Una triste noticia le “borra la sonrisa” a las papitas Happy

Todo maracucho que se respete, ha comprado una bolsa de Papitas Happy para tratar de imitar en casa, el sabor de los perros calientes callejeros, pero al final solo consiguen comprobar que “nada sabe como la comida de un puestico ambulante” y que las papitas ralladas son prácticamente indestructibles, ya que pueden permanecer por años en un rincón olvidado de la nevera, sin cambiar de aspecto o sabor. Desafortunadamente la empresa que las fabrica no tiene la misma resiliencia.

El pasado lunes 20 de agosto, a solo tres días de los anuncios económicos que antecedieron a la reconversión monetaria, los propietarios de la empresa Happy comunicaron a su plantilla de trabajadores que cesarán definitivamente las operaciones a finales de mes, por no poder costear el impacto del nuevo aumento de salario mínimo y los pasivos laborales que se derivan de éste.

Mal de muchos

Esta situación que hoy se replica en pequeñas y medianas empresas de todo el país, representa el último clavo de un ataúd que la “situación país” ha venido confeccionando, en cámara lenta, durante los últimos años.

Trabajadores de la fábrica cuentan a TuReporte que en sus mejores tiempos la empresa con una capacidad de almacenamiento de 450 toneladas de producto, recibía diariamente hasta siete gandolas de materia prima, procesaban y empacaban unas 15 toneladas de producto, pero el acceso a divisas y el desabastecimiento de insumos para la producción los fueron obligando progresivamente a reducir la operación hasta su mínima expresión.

Aunque desde su fundación en julio de 1992 Happy ha sido mayormente conocida por sus papitas fritas, también llegó a procesar y empaquetar panela, salsa de soya, aceite, semillas y frijoles de distintas variedades, pero en los últimos tiempos solo despachaban frijoles de pico negro, panela y papitas en cantidades reducidas. 

Una carga aplastante

La triste decisión tomada por el fundador de la marca de la sonrisa, el empresario de origen asiático Quan Chong Lao Ma, representa un fuerte golpe para un contingente de aproximadamente 35 empleados directos, especialmente aquellos que tienen entre 15 y 25 años con la empresa.

Fuentes allegadas a la fábrica explican que desde hace más de dos años los propietarios se encontraban residenciados en el exterior por razones de seguridad personal, pero a pesar de los embates de la economía nacional, habían mantenido una firme determinación de seguir apostándole al país, hasta que finalmente no pudieron más.

“Desafortunadamente los números de venta no daban para resistir el golpe de un salario mínimo de 1.800 bolívares soberanos (Bs.F 180 millones), ni mucho menos unas prestaciones sociales calculadas a dicho monto”, comentó un empleado que prefirió mantener en reserva su identidad.

Seguramente no faltará quienes argumenten con pasión que a lo largo del tiempo el producto estrella de esta marca fue perdiendo calidad o fue superado por competidores más grandes y crujientes, pero lo que nunca podrán negar es que con el cierre de Happy, el Zulia pierde un producto precursor que ayudó durante 26 años a darle identidad y sabor a nuestra gastronomía callejera.

 

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Archivo

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