Reconversión monetaria: ¿Bomba de tiempo económica o espejismo político?

Desde que el Gobierno nacional anunció el pasado 22 de marzo una nueva reconversión monetaria, que entraría en vigencia 4 de junio de este mismo año, sectores de la economía nacional advirtieron la imposibilidad técnica y logística de embutir en 74 días, un proceso que hace diez años requirió de 10 meses, pero ¿qué tal si la intención de esta “misión imposible autoimpuesta” fuera precisamente la de generar la ilusión de un caos inminente? y ¿de qué le serviría al oficialismo?

Para entender la factibilidad de este enfoque, debemos tener en cuenta que en el juego de la estrategia, “el timing” o sincronización de las acciones tácticas, es un factor clave que ayuda a explotar la espectativa o sorpresa del adversario como debilidades, llevándolo a un escenario de confusión que luego puede capitalizar quien diseña la maniobra.

Una muerte anunciada

En las últimas semanas el economista José Guerra, miembro de la comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, así como otros especialistas han venido insistiendo -cada vez con mayor vehemencia- en la necesidad de que se posponga la reconversión o se prorrogue la circulación del bolívar fuerte más allá del 3 de junio (fecha en la que perderá su valor), de manera que coexista con el llamado bolívar Soberano, y así evitar un “caos económico”.

Tal preocupación ha sido avalada por voceros de Fetrabanca, que confirman que a una semana de la fecha fijada por el Ejecutivo, la entidades financieras no han recibido las nuevas especies monetarias, ni han terminado de adecuar sus sistemas para eliminar tres ceros de las transacciones.

Más grave aún, es que si los 17.000 millones de nuevos billetes que hacen falta para satisfacer la demanda de efectivo, ya estuvieran en el país –y no es así-, no existe la logística necesaria para distribuirlos a tiempo ni para recoger las 15.983 millones de piezas viejas que aún están circulando.

En medio de la retórica antiimperialista y las denuncias de “injerencismo internacional” y “guerra económica”, sería sencillo para los voceros de la revolución postergar la circulación del bolívar Soberano, achacándole la responsabilidad a sus rivales hemisféricos, pero el hermetismo y la terquedad oficial se mantienen infranqueables, alimentando la incertidumbre de los venezolanos que no saben qué harán con su dinero a partir del 4 de junio.

Leer entre números

La respuesta, parece estar escondida entre las fechas. No hay que perder de vista que para cuando el Gobierno informó sobre la reconversión, ya sabía que las elecciones presidenciales serían el 20 de mayo, lo cual le da al anuncio profundas implicaciones políticas.

Programar tan compleja transfusión económica para dos semanas después de unos comicios signados por graves cuestionamientos dentro y fuera del país, no solo evidencia la excesiva confianza del chavismo en obtener unos resultados favorables, sino que da pie a suponer que estos sabían que la preocupación por el impacto de la medida, entraría en su máxima efervescencia inmediatamente después de los comicios.

La diferencia entre un ataque y una distracción táctica, es que el primero está diseñado para lograr una victoria y el segundo para engañar al enemigo haciéndole perseguir una supuesta amenaza, mientras su oponente avanza hacia otro objetivo de mayor importancia.

No hay duda de que el Ejecutivo necesita urgentemente simplificar el manejo de las cuentas del Estado y las transacciones financieras, además de atacar la escasez de dinero en efectivo y el bachaqueo de billetes, pero también se benefica de desviar la atención de la opinión pública hacia un tema que afecta de forma más inmediata y directa su cotidianidad, opacando el debate político.

El suspenso como herramienta

Los maestros del suspenso como Alfred Hitchcock, Stephen King y Wes Craven saben muy bien que postergar hasta el límite de lo absurdo un desenlace inevitable, por mas obvio que parezca, ayuda a mentener las audiencias al borde de su asiento.

Hay quienes argumentarán que la escena de la chica que sale a tomar aire fresco en medio de la noche, a sabiendas de que un asesino merodea la cabaña solitaria del bosque, es un cliché barato, pero lo cierto es que funciona y lo hace muy bien, asi que a menos que se trate de una estrategia suicida para complicar aún más la gobernabilidad del país, puede apostar con toda seguridad a que el Gobierno terminará desmantelando esta especie de bomba de tiempo económica, pero ello no ocurrirá hasta el último segundo.

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Archivo

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