Iglesia Claret: una mesa donde se nutren cuerpos, espíritus y esperanzas

Hace un año las puertas de la iglesia San Antonio María Claret se abrieron de par en par para convertirse en una fuente nutricia inagotable. En febrero de 2017 nació la Mesa de la Misericordia, una iniciativa que busca brindar nutrimento para quienes perdieron, no solo la capacidad y los recursos para alimentarse, sino la fe y la esperanza.

La imagen de un humilde grupo familiar disputándose una bolsa de desperdicios con unos perros, fue el punto de partida para esta propuesta que desde el principio buscó todas las vías posibles para aportar una “pequeña causa” y mitigar el hambre y la desnutrición que aqueja sectores como Valle Frío, Cerros de Marín y Milagro Norte.

Iniciaron con 100 tiques de comida repartidos, pero los dígitos se fueron multiplicando hasta alcanzar un nutrido grupo de almas hambrientas en todos los sentidos. Ahora, cada miércoles, un equipo de 40 o 50 voluntarios, atienda a entre 800 y 900 personas por día.

Esta cifra diaria se traduce en más 45 mil personas en un año. Mujeres, niños, ancianos y hombres, no solo en situación de calle, sino aquellos a quienes el desempleo, la realidad económica o los problemas de salud, dejaron sin la posibilidad de acceso a una buena alimentación y a una vida digna.

Pero la Mesa de la Misericordia es más que un plato de comida nutritivo. Durante cada jornada, la iglesia se convierte en una ventana que se abre a otra dimensión, una perspectiva diferente, una oportunidad de resignificar conceptos como acompañamiento, ayuda, hermandad y nutrición.

Un enfoque diferente

Es un miércoles cualquiera. A partir de las 10.00 de la mañana se forma una fila frente a la entrada principal de la iglesia Claret. No importa si el sol es inclemente, los comensales llegan y esperan el inicio de la jornada. Los niños y los ancianos tiene prioridad, así como las embarazadas, aunque todos reciben su dosis de amor fraternal y su almuerzo.

El ingreso es a través de una pequeña reja que está a un costado de la estructura. Ese primer paso dentro de “La Mesa” significa entrar por unos minutos a una realidad con otro enfoque.

MIentras esperan para pasar al servicio, los visitantes esperan sentados bajo un toldo, donde tiene la oportunidad de recibir una sencilla lección. “Antes de entrar a recibir la comida se les reúne por grupos y se les da una pequeña charla. Inicialmente se les hablaba de cosas de Dios. Pero nos dimos cuenta de que con hambre ese tema no les llegaba mucho. Ahora las charlas se centran más en reforzar los valores que como ciudadanos y como cristianos debemos tener”, explica Mayela de Tremont, miembro del voluntariado.

Después de nutrir su espíritu, los asistentes pasan al aseo. Cada quien tiene la oportunidad de lavarse las manos con agua y jabón, para recibir su alimento de la manera más digna posible. “También tenemos duchas disponibles y cuando hay agua tenemos la posibilidad de ofrecerles un baño, ropa limpia y a veces hasta zapatos”, relata Oswaldo Gotera, quien asiste cada miércoles con los empleados de su empresa para ejercer el voluntariado.

Ya limpios y reconfortados, cada quien recibe su bandeja. Proteína, carbohidratos, sopa, fruta, bebida y hasta una pequeña porción de postre, integran el menú que se adereza con mucho amor y buena voluntad.

Las personas que manifiestan alguna dolencia reciben atención médica primaria de manos de un equipo de paramédicos y, cuando la abundancia los bendice, hasta se le provee de medicinas.

Jornada de pura pasión

La preparación de la Mesa de la Misericordia inicia los martes. Unas 50 voluntarias se encargan de picar y alistar los ingredientes del menú de esa semana. “Las proteínas las aporta un grupo de benefactores que están fuera del país, los carbohidratos, verduras y frutas, los aporta el voluntariado según sus posibilidades”, relata Gotera.

El miércoles a las 7.00 de la mañana inicia el movimiento dentro de la iglesia. Se encienden los fogones, se preparan los utensilios y se dispone todo para recibir a los comensales que llegan fluidamente hasta avanzada la tarde. Luego, queda recoger todo, limpiar y comenzar la organización de “La Mesa” de la semana siguiente.

María Alejandra Fernández, mejor conocida como “Mañaña” coordina el voluntariado que, a fuerza de vocación de servicio se convirtió en uno de los comedores y sitios de ayuda humanitaria mejor encaminado de la ciudad.

Entre los deseos más fervientes del voluntariado está poder seguir con esta magnífica obra. “Que nuestros proveedores puedan seguir con sus aportes económicos. Que sigamos atendiendo a nuestros comensales con la misma misericordia que lo hacía Jesús”, expresa Mayela de Tremont.

Hace un año, cuando comenzaron, la “situación país” era más amable, ahora enfrentan más dificultades para mantener la “mesa servida”. Al respecto, Mayela asegura con un cargamento gigante de fe: “es Papá Dios que mueve los corazones y no nos desampara”.

Contacto para donaciones y voluntariado @Mesadelamisericordia

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Referencial Archivo

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