Pesca deportiva, una disciplina que “engancha” a los marabinos

La oscuridad aun reinante agudiza los sentidos. Un olor salobre en la brisa fresca y húmeda acaricia el rostro, trayendo de vuelta recuerdos de cuando la vida era menos complicada. Gradualmente la serenidad va tomando el control de todo, mientras el silbido incesante de ranas en un caño cercano, se entremezcla con el chasquido rítmico de las olas que rompen contra una ensenada que invita a sentarse y esperar la salida del Sol. Así comienza un día de pesca en la Vereda del Lago.

El rompeolas de la segunda etapa, cerca del muelle de donde parten las lanchas que van hacia la refinería el Tablazo, congrega a una comunidad heterogénea. El experto de oficio, el necesitado, el entusiasta y el curioso se juntan a diario para iniciar un forcejeo casi ritual entre hombre y pez.

Mucha gente que lleva toda su vida en Maracaibo ignora que en la ciudad “desde hace mucho existen clubes de pesca deportiva, pero ha sido en tiempos recientes que un boom en redes sociales ha hecho que crezca la afición por esta disciplina” afirma Francisco Inciarte, antropólogo de profesión y pescador de corazón.

Lugar de iniciación

Hace ya cinco años que un amigo lo invitó a él y a su esposa Libicni a “echar al agua sus primeros anzuelos” en las riberas del lago y desde entonces ambos quedaron irredimiblemente “enganchados” por el arte de dominar la caña, el nylon y los señuelos.

“La mayoría de los peces los devolvemos al agua, no tenemos la necesidad de subsistencia sino de preservar la pesca y cuando hay un pescado bueno para comer si lo tiramos a la cava para llevarlo a casa” explica este marabino de 42 años al resumir en forma sencilla de qué va, este pasatiempo con beneficios implícitos.

Aunque La Vereda del Lago es uno de los lugares más accesibles para la mayoría de la gente, no es el mejor punto de la región para sacar buenas piezas, según afirma “El Cochino” –como le apodan sus amigos. A su criterio el parque urbano es más bien, una especie de “cancha de entrenamiento” donde con algo de suerte y conocimiento se pueden sacar bagres, corvinas y lisas de hasta 3,5 kilos, solo por mencionar las especies más abundantes en el estuario.

Meterse a lo hondo

Para quienes ya tiene más experiencia y quieren poner a prueba sus destrezas, un corto viaje en lancha hasta el Golfo les permite medirse ante animales de mayor tamaño, pero si prefieren un lugar con acceso por tierra, a distancias que oscilan entre una y tres horas de carretera desde Maracaibo, el Zulia ofrece opciones como del Río Limón en el municipio Mara, el embalse de Burro Negro en Lagunillas y ya en Falcón pero muy cerca de la frontera regional está la represa de Matícora en el municipio Mauroa.

Cualquiera de las tres opciones ofrece hermosos parajes naturales apartados del bullicio citadino, aire fresco y seguridad provista por entes civiles o militares. Eso sí, vaya preparado con su logística de alimentación, hidratación y otras necesidades ya que no encontrará un Mc Donald’s a menos de 80 kilómetros de distancia.

Inciarte indica la presa más codiciada en Río Limón es el róbalo, una especie impetuosa que caza con la vista, por lo que se recomienda usar señuelo en lugar de carnada. Estos animales de asemejan a un torpedo escamoso que puede llegar a pesar hasta siete kilos, aunque los especímenes más comunes promedian 3,5 kilo de una carne muy gustosa.

Ya en los embalses de agua dulce abunda el pavón, conocido en inglés como peacock bass. Esta colorida especie de tonos verdosos y amarillos con manchas pardas y un distintivo círculo en la aleta caudal que asemeja un ojo, es una presa particularmente codiciada por los pescadores ya que su temperamento, aspecto y sabor ofrecen un formidable reto con una gustosa y atractiva recompensa.

No todo se come

“Entre los pescadores hay muchos tipos, el que busca saciar una necesidad de alimento, el comerciante que hace su dinero con redes y una lancha, y los deportivos que vamos por pasión y el reto, aunque eso no impide que de vez en cuando nos comamos los pescaditos que agarramos, ya que uno puede llegar a sacar una carne que costaría 20 mil bolívares el kilo en una pescadería, y esto sin considerar que se trata de algo mucho más fresco” apunta el aficionado, antes de advertir que no todos los peces sirven ni deben ser usados para consumo humano.

En el lago de Maracaibo abundan el pez sapo y el pez piedra que son tóxicos ya que sus cuerpos contienen un veneno letal llamado tetrodoxina, también presente en el fugu, el “pez prohibido” del sushi japonés.

A parte del peligro mortal, también hay otros criterios como talla y sitial en el ciclo reproductivo de la especie, que privan a la hora de decidir si una presa debería ser consumida por razones éticas y ecológicas.

Entre pescadores es mal visto conservar los peces muy pequeños –apodados “llaveritos”- ya que aparte de ser insuficientes para alimentar a alguien, se pone en peligro a las poblaciones al matar a los ejemplares jóvenes. En el extremo opuesto de este mismo criterio están los animales muy grandes, que suelen ser los reproductores y ayudan a garantizar la continuidad de la especie.

Francisco no duda en calificar la pesca como “un arte” ya que implica conocimiento y dominio de aspectos científicos y temperamentales de los ecosistemas y la fauna. “Es algo muy bonito porque hay que estudiar desde el hábitat y el comportamiento de las especies, hasta los ciclos de las mareas, clima, patrones migratorios y técnicas en el uso de la caña o el carrete. Todo esto te lleva a una mayor apreciación de la importancia de ir preservando estos reservorios”.

De 20 en 20

Con apenas 20 mil bolívares cualquier interesado puede iniciarse en la pesca deportiva. Sólo necesita un carrete, nylon y algunos plomos y anzuelos para comenzar un pasatiempo que traerá horas de disfrute y paz. Esta modalidad de carrete favorece más la pesca con carnada, pero quienes buscan algo más avanzado y retador necesitan invertir alrededor de 20 dólares en una caña, sedal, plomo, anzuelo y señuelos básicos para atraer a las presas que usan la vista para cazar su alimento.

Por último, Inciarte advierte que este deporte pone aprueba el carácter de quien lo practica, ya que requiere persistencia, paciencia y hasta resignación, puesto que en ocasiones ha visto gente gastar 200 mil bolívares o más en un señuelo, que puede terminar zafándose con el pez o enganchado en alguna parte. “Aquí hay un factor de riesgo, donde unas veces de gana y otras se pierde”.

 

Para mayor información sobre eventos de pesca y sitios para practicar este deporte, puede dirigirse a Maracaibo Fishing Club en Facebook (https://es-es.facebook.com/MaracaiboFishingClub).

 

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografías: Francisco Inciarte y Libicni Rivero.

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