Gustavo Baptista, médico: “Le entregamos el país a los malos estudiantes”

Lo primero que un médico observa en un hospital es el rostro de la necesidad; a veces, el de la miseria. Gustavo Baptista, cardiólogo zuliano de 52 años, ha visto ambos. Dentro y fuera de los centros asistenciales. Es egresado de la Universidad del Zulia (LUZ), y cursó un postgrado en cirugía cardiovascular en el Instituto Dante Pazzanese de Sao Paulo, Brasil.

“Nuestros pacientes muchas veces no pueden llegar al hospital porque no tienen ni para pagar un carrito por puesto. Les recetamos unos cinco medicamentos, costosísimos, que a veces ni se consiguen”.

¿Cómo hacer más por ellos?, se preguntó Baptista en varias ocasiones. Y en 2017, en plenas protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro, en vista de que el país estaba paralizado y los pacientes no podían trasladarse de sus hogares a los hospitales, él y algunos de sus amigos decidieron ir hasta las comunidades más pobres del Zulia.

“Un grupo de personas en Colombia me dijeron que tenían unas medicinas y querían saber cómo hacer para donarlas, yo les dije: ‘dámelas’. Con esa donación empezamos a hacer las jornadas. En un principio se les brindaba atención médica, odontológica y los fármacos”.

Alianzas

Así comenzaron a unirse quienes se ofrecieron a llevar agua y refrescos, los que se comprometieron a llevar algo de comida. Y el experimento culminó con 13 jornadas de asistencia en el último semestre de 2017.

“Hoy tenemos alianza con dos fundaciones  en Colombia que nos ayudan con las medicinas y los equipos, que se llaman Fundacolven y Dale la mano a un hermano. Hay una fundación de unas muchachas que recogen ropa vieja, y con esa ropa hacen vestiditos y ropa para niños. Se llama Fundación Dona Moda. Con la gente de la comida, que se llama Compartiendo amor, y a raíz de la muerte de Paúl Moreno, que era parte de Cruz Verde, con Aliados con Paúl”.

La última actividad la hicieron en diciembre en El Brisal, un caserío a la entrada de Los Puertos de Altagracia, en la Costa Oriental del Lago.

“Creo que por ahí ni Colón pasó, viven en un estado de desidia y de extrema pobreza a escasos metros de instalaciones que representa el boom petrolero de este país. Sólo hay colegio pequeñito, el resto es arena y ranchos. Allí fuimos a llevar comida, entonces te preguntas ¿dónde está le gente que no hizo las carreteras, las casas?, ¿cómo hace esa gente para salir de allí?”.

—¿Cuáles son los males más comunes con los que se ha encontrado durante las jornadas médicas?

—Una desnutrición galopante en los niños. Y la desnutrición traer consigo una serie de patologías: problemas odontológicos, parásitos. Hay zonas donde hemos visto una cantidad de cardiopatías congénitas porque son zonas muy rurales donde no hay una correcta eliminación de excretas, porque no hay agua potable y eso trae una serie de infecciones que pueden producir trastornos, como fiebres reumáticas.

—¿Y entre los adultos?

—Las clásicas: hipertensión arterial, diabetes con muchas complicaciones porque no se consiguen las medicinas. Y no ha habido una política de rescate. Porque la política en salud no solamente es arreglar un hospital o pintar un ambulatorio y ponerle la cara del alcalde o el gobernador. Es llevar a cabo campañas de recolección de basura, por ejemplo. Maracaibo está lleno de moscas.

—¿Qué es lo primero que debería hacerse para los hospitales tenga un funcionamiento promedio?

—Los hospitales son centros de recepción social, adonde deberíamos ir todos. El ambiente alrededor del hospital es muy importante, el saneamiento y la prevención, como las campañas de vacunación. Hay que hacer alianzas con el sector privado. El exgobernador Francisco Arias Cárdenas hizo el programa Corazón zuliano. Llevaban a los pacientes a una clínica privada, la Gobernación  pagaba los insumos y los honorarios médicos, el paciente se veía allí y luego era trasladado al hospital de la Policía. Son programas que se pueden mantener.

—¿Ha presenciado algún programa exitoso de la empresa privada en el sistema de salud pública?

—Fundación Polar reparó el piso de Nefrología Pediátrica del Hospital Universitario. No sólo reparó el piso, sino que le dio entrenamiento al personal en atención al público, de logística, de cómo ser más efectivo. Y funcionó por largo tiempo así. Pero tiene que haber una política de apertura.

—¿Cuáles serían sus propuestas para hacer a Maracaibo más vivible?

— Hay que reactivar la recolección de desechos. Es un problema que venimos arrastrando desde el último período de Gian Carlo Di Martino como alcalde. Nunca ha habido una política real de saneamiento ambiental.

—¿Y en seguridad?

—Tenemos policías mal pagados pero con vocación de servicio. No se pueden seguir empleando para cuidar panaderías. Vamos a restablecer la gendarmería: los tres, cuatros policías que caminan en los cuadrantes y reportan por radio a la patrulla de la zona las eventualidades.

—¿Cómo se puede mejorar el sistema de salud en la región?

—Un ejemplo sobre la salud municipal: me tocó atender a un muchacho en la Vereda del Lago. Le dio un paro cardíaco y cayó. Yo estaba haciendo ejercicio y estuve 45 minutos dándole resucitación a ese muchacho y en ese lapso no llegó una ambulancia, los policías allí destacados no están preparados para atender esas emergencias, no había un desfibrilador. Tú vas a un parque de cualquier parte del mundo y todo el personal está preparado y tiene los equipos necesarios. Ahí deberían estar los recursos de la salud municipal: preparando a la gente, dotando de equipos a esos parques, a los bomberos.

—El sistema político vigente le hace muy difícil a un ciudadano común postularse con igualdad de oportunidades a cargos públicos, ¿cómo cree usted que se pueda romper ese cerco?

—Hemos dado ejemplo, como sociedad civil, de que cuando nos organizamos logramos mucho. La consulta popular del pasado 16 de julio, por ejemplo, funcionó mejor que las votaciones. El 80 por ciento de la sociedad no se siente representada por el Gobierno ni por la Mesa de la Unidad. Es una población demasiado alta como para no tener aspiraciones de ningún tipo.

—¿Ha pensado postularse a un cargo de elección popular, y cuál sería?

—Al estar en contacto con la gente a través de las jornadas sociales y en los hospitales, te preguntas: “¿por qué no pudiese yo intentar ser alcalde o concejal?”. Yo creo en la preparación. No se puede ser presidente de la República sin haber sido concejal. Hay que hacer una carrera política. Sí hay una inquietud. Quizás en otro momento del país me gustaría. Quizás algún día, como sociedad civil, tengamos un candidato que sea nuestro, que camine, que conozca la ciudad y hable con la gente. Cuando yo estudiaba en LUZ, ¿quiénes hacían política? Los malos estudiantes. Entonces le entregamos el país a los malos estudiantes, a los que no les aplicaron el RR (Reglamento de Repitientes) porque eran políticos. Ese es el gran problema de este país.

 

Redacción y fotografía: José Flores

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