¿Conoce las cinco formas de “estafa virtual” en Maracaibo? Aquí las detallamos

Es lamentable, pero los venezolanos somos, hoy día, una presa suculenta para los estafadores. En un país donde es difícil conseguir cualquier producto en tiendas convencionales y donde la inflación alcanza cifras alarmantes, el auge de las compras por Internet está en pleno apogeo, por la cierta libertad de mercado en los precios.

Sin embargo, muchos “aprovechadores” se valen del anonimato que les puede ofrecer los portales y redes sociales para cometer sus estafas. Estos “lobos” suelen vestirse de compradores o vendedores, ya que ambos “personajes” tienen la potestad de, al menos intentar, apropiarse del dinero o de los artículos, que otros posee.

Instagram, Facebook, Mercado Libre, OLX y WhatsApp son las vías virtuales más utilizadas para “ofrecer” esplendidas ofertas que prometen resolver las necesidades urgentes de los venezolanos, ya sea en cuanto a objetos materiales, comida, propuestas de trabajo y hasta relaciones sentimentales con propuesta matrimonial.

Eso que buscas, encuéntralo…

Jorge se va del país. Lo pensó mucho y cuando al fin tomó la decisión, buscó vender sus pertenencias para reunir algo de dinero para el viaje. Un amigo le recomendó hacerlo por Mercado Libre y, luego de una detallada explicación, le pareció tan fácil y seguro que abrió una cuenta y puso sus artículos en venta.

Pasaron los días y recibió muchas visitas y preguntas. Una semana después alguien ofertó por un televisor de 42 pulgadas que Jorge ofrecía. “El supuesto interesado hizo las preguntas pertinentes y, luego de hacerse pasar por un comprador serio, ofertó. Inmediatamente me llegó un correo enviado desde @mercadolibre.com que decía que vendí el producto. Al cabo de unos minutos llegó otro correo que decía que el comprador ya había cancelado por Mercado Pago y de inmediato un mensaje de texto preguntándome cuando le enviaría el televisor y dándome una dirección en el estado Mérida”.

Jorge estuvo a punto de enviar el televisor, eufórico por haber concretado la venta tan rápido, pero el amigo que le explicó la mecánica de uso de Mercado Libre, tuvo la previsión de revisar los correos recibidos y se percató de que el aviso de pago venia de un correo público @gmail.com de dirección “mercadopagoonlines”. Una novatada que le pudo costar cara.

Otra modalidad de estafa a través de esta plataforma, es la de hacerse pasar por un vendedor con muy buena reputación. El YouTuber Henry Jaramillo expone un caso en su canal, para prevenir a los incautos.

“Los supuestos vendedores abren hasta 10 cuentas en Mercado Libre y ofertan objetos con mucha demanda, como celulares o electrodomésticos, y entre esas mismas cuentas falsas se “compran” y se califican como excelentes vendedores. Así que, cuando un verdadero comprador quiere ofertar y revisa el estatus del vendedor, le aparece como una persona confiable con hasta 100 por ciento de clientes satisfechos, pero todo esto es mentira”.

La recomendación de Jaramillo es revisar, no solo el estatus del vendedor, sino cuanto tiempo tiene activo en Mercado Libre, y detallar uno a uno los comentarios que dejan los supuestos “clientes satisfechos”, para verificar que no se repitan las cuentas. Con esta modalidad, los estafadores tienen la posibilidad que de 10 compradores, al menos tres oferten, paguen y caigan redondos.

Se solicita con urgencia

Si se coloca en Instagram la etiqueta #estafadoresvenezuela se obtiene al menos mil resultados. Esta red social se convirtió en un terreno fértil para las propuestas engañosas y también para pescar incautos, no solo en la compra venta de ropa, zapatos, artículos de hogar y vehículos, sino para la cacería de “desesperados” por un buen trabajo, dentro o fuera del país.

Lisa es una joven abogada con muchos conocimientos como Community Manager, pero poca experiencia de vida. Un buen día le llegó un mensaje directo a su Instagram, con una oferta pública de trabajo de una “reconocida empresa internacional con sede en varios países de Latinoamérica”.

La chica de 22 años brincaba de alegría, porque desde hacía varios meses maquinaba la posibilidad de migrar, pero quería hacerlo con una oferta de trabajo firme. Esta era una oportunidad enviada por Dios. Respondió al DM y se puso en contacto con un “gerente” por vía de WhatsApp.

La madre de Lisa, como buena “loba vieja”, sospechó de la propuesta, sobre todo porque la entrevista inicial era en Caracas, y como no pudo convencer a la hija de no asistir, decidió acompañarla.

La entrevista debía ser en un local ubicado en un centro comercial de la capital, pero hora y media antes del encuentro, el supuesto “gerente” le envió un mensaje diciendo “tengo problemas de electricidad en la oficina, pero para que no pierdas el viaje, te atenderé en la feria de comida de otro centro comercial cercano”. Lisa se alarmó, pero su madre decidió llevar el caso hasta sus últimas consecuencias.

Deambularon por el centro comercial durante horas, pero no fue posible ubicar al “señor vestido con traje azul y camisa gris” que la estaba esperando. Lisa quedo consternada, porque al preguntarse “cómo le pudo haber sucedido algo así”, se percató de que en su Instagram, poco a poco había dejado pistas de su vida y sus proyectos. ¿Qué pudo haberle sucedido? Mejor que no tuvo la oportunidad de enterarse.

Otro lo tiene, otro lo quiere

OLX es otra popular plataforma de compra venta de artículos, desde un par de zapatos, hasta una casa. Algo novedoso es la llamada “estafa por triangulación”, para la cual se requieren tres personas, el estafador (Juan), la víctima (María) y un tercero inocente (Pedro) que hace de intermediario entre el estafador y su víctima.

Juan publica un artículo costoso, a un precio atrayente. Por ejemplo, un teléfono de última generación en 30 millones de bolívares. María ve el producto y le resulta atrayente el precio. Naturalmente, ella duda de la oferta, pero al mismo tiempo quiere aprovechar la oportunidad. Sin embargo se queda tranquila al saber que el pago lo realizará por transferencia bancaria, por lo cual siempre podrá reclamarle al vendedor en caso de que haya algún problema.

Decide entonces comprar el producto, pero nunca llega. El teléfono al que llamaba ya no responde. Enojada, comienza a hacer averiguaciones y obtiene el teléfono del titular de la cuenta a la que transfirió el dinero. La cuenta es de Pedro, quien actuó como un intermediario involuntario de esta triangulación.

Pedro es una persona honesta, un habitual vendedor de accesorios para PC por Internet y le va bien. Hace una semana, una persona le compró un artículo por un valor de 15 millones de bolívares. Varios días después de confirmar la compra, el comprador se comunicó con él y le dijo que por un error de su secretaria, se le había hecho una transferencia por 30 millones y le pedía que cuando enviara los productos, por favor le diera dos en vez de uno. Pedro verificó la transferencia y accedió al trato, porque a la vista “todo estaba correcto”. En este caso, el comprador fue Juan, el estafador, que pagó los artículos con el dinero que le quitó a María. Fin de la historia.

Otro caso de la vida real, fue el de Almixis José Carrillo Sequera, quien engañaba a los incautos concretando compras a través de OLX y pagaba con cheque sin fondo. Cuando la víctima reclamaba el embaucador no dejaba rastro.

Ante las denuncias formuladas contra este timador, la División contra la Delincuencia Organizada del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) le empezó a pisar los talones, a través de un arduo seguimiento, mientras el estafador se “desplazaba” en red por OLX y otros portales de venta en Internet.

“Contactaba a sus víctimas, lograba concretar diferentes compras y pagaba mediante depósitos con cheques sin fondos”, detalló un efectivo del CICPC. Finalmente el estafador fue detenido.

 

Eres lo que buscaba, pero…

Miriam tiene 45 años, está divorciada y es secretaria en una firma de contabilidad. Pasa la tarde entre sus asuntos laborales y el Facebook, por donde se entera de la vida de sus familiares y amigos. Hace unos meses recibió un saludo… “Hola, como estas”. Rápidamente verificó el usuario y se dio cuenta de que no lo conocía, así que no le prestó atención.

Durante semanas, el mismo usuario le escribió a diferentes horas del día, le enviaba saludos, iconos, link de canciones y luego varias fotos con invitaciones a seguirlo en la red, porque su cuenta era privada.

La curiosidad le gano a Miriam, sobre todo porque se trataba un hombre de 53 años, ingeniero y de nacionalidad estadounidense, llamado Morgan Brian. Entró a su perfil y comprobó que su cuenta estaba activa desde 2014, que tenía una hija bellísima y que había trabajado en varias partes del mundo.

Para estar más segura le pidió al desconocido que le escribiera por WhatsApp, solo para verificar que el número del cual le escribía, pertenecía a un código de área en Florida. El tal Morgan comenzó a enamorarla. Le decía que estaba en Barbados, en una obra que culminaría pronto y que se sentía dispuesto a viajar a Venezuela para conocerla, porque en ella había encontrado “todo lo que estaba buscando”.

Miriam se dejó llevar por esa promesa de relaciones que florecen en las redes sociales, entre dos solitarios que por fin encuentran su alma gemela. Era divertido, Morgan le escribía partes en un mal español y partes en inglés, pero ella lo colocaba en el traductor y así se enteraba de sus dulces propuestas.

“Me casaré contigo”, le escribió un día. Le contó que preparaba su viaje para dentro de un mes y ella se llenó de ilusiones. Una semana antes recibió un mensaje de su amado. “Tengo problemas, la empresa no ha podido liberar mi pago y no tengo como comprar el boleto. Podrías tu prestarme algunos dólares para cómpralo”.

La mujer se llenó de ira, porque era tan evidente que había caído en manos de un estafador, y le respondió. “Te anotaste mal, las venezolanas no tenemos acceso a dólares, menos para mantener a ladrones como tú”. Claro está que el tal Morgan se hizo el ofendido, la bloqueó de todas las redes y no volvió a dar señales de vida.

Sin embargo, semanas después y por curiosidad, Miriam abrió una cuenta falsa y revisó el perfil del estafador. La cuenta sigue activa, con otra fotografía pero con el mismo nombre y cientos de seguidoras de todas partes del mundo.

No acepto dinero, solo trueque

A Jennifer no le sorprendió cuando la incluyeron en un grupo de WhatsApp llamado Ventas y Cambios en Maracaibo, ya que no era el primero al que pertenecía. Su necesidad de encontrar pañales y fórmulas lácteas para su bebe de año y medio, la mantenían activa en las redes sociales.

Cada día recibía diferentes ofertas y realizaba negociaciones de cambios y compras, todas con excelentes resultados. En una oportunidad alguien le escribió al privado. “Soy del chat, pero veo que tienes días solicitando pañales, así que te escribo por aquí, para darte la prioridad. Yo también soy madre”. Dijo llamarse Sofía Hernández, del municipio San Francisco.

La mujer le ofreció un paquete de 40 pañales, pero le aclaro: “no quiero dinero, necesito harina, arroz y aceite”. Negociaron un rato y acordaron realizar el trueque en la entrada del centro comercial Metrosol. El canje se haría finalmente por dos kilos de arroz, dos de harina y uno de azúcar, porque “aceite no hay”.

A las 6.30 de la tarde, con puntualidad, Jennifer se paró frente a Metrosol con su bolsa en la mano, pendiente de la mujer “morena, embarazada y vestida pantalón marrón y blusa estampada”, que nunca llegó. En su lugar, 15 minutos después de la hora de la cita, un hombre alto y moreno se le acercó, le pregunto la hora, y en su descuido le arrebató la bolsa y salió corriendo. Jennifer borró todos sus grupos de WhatsApp.

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografías: Cortesía

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