Desde hace un año, la radio extraña las risas de Javier Bertel

“Javier echame uno, Javier echame otro, un chistecito pa’ reirme un poco”. Esta estrofa lo acompañó durante muchos años de carrera, fue la antesala musical de sus presentaciones y también el telón de cierre de su paso por la vida. Fue el canto que entonaron familiares y amigos cuando lo sacaron en hombros de la capilla Santa Ana, rumbo a su morada final.

Hace un año la radio perdió a un gran humorista, una voz inconfundible de las mañanas marabinas, las risas más contagiosas y la manera más “fresa” de contar chistes. Hace una año falleció Javier “Margarito” Bertel.

“Pura uva, puro brandi, puro Bertel”, solía decir para referirse a sí mismo y a la dinastía de la que fue líder. “Yo no uso las groserías para hacer reír, así es muy fácil, pero se le falta el respeto a la gente”, comentó una vez durante una entrevista.

Era cierto. Su respeto por los radioescuchas no le permitió utilizar un lenguaje soez. El humor de Javier se basó en la ironía, la burla sana e inocente, y esa manera de reírse, antes, durante y después de “echar el cuento”. Risas que hacían reír.

No en vano se ganó el título de “El Chistólogo”. Vivió su vida para hacer felices a los demás y su gente lo recuerda hoy con más alegría que nunca, porque así fue él, un echador de vaina empedernido.

recuerdos de sus últimos días

A las 5.20 de la mañana, del 10 de agosto de 2017, Javier Bertel “dejó este plano terrenal”, tal como lo tuiteó su hijo Javier Bertel Jr., dos horas después del fallecimiento. El humorista tenía 59 años y estaba en la Unidad de cuidados Intensivos (UCI) del hospital General del Sur.

El 1 de julio había sido recluido en una clínica, con la presunción de un Accidente Cerebro Vascular. Sin embargo, los médicos descartaron el evento y fue diagnosticado con el síndrome de Guillain-Barré.

Fue trasladado al Hospital General del Sur donde iniciaron el tratamiento. El viernes 4 de agosto, las redes sociales del humorista, medios y amigos difundieron como servicio público urgente la donación de algunos medicamentos.

Aunque no podía hablar ni moverse, un día antes de su fallecimiento, su hija Ada Bertel, declaró con fe y alegría que su padre estaba consciente y que mostraba señales de recuperación. Sin embargo, no logró sobreponerse a la enfermedad.

Javier Bertel, uno de los grandes

Javier Bertel Meza nació en Cartagena, Colombia, el 8 de mayo de 1958. Se crió en Maracaibo, en el sector Valle Frío, y su carrera artística la inició muy joven, en el festival Super Ondas, con sus chistes y como animador y cantante del Grupo Montuno, con quienes impuso la gaita Canto a la vida (1979).

Fue cantante, animador, locutor y humorista, conocido como El Chistólogo. Se graduó como licenciado en Educación mención Biología y Química (LUZ).

Comenzó con sketchs de humor en la emisora Maracaibo 740 AM, junto con Orlis Viloria, y a partir de 1985, empezó su actuación como chistólogo en el programa Sabor Gaitero en Radio Calendario 1020 AM, conducido por León Magno Montiel.

Fue “El Maracucho Caliente” de Calendario y mantuvo su programa La Ensalada de Javier en Radio El Sol y en Fabulosa Estereo 94.7, programa este último que tuvo su versión televisiva, así mismo fue animador y cantante con el grupo gaitero Los Jocosos (V.) y Los tremendos de Javier (1990).

Junto con León Magno Montiel animó en la gira nacional de la Orquesta de los Hermanos Carruyo, contratada por Bigott en 1987, así como anfitriones y presentadores en los clubes de la Costa Oriental del Lago, Machiques y Maracaibo. Alternó con humoristas como El Conde del Guácharo, Álvarez Guedes, Moncho Martínez, Carlos Sánchez “Tomate” y “El Gallo de Veritas”.

Dinastía Bertel

Sus hijos continúan con su legado en la radio, con el programa La Ensalada de Javier, y en el mundo de los eventos. Ada y Javier recuerdan a su padre desde la alegría, el amor y lo que él represento para la familia y para Maracaibo.

“Es difícil decir ‘yo se que mi papá está descansando’. La gente a mi alrededor espera verme bien, y aunque es un vacío muy grande es satisfactorio saber que papá fue querido por muchos. Siempre hay alguien, así sea un desconocido para mi, que tiene algo bueno que decir y que siempre me saca una sonrisa”, manifiesta Ada Bertel.

“El era amor, felicidad y es inevitable extrañarlo y querer tenerlo físicamente, pero hoy lo siento más cerca que nunca. Su voz, sus anécdotas y todo el amor que sembró me dan mucha fuerza para seguir en la radio y trabajando con mucho optimismo”.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Archivo

 

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