Éxodo masivo: Un “salvavidas con cara de tragedia” que beneficia al Gobierno

Una de las principales razones que llevó al endurecimiento de la comunidad internacional frente al Gobierno de Nicolás Maduro, es el impacto que la estampida migratoria venezolana está provocando en la región y los países del llamado primer mundo, pero lo que muchas naciones y organismos multilaterales perciben como “la exportación de una catástrofe humanitaria”, podría inevitablemente ayudar a oxigenar una gestión que ya no tiene como satisfacer las necesidades básicas de toda su población.

La cuestionada reelección de Maduro en las presidenciales del 20 de mayo y los pronósticos de que ésta traerá consigo un empeoramiento de las condiciones de vida y la represión oficial, sin duda son el temido catalizador que podría transformar en tsunami, el oleaje migratorio que ha venido ganando masa crítica durante los últimos meses a las puertas de las oficinas de extranjería, los registros, sedes diplomáticas y en la frontera colombo-venezolana.

¡Si no te gusta te vas!

Quienes recuerdan o han estudiado el ascenso y desarrollo de la llamada “revolución cubana”, no tardan en concluir que el paralelismo entre aquel proceso y el venezolano, así como las cercanías institucionales e ideológicas entre La Habana y Caracas, delatan la reproducción de un modelo que, entre otras cosas, usó el autoexilio como un mecanismo de control político y demográfico, el cual luego rindió inesperados dividendos, a través de las llamadas remesas familiares.

Guaicaipuro Lameda, quien fuera presidente de PDVSA durante el gobierno del desaparecido Hugo Chávez, confiesa en su escrito titulado “La Receta de Fidel” (publicado en su blog en marzo de 2016), que la migración de la disidencia forma parte de las recomendaciones dadas por Cuba a figuras clave del gobierno venezolano.

El militar retirado cuenta que durante su gestión al frente de la estatal petrolera, hizo un viaje de cinco días a la isla por orden de Chávez, con el doble propósito de conocer las necesidades de tenía Cuba de recibir ayuda de Venezuela y a someterse a un proceso de “inducción revolucionaria” con el ya extinto Fidel Castro, quien entre muchos otros detalles tácticos para conservar el poder, le dijo “al que no le guste la revolución, que se vaya; hágaselo difícil pero ábrale unas puertas”.

Y se fueron demasiado

Las evidencias demuestran que en los últimos dos años un número alarmante de venezolanos ha decidido aprovechar esas “puertas abiertas” para escapar del país, lo cual le ha restado fuerzas a las bases opositoras, sobre todo en los sectores juveniles que conformaban el componente más aguerrido de las protestas de calle que se transformaban en choques con la fuerza pública.

Según el informe de Tendencias Migratorias Nacionales en América del Sur, publicado en febrero de 2018 por la Oficina Internacional de Migraciones de la ONU, entre 2015 y 2017 la diáspora venezolana se incrementó globalmente en 132% y 895% en países suramericanos.

En cifras concretas, en los últimos dos años aproximadamente 924.547 venezolanos han emigrado, lo cual sumado a las salidas de los 13 años previos, da un estimado de 1.622.000 personas, de las cuales 1.552.407 residen en 15 países (tres de ellos europeos y 885.891 en naciones suramericanas).

Lo más preocupante del tema es que la movilización ha tendido a acelerarse en lo que va de 2018 -según denuncian autoridades colombianas- y no existen cifras oficiales confiables ya que muchos utilizan los llamados “caminos verdes” para entrar ilegalmente al vecino país que sirve de puente para desplazarse hacia otras latitudes.

Beneficios colaterales

En cuanto a las “remesas” enviadas por los emigrantes a sus familiares en Venezuela, estas no se traducen en la entrada de divisas frescas a las arcas nacionales, ya que se hacen a través de intermediarios privados que reciben dólares o euros en cuentas extranjeras y giran bolívares al destinatario en suelo nacional, sin embargo existe un beneficio colateral para el Gobierno.

La entrada de esta “ayuda humanitaria” selectiva del exterior, descarga al Estado venezolano de la responsabilidad y la tensión de tener que brindar bienes y servicios subsidiados a parte de la población, permitiéndole enfocar sus recursos en los sectores más pobres donde puede capitalizar un respaldo político con una menor inversión, mientras deja que la erosionada clase media se las arregle con el auxilio de sus familiares.

Una encuesta de la firma Datos divulgada en enero de este año, asegura que un 14% de la población mayor de edad (aproximadamente tres millones de personas) reciben dinero o alimentos y medicinas de familiares en el exterior, mientras que en septiembre de 2017 el índice era del 12% (un crecimiento del 2% en solo seis meses).

Como es de esperarse el origen de estas remesas, que en 2017 alcanzaron un volumen estimado de 289 millones de dólares, según cálculos del Banco Mundial, provienen de los países donde se concentra la migración venezolana, es decir 42% de Europa, 40% de Estados Unidos, 12% de Suramérica y 5% de Centroamérica y el Caribe.

No todo es ganancia

Fuentes en el sector empresarial que prefirieron no identificarse aseguraron a TuReporte que la llegada de ayuda monetaria desde el extranjero por un lado alivia a quienes la reciben directamente, a la vez que los blinda de la hiperinflación, pero al mismo tiempo crea grandes distorsiones en la economía nacional, ya que la capacidad de pago de unos pocos impulsa la escalada de precios y la especulación, al competir por bienes limitados que ingresan al país adquiridos a dólar no oficial.

Otra desventaja es que en la medida en que el deterioro del transporte, las fallas eléctricas y las comunicaciones entorpecen el normal desenvolvimiento del aparato productivo, las empresas tienen mayor dificultad para reponer el recurso humano que se les va del país, ya que “la gente prefiere quedarse en casa esperando los 30 o 50 dólares que le envían y que supera cualquier salario que podrían obtener nacionalmente”, indicó la fuente.

Consciente de esta realidad, a comienzos de mayo el Gobierno Nacional intentó “bañarse en ese chorrito” al tratar de generar condiciones para atraer la transferencia de remesas por vías oficiales.

En tal sentido, el vicepresidente de la República, Tarek El Aissami, anunció que el Ejecutivo había autorizado “abrir en las próximas horas casas de cambio en las zonas económicas especiales, en las zonas petro (…) en los hoteles, aeropuertos, destinos turísticos, es decir, a lo largo y ancho del territorio nacional”, pero hasta ahora los particulares prefieren seguir usando los “caminos verdes” para enviar la asistencia monetaria, ya que la tasa de cambio paralela es más favorable para el destinatario.

 

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Archivo

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