El extinto Bingo Maracaibo: Te llevamos a explorar qué hay detrás de la puerta

Para la mayoría de los marabinos el edificio ubicado en 5 de Julio, entre avenidas 9 y 9B, se sumió en el misterio hace siete años cuando el Gobierno clausuró todos los establecimientos de este tipo en el país. Tras un pleito judicial entre la operadora del bingo y los propietarios del terreno, el edificio fue devuelto recientemente a sus dueños y desafectado por la Comisión Nacional de Casinos, pero ¿en qué condiciones quedó y qué hay en su interior?

En noviembre de 2016 el Tribunal Supremo de Justicia falló a favor de la empresa Zuliana de Cal (Zucal), dueña de los terrenos y el edificio, en la demanda por vencimiento de contrato de arrendamiento contra Inversiones Recreativas Occidente, C.A. (Iroca), pero no fue sino hasta hace seis meses que la familia Pérez / Pardi pudo disponer de su inmueble e inmediatamente comenzaron una limpieza del desorden que dejó atrás la empresa constituida por el empresario Alfredo Chacare.

Heridas de guerra

Javier Pardi, representante autorizado por Zucal, guió a Tu Reporte en un recorrido interno por lo que solía ser un bingo y posteriormente una casa de apuestas furtiva denominada El Coyote, explicando que en el apuro por desmontar el sportbook y discoteca que habían armado ilegalmente en el edificio sellado por las autoridades, Iroca desmanteló literalmente “a mandarriazos” algunas partes de las instalaciones que les correspondían y otras que no.

Según se establecía en el contrato de alquiler que fue disputado durante tres años y medio en instancias civiles hasta llegar finalmente al TSJ, la disposición de todas las bienhechurías del terreno eran potestad de Zucal, pero ciertos bienes muebles que se clasifican como “inmuebles por destinación” como elevadores, cableado eléctrico, aires acondicionados y escaleras mecánicas fueron retirados si autorización por la operadora.

Por su parte la Comisión Nacional de Casinos se llevó las 570 máquinas tragamonedas que habían quedado almacenadas en el edificio desde abril de 2011. Sin embargo Iroca se había valido de que el edificio tenía una entrada independiente por el área del estacionamiento hacia una parte posterior que servía de salón para eventos, para montar una casa de apuestas y centro nocturno.

“Cuando nos dimos cuenta de que estaban haciendo un negocio nuevo en el local nos movimos rápido y ahí fue cuando el abogado Javier Manstretta denunció públicamente. Eso ayudó a que les revocaran la licencia de licores que habían obtenido con documentos de dudosa legalidad”, apuntó Pardi al destacar que “el edificio no está en malas condiciones, pero como estaban apurados (Iroca) rompieron muchas cosas como iluminación y otra infraestructura”.

Al comienzo del recorrido, lo primero que resalta es que en la planta baja, el enorme estacionamiento de 200 puestos que ocupa casi la totalidad de los 10.000 m2 de parcela no ha cambiado mucho en siete años, solo algunas hojas secas arrastradas por el viento se acumulan en la parte central.

En el techo del parqueadero, un escrutinio más minucioso confirma lo denunciado por los dueños. Cajas eléctricas abiertas y cableado faltante ha inhabilitado parte de la iluminación que ya han ido rescatando para evitar que indigentes y maleantes se vean tentados a incursionar en la propiedad.

Aunque en la fachada principal los grafiteros han convertido la santamaría en un lienzo de oportunidad para su arte urbano, el verdadero daño está en la parte posterior del acceso, donde parte del cielo raso y el drywall fueron violentados para desmontar las escaleras mecánicas.

Los letreros de neón con el nombre del local en el frente y los laterales, yacen vueltos añicos en un rincón. Los mismos fueron retirados por los propietarios para desvincular al edificio de su función previa.

Ciudad bajo techo

El verdadero impacto se siente al ingresar a la gigantesca edificación. La ausencia de mobiliario y colorida decoración que antes recargaba los sentidos, hace lucir las instalaciones como más grandes por dentro que por fuera.

Pardi comenta que cuando recibieron el local el sitio era casi intransitable por la cantidad de escombros y parafernalia que estaba triturado en el piso. Solo la parte que habían usado para el sportbook estaba parcialmente despejada.

El techo elevado y a oscuras del recinto principal donde se encontraban las máquinas de juego parece un estadio alfombrado. Huecos estratégicamente ubicados en la planta delatan el lugar donde se erguían las columnas decorativas al estilo de Las Vegas, mientras que las paredes del fondo -en el costado de la 9B- todavía preservan intactos los neones verdes que anuncian las hoy solitarias instalaciones sanitarias.

Un retorcido lavaplatos y un horno de pizzas escoltan lo que fue la cocina, pero el espacio más impactante, quizás por ser el más despejado de todos, es la antigua sala de bingos, hoy desprovista de mesas, máquina y tablero.

Pardi explica que desde afuera es poco visible el trabajo que se ha venido haciendo en el edificio durante los últimos seis meses, pero pronto eso cambiará cuando inicien el refrescamiento de la fachada, ya que en todo momento ha sido la voluntad de los dueños revivir este importante espacio en una de las principales arterias viales de la ciudad.

El vocero de Zucal apunta que la recuperación de la estructura es un proceso que se hará por etapas en vista de la inversión que representa. Ya existen dos proyectos comerciales que se están estudiando para reactivar el edificio y hasta la fecha hay varios grupos empresariales interesados en desarrollar esos espacios.

Ya casi nadie lo recuerda, pero antes de que existiera como bingo, en esa cuadra había una estructura parecida al edificio Las Laras, en el cual funcionaba un laboratorio de La Universidad del Zulia, pero la misma fue demolida en vista de que se estaba cayendo. Durante algún tiempo la familia Pérez manejó la idea de levantar un centro comercial en la parcela, pero el ofrecimiento de Iroca cambió los planes.

Hoy el potencial de este espacio es incuestionable,  5 de julio clama a gritos por un nuevo emprendimiento que le devuelva la vida al bulevar que hoy está subutilizado. Tal vez la diosa Fortuna que habitó en esta sede entre los años 2004 y 2010 le vuelva a sonreír, creando una nueva ola expansiva de prosperidad en la zona.

 

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Redacción y Fotografía: Luis Ricardo Pérez P.

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