Isla de Toas: cantera de fósiles que “fertiliza” el turismo del futuro

En las áridas tierras de Isla de Toas, un grupo de visionarios siembra la Venezuela de relevo. Parece una utopía, pero donde solo había piedra caliza, ahora florece una generación de jóvenes científicos, conservacionistas y precursores del turismo de experiencias.

Para fecundar esa idea, emergen de entre las rocas los restos de animales prehistóricos, que vivieron hace millones de años sobre la tierra insular, y ahora sirven de atracción para turistas, científicos e inversionistas.

Luis Camber es uno de los líderes de Ecoluciones Venezuela, una asociación civil que promueve conciencia ciudadana a través de la educación, la sustentabilidad y el acceso a tecnologías para las comunidades vulnerables, basados en los principios de sustentabilidad del programa de desarrollo de las Naciones Unidas.

El Proyecto Toas inició hace cinco años de la mano de Ecoluciones. Hoy se puede afirmar que la isla muestra cambios, no solo físicos sino de conciencia colectiva que apuntalan una nueva visión de las comunidades hacia su entorno.

Ecoluciones busca incentivar un cambio social a largo plazo, para que la generación encargada de gerenciar la isla en un futuro, lo haga con una nueva conciencia conservacionista, productiva y creativa. “Sabemos que esto es un maratón, pero estamos comprometidos, no importa que yo no vea los resultados, siempre y cuando ocurran”, reconoce Luis.

Proyecto Toas fue nominado y premiado por diferentes instituciones nacionales e internacionales desde 2014, como el premio al mérito Ecológico Henry Ford, premio Plan de Negocio Social Ideas 2014, Project Management Institute Capitulo Venezuela, Ecuator Prize (programa Desarrollo Naciones Unidas) y recientemente en los premios Latino América Verde en las ediciones 2016 y 2017.

Hace un mes los emprendedores inauguraron el Ecolaboratorio, un espacio didáctico, único en Venezuela, que está diseñado para fomentar la vocación científica en los jóvenes isleños, con una combinación de herramientas tecnológicas, dinámicas lúdicas y prácticas de campo en áreas como la biología, geología, paleontología hasta la robótica aplicada al reciclaje con impresoras 3D.

¿Impresora 3D? Si, con ella los estudiantes materializan sus sueños e ideas, a partir del plástico reciclado, molido y reconstruido en objetos útiles y valiosos. Un adelanto que va más allá de la imaginación de los habitantes de Toas.

Además, el EcoLab cuenta con microscopios digitales, una sala de proyección en alta definición y un museo de fósiles prehistóricos todo distribuido en cuatro estaciones: Biología, Audiovisual, Tecnología con Impresión 3D y Museo Paleontológico, que cuentan con el apoyo de científicos Internacionales y de aliados institucionales como Practicemed Solutions, Mat Latin America, Global Networks 360 y Rotary.

Una historia al revés

En 2011, Luis Camber salió de Maracaibo y se fue a vivir en Aruba en busca de un mejor futuro. Hasta aquí, su historia es una más entre miles. Pero en 2013 regresó al país para atender un asunto familiar, viajó a Toas en busca de un escenario para practicar los deportes acuáticos que le apasionan y se quedó enganchado del potencial turístico de la isla.

“Quedé maravillado de todo lo que ofrece y me pareció viable aplicar todas las estrategias que se utilizaban en Aruba, para iniciar un proyecto de turismo de experiencias, que no tiene que ver con el lujo y la comodidad, sino con la naturaleza y las vivencias”, afirma el joven de 37 años, quien es administrador de empresas y experto en gerencia de proyectos.

Luis sedujo a un grupo de amigos y los invitó a rescatar la isla. Comenzaron a dar charlas, para incentivar a los moradores el instinto de protección de su entorno, en cuanto a la recolección y aprovechamiento de los desechos.

El primer cuestionamiento que se planteó fue cómo sanear la isla y qué hacer con la basura. “Comencé a investigar sobre la monetización de los desechos y entonces encontré varias ideas, como la de confeccionar ecobloques, con lo cuales construimos unas bancas para los niños de la escuela que comían sentados en el piso”, recuerda.

Comenzaron con 40 voluntarios estudiantes de bachillerato, pero poco a poco niños y jóvenes se fueron interesando en la construcción de las bancas y al final fueron más de mil niños y adolescentes que participaron en el proyecto.

Ahora, promueven un circuito de reciclaje que utiliza a las escuelas como centro de acopio preventivo de material plástico, para su posterior uso en impresoras 3D que transforman el plástico de desecho en nuevos útiles escolares, juguetes pedagógicos o para la construcción de estructuras.

“Así no solo se masifica el conocimiento ambiental a través de la educación experiencial, sino que una escuela promedio de 700 alumnos, puede recolectar hasta 25 mil botellas Pet mensuales, lo suficiente para construir dos aulas de clase o una vivienda de interés social con un ahorro de materiales considerable”, cuenta, seguro de que es una gran noticia.

Científicos en esencia

Johen Morán quiere ser paleontólogo y curador de piezas fósiles, él tiene 10 años de edad y vive en la isla, donde practica la clasificación y “cura” de vestigios prehistóricos hallados en campo, para su posterior estudio con especialistas internacionales.

Igual tarea realizan los hermanos Almarza. Honorio observa la cámara con seriedad mientras sostiene entre sus manos el fósil prehistórico de una amonita, hallada por su hermano Ernesto en algún lugar de Toas.

“Las amonitas eran criaturas depredadoras parecidas a los calamares y vivían en el interior de conchas con forma de espiral. Tenían fauces afiladas en forma de pico en el interior de un anillo de tentáculos que se extendía desde la concha para atrapar pequeños peces y crustáceos. Algunas alcanzaban más de un metro de longitud y vivieron hace 240 millones de años”, explica Luis.

Quien lo escucha, luego de abrir la boca y rascarse la cabeza, seguro se imagina a Toas como un parque jurásico lleno de criaturas inverosímiles que habitaron la isla durante la prehistoria, y es que allí se pueden conseguir registros fosilíferos de gran antigüedad conformados por bivalvos, ostreas, crustáceos y posibles vertebrados, que permiten el estudio de la evolución de los ecosistemas marinos.

“El programa de Jóvenes Paleontólogos nació a finales del 2015. Luego de una jornada de Cine Comunitario Ambiental, donde se proyectó el documental Gea y los Fósiles, los habitantes de la isla aseguraron haber visto piezas similares a las proyectadas en el documental. Organizamos una excursión y encontramos varios fósiles que dieron indicios de un antiguo eco sistema prehistórico”.

Con el apoyo de algunos biólogos, estudiantes de geología, aficionados de la paleontología y educadores locales diseñaron un programa de formación para estudiar la paleo fauna de la isla y proteger esos tesoros prehistóricos.

Luego de casi dos años y dos cohortes de estudio. Los jóvenes mejoraron su rendimiento escolar e hicieron hallazgos de más de 50 piezas fósiles de importancia, que están siendo evaluadas por científicos especialistas en paleontología y paleo biología de Suiza, Estados Unidos y Polonia.

“Decidimos emprender un programa de investigación y capacitación, para aplicar la educación experiencial como vehículo para generar empoderamiento en los jóvenes. Toas es la única isla de la región suramericana cuyo origen se debe a los movimientos tectónicos de las placas del caribe y en presentar dos fallas geológicas”, asegura.

Ahora cuentan con 50 exploradores entre los ocho y los 20 años de edad, y al menos 10 jóvenes científicos que se están formando empíricamente, con información que encuentran en internet y que luego aplican en campo, pero en un futuro próximo, gracias a alianzas estratégicas que consolida Ecoluciones, estos noveles paleontólogos serán asesorados por científicos de universidades extrajeras.

Construir país

Ecoluciones busca crear un espacio donde las ideas se transformen en conocimiento. “Las comunidades vulnerables del mundo entero tiene las mismas necesidades y los mismos problemas, que generan un impacto negativo en la sociedad. Allí no hay centros comerciales y sus lugares de entretenimiento son la plaza, la escuela, la iglesia y la licorería”, apunta.

La idea de dotar esas comunidades con un lugar donde adultos y niños encuentren nuevas oportunidades cognitivas que expandan su conciencia, una especie de “fábrica de empoderamiento a escala”. Cuando una comunidad ve que puede recolectar desechos y convertirlos en objetos útiles que les generan ganancias, esas personas el plástico ya no es basura.

Para financiar sus sueños, los líderes de la asociación toman recursos propios y los invierten, así como el dinero que han ganado al participar en concursos internacionales. Y para que Isla de Toas se convierta en la potencia científica y turística que sueñan, solo necesitan un mejor servicio de transporte lacustre, electricidad, agua potable y hospedajes, para recibir con los brazos abiertos a todos los que deseen maravillarse con el hallazgo de una nueva Venezuela.

@ecolucionesve

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografías: Cortesía Ecoluciones Venezuela

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