladería 4D de la avenida 20 del sector Paraíso en Maracaibo, había sido uno de los puntos de encuentro nocturno más concurridos de la ciudad, por sus espacios al aire libre y un exquisito menú italiano de gelato, café y pizzas; pero todo eso terminó abruptamente en el mes de julio, cuando el hampa agregó un nuevo ingrediente a la carta de sabores del popular establecimiento: “El plomo”.

Ya no hay mesas ni gente frente al local, en lo que solía ser una alegre explanada a cielo abierto con pisos de terracota. Solo quedan las plantas, huecos de balas en las paredes y sendas murallas de bloque gris donde antes había ventanales que integraban visualmente el ambiente climatizado con el patio al fresco.

Fuentes allegadas a la 4D cuentan a TuReporte que los problemas comenzaron en el mes de junio, cuando miembros de la familia Moricchiato, propietaria del reconocido negocio, comenzaron a recibir llamadas amenazantes exigiendo pagos en divisas “para que no les pasara nada”.

Cuando el miedo llama

“Los extorsionadores les pedían cancelar una vacuna de 20 mil dólares, en incluso les daban a elegir entre hacer un solo pago anual o dividirlo mensualmente. Tenían hasta la información de sus cuentas jurídicas, lo cual asustó mucho a los dueños”, comentó un empresario local que por razones obvias prefirió mantener en reserva su identidad.

Esta no era la primera vez que la 4D se enfrentaba al flagelo de la inseguridad. Debido a su horario habitual de cierre -más allá de la media noche- la heladería había sufrido a lo largo de su historia algunos robos tanto al local como la clientela, pero con el declive de los últimos años en el patrullaje policial y la oscuridad reinante en la zona, las cosas fueron empeorando aceleradamente en meses recientes.

Según información aportada por asiduos de la heladería, el primer ataque se produjo en el mismo mes de junio, poco después de que comenzaran las llamadas de amedrentamiento. A mediados del mes, hombres armados hicieron lo que en el medio policial se conoce como una “advertencia”, tiroteando la fachada a las 2.00 de la madrugada, después de que el local había concluido la jornada laboral.

En una fecha no precisada a finales de julio se produjo el segundo ataque que llevó al cierre definitivo no solo de la sucursal principal, sino de las dos tiendas del Sambil y la de Punto Fijo, pertenecientes a los mismos dueños, de quienes se especula que ya no están en Venezuela para resguardar su integridad física. Incluso un local que había sido reservado por la heladería en el nuevo centro Comercial Terraza 77 en 5 de Julio fue abortado a raíz de los referidos eventos.

De Paraíso a Infierno

Amigos de Sandro Moricchiato, apuntan que la situación ha afectado a un número importante de trabajadores ya que las heladerías permanecerán cerradas hasta que no se restablezca la seguridad personal y jurídica, no solo en la región, sino también el país, por lo que especulan que esto se prolongará “hasta que haya un cambio de Gobierno”.

La 4D no es el único establecimiento que se ha visto afectado por el cobro de vacunas en el sector Paraíso de Maracaibo, empresarios del ramo gastronómico hablan de al menos dos locales más (que no fueron identificados) que también habrían recibido amenazas y por ello sus dueños, atendiendo a las recomendaciones de asesores de seguridad, salieron preventivamente del país.

La noticia sobre los “atentados” a la 4D no tardó en viralizarse a través de grupos de Whatsapp y pronto la comunidad marabina residente en Miami sirvió como caja de resonancia, aumentando la magnitud de los acontecimientos.

Antiguos clientes de la heladería aseguran que no fueron dos sino cuatro los ataques contra la casona de la avenida 20 e incluso destacan que “cocieron a tiros todo el local por dentro”. Un señalamiento tal vez distorsionado por la bruma de distancia y la idiosincrasia típica del marabino.

A pesar de la hipérbole, lo cierto es que comerciantes y clientes de los establecimientos en el sector Paraíso ahora son presa del miedo y aunque claman por una acción contundente de las autoridades municipales y regionales, temen alzar su voz públicamente.

 

 

Redacción y fotografía: Luis Ricardo Pérez P.

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