Totuma Café: una “locura” que se convirtió en moda y “le puso sabor” al Maczul

“Para emprender hay que estar loco”. Amparado en esa filosofía, Eliesser Balzán se empeñó en abrir un café en Maracaibo. Con la demencia instalada como un programa de vida, no le hizo caso a quienes le pronosticaron el fracaso y logró conquistar uno de los lugares más inverosímiles y poco comerciales de la ciudad: la terraza del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (Maczul).

Dos meses antes de la apertura del local, el Maczul sufrió tres robos consecutivos, pero eso no lo detuvo. Tres semanas después de su inauguración, Totuma Café se convirtió en el lugar de moda, sitio de encuentro para artistas, fotógrafos, profesores y profesionales jóvenes, quienes buscan un oasis para la tertulia, en comunión con el verdor de los jardines y amparados por el aroma del arte moderno.

Esos escasos 21 metros de largo por tres metros de ancho sirven de escenario para un aforo de hasta 200 personas en un día movido. Visitantes que llegan a curiosear y se quedan, embriagados por el efluvio de la brisa, envueltos en el silencio citadino y la algarabía de la naturaleza.

Golpe de suerte

El proyecto nació hace dos años, cuando a Balzán le provocó estudiar barismo, para aprender más sobre ese “liquido oscuro” que tanto le gusta y para que no le metieran “gato por liebre” cuando se le ocurría salir a tomarse un café con los amigos.

“Me formé en la Escuela Venezolana del Café en Caracas, por puras ganas de aprender, pero me quedaron los contactos de quienes estudiaron conmigo y muchos de ellos si tenían proyectos. Hicimos un grupo para intercambiar experiencias y de pronto una persona me ofreció una máquina para café. Como el precio era accesible la compré por 400 mil bolívares, hoy día cuesta ocho mil dólares”.

Balzán admite que siempre tuvo el deseo de emprender en el área gastronómica y la máquina fue la excusa perfecta. “Cuando ese monstruo llegó al a casa todo el mundo se alebrestó, pesa 120 kilo y venía con el molino. Me preguntaron ‘para qué es eso’ y yo respondí ‘quiero montar un café’. No tenía nada más, solo la intención y la maquina”.

Un día, sentado sobre la tarima de la terraza del Maczul, a punto de firmar un convenio de asistencia médica para el museo, Balzán tuvo un presagio. “Le ofrecí el servicio de asistencia médica al museo y al final terminé convirtiéndome en un Amigo Maczul. El día que firmamos el convenio, le comenté a la directora, ‘esta terraza si esta sabrosa, aquí es donde yo quiero montar mi café’. Ella me respondió que esa terraza se usaba para muchos eventos y yo le respondí, pues más a mi favor”.

De inmediato el empresario visualizó el café como una especie de área VIP para todos los eventos e insistió de tal manera que la dirección aceptó ver el proyecto y llevarlo a junta directiva.

“Hablé con un arquitecto y montamos la maqueta. Al poco tiempo me llamaron para comunicarme que todo estaba aprobado y me hicieron énfasis en que si estaba consciente del riesgo de abrir un local allí. Yo sabía la dificultad, no solo de montarlo, sino después de hacer la inversión, para lograr que la gente nos visitara, pero solo les dije vamos a echarle pierna”.

Contra todo

La construcción de Totuma Café fue un esfuerzo mancomunado entre Balzán y la directiva del Maczul. Los dos focos centrales de atención eran la seguridad y la iluminación. De resto no existía nada previo que pudiera servirle de basamento al local, ni tubería de agua ni acometida de electricidad. Nada, solo es espacio, la cerca y el jardín.

“Fue un poquito laborioso, pero a los tres meses de trabajo ya teníamos agua y electricidad, montamos el piso de estibas y estábamos empezando a construir la cocina, cuando nos anunciaron que la Gobernación del Zulia pintaría el techo. Esa obra estaba estipulada para tres meses y se tardó casi un año. En ese tiempo se dañó todo lo que teníamos hecho”.

Cuando entregaron el techo pintado iniciaron la recuperación, culminaron la cocina y el proyecto siguió viento en popa. “El diseño sufrió muchas modificaciones en el tiempo. La espera nos sirvió para cubrir los requerimientos del espacio y adaptarnos a todo. Por ejemplo, la cubierta del local que está bajo el techo de la terraza, lo construimos porque en un momento del día y en una época del año llega el sol sobre las mesas”.

Para armar el espacio se utilizaron 200 estibas y se previó que cada mesa tuviera su punto eléctrico. Sobre el café hay seis molinos de viento que giran cuando sopla la brisa y que son una réplica de un local que está en Brasil. “Los molinos fueron otro tema. Pegamos la base de tubos a la estructura principal, pero hubo que reforzarla, para que no se cayera porque pesan mucho. Los colores de los detalles y el mobiliario responden a una identidad vinculante que se mimetiza con el entorno. Amarillo porque es el color del museo, pero también es el tono que distingue, junto con el rojo, a la obra arquitectónica más resaltante de la zona: el rectorado de LUZ”.

Un éxito sorpresivo

Durante la Fiesta Bajo Techo del aniversario del Maczul en 2016, Balzán estrenó el concepto con una barra móvil. “Fue un piloto, pero la aceptación resultó increíble y rebasó en mil por cien las proyecciones. Allí corrimos la voz de que en ese lugar habría un café”.

Cuando estuvo todo terminado, en septiembre de este año, se realizó una apertura tímida, sin alardes, para probar la respuesta del público y en octubre fue la inauguración formal, por todo lo alto. Para ese momento el local ya era un éxito.

El nombre de Totuma nace de la tradición familiar. “Era donde mis abuelos tomaban el café y mi abuelo era experto en preparar sueros y los hacía en taparas. Intentamos que sea lo más cálido posible. La gente viene y se desconecta, es un espacio distinto, donde se olvidan que está dentro de la ciudad. Lo mejor que tenemos es nuestro menú. Es una gastronomía sencilla, fusión de sabores venezolanos y americanos, con un toque mexicano. Mi mamá tiene mucho que ver con los platos, sobre todo con los postres. Las recetas son hechas en casa y tecnificadas por un chef”.

Hacer haciendo

“Hubo momentos en que pensé que no se podía, porque las cosas se iban haciendo cada vez más difíciles, pero jamás tuve el impulso de echarme para atrás, porque soy muy testarudo. Esto fue una locura y después de abrir ha sido más difícil por el tema del servicio, hablar con la gente y decirle ‘muchachos ustedes no saben el esfuerzo que se hizo para que esto sea posible’. En tres semanas ya rotaron 30 empleados”.

Para Balzán, el éxito se basa en estar dispuesto al sacrificio. “Aquí nadie me puede decir cómo se hace el trabajo porque yo hago de todo: echar lampazo, meterme en la cocina, ser chofer. El negocio se conoce haciéndolo. No se trata de abrir hoy y mañana ser rico, hay que partirse el lomo y tiene que haber compromiso, esa es la manera de subsistir en la crisis”.

Por lo pronto, Totuma Café comenzará a promocionar festivales gastronómicos temáticos y durante la feria servirá de marco para un amanecer de rock y música electrónica. ¿Cuál será la próxima locura? “ampliar y llevar el negocio hasta el otro lado de la terraza”.

Contacto

@ totumacafemcbo

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Cortesía

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