Sede de la Secretaría de Cultura está “en el abandono” ¿Se avecina un desalojo?

Es evidente. Paredes y pisos curtidos por el constante paso de los estudiantes, puertas desencajadas y ventanales desvencijados. Los espacios se iluminan con los retazos de luz de sol que entran por las ventanas y a ratos sopla una brisa húmeda que no logra refrescar el ímpetu del talento artístico que se niega a “quebrarse” ante los desafíos cotidianos.

El edificio Andrés Eloy Blanco, sede de la Secretaria de Cultura de la Gobernación del Zulia, está en el abandono. Desde hace más de dos meses el sistema de acondicionadores de aire colapsó y dejó las aulas a merced del calor húmedo y sofocante que caracteriza a Maracaibo. Aunque los “rumores de pasillo” aseguran que la administración anterior “cargó” con parte de los equipos que aún funcionaban.

Las escasas actividades se ejecutan al ritmo de los ventiladores, es escaso el bullicio de los estudiantes subiendo y bajando por la rampa, y además, una visible falta de mantenimiento dejó manchas oscuras que afean los pisos y las paredes de un edificio que no ha sucumbido gracias a que su particular arquitectura deja pasar luz y aire natural.

Sin embargo, estos elementos naturales podrían significar un peligro para la “supervivencia” de los instrumentos musicales, pinturas, lienzos, todos materiales específicos utilizados para elaborar obras de arte e incluso las mismas creaciones artísticas que reposan en la edificación.

Ante esta situación, el Secretario de Cultura, Wolfang Viloria mudó su despacho al Centro de Artes de Maracaibo Lía Bermúdez (CAM-LB) y se presume que poco a poco las escuelas que hacen vida en la sede de la avenida El Milagro, terminen por migrar a otros espacios. Ya la escuela de danza fijó sus actividades en el CAM desde el pasado lunes 28 de mayo.

Solo cinco años de uso

En octubre de 2013, luego de una década de deterioro, la sede de la Secretaría de Cultura reabrió sus puertas para recibir a los más de seis mil alumnos que para ese momento integraban las distintas escuelas de arte que allí funcionan, como el Conservatorio de Música José Luis Paz, la Escuela Superior de Arte Neptalí Rincón, la Escuela de Danzas Típicas Maracaibo, la Escuela de Ballet, la Escuela de Teatro Inés Laredo y la Escuela de Títeres Garabato.

La sede fue bautizada como el Palacio de las Artes y catalogado como “el primer edificio moderno de Maracaibo, construido en 1956 y ubicado en la calle 1 de la capital zuliana, en la avenida El Milagro y muy cerca del Lago”, tal como expresó el para entonces gobernador Francisco Arias Cárdenas. En las obras de recuperación se invirtieron 1,6 millones de bolívares.

Las paredes fueron remozadas, pisos y techos recuperados y se rescataron algunos instrumentos que permanecieron bajo el sol y la lluvia durante años. En este edificio estuvo la Facultad de Humanidades de la Universidad del Zulia, el Centro Vocacional Octavio Hernández y la Casa Zuliana de la Cultura, hasta llegar a ser la sede de la Secretaría, cuya primera representante fue la artista Lía Bermúdez.

Instrumentos en riesgo

Tal como sucede en la Biblioteca Pública del Estado María Calcaño, donde el patrimonio documental está en peligro de sucumbir ante el calor y la humedad, en la sede de la Secretaría de Cultura instrumentos musicales y materiales artísticos se mantiene a merced de los factores ambientales.

Según los expertos, los instrumentos musicales requieren un estricto control de humedad en el ambiente en que se encuentran. Es esencial para la preservación de todas las cámaras, cajas de resonancia y correderas de registro, porque el aire seco toma vitalidad y humedad de los materiales, y afecta la calidad de sonido.

Los pianos y muchos instrumentos de cuerdas, de punteo y de viento, están hechos de maderas preciosas, que poseen determinadas propiedades sonoras particularmente buenas y son higroscópicas: se contraen cuando se seca y cuando absorben agua, se expanden.

Por lo tanto, los instrumentos más valiosos se producen en climas con temperatura y humedad controlada, así que la humedad ambiente a la cual se expone luego el instrumento influye sobre la vida útil y aptitud para la ejecución del sonido. “Los metales” también sufren. La humedad corroe la superficie y crea óxido que termina rápidamente con platillos, trompetas, clarinetes y todas las piezas metálicas que componen los instrumentos de una orquesta.

Habrá que esperar para saber cuál será el destino de las expresiones artiscas zulianas. Al parecer y por los momentos, resulta más viable reubicar a las escuelas de arte en otros lugares que invertir en la recuperación de una sede que tiene a penas cinco años de uso desde su reinauguración.

 

Redacción y fotografías: Reyna Carreño Miranda

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