Ronald Rodríguez Vargas: “Maracaibo es una ciudad de palabra ligera”

Controversial es un adjetivo que bien podría acompañar el nombre de Ronald Rodríguez Vargas. Quien lo conoce o ha escuchado hablar de él sabe que su nombre se relaciona no solo con el mundo de la comunicación, los eventos y el protocolo, sino con el debate político y el chisme de portón.

A pesar de su larga trayectoria en el universo de los medios, la comunicación y las relaciones públicas e institucionales, Ronald no es Comunicador Social sino abogado, un jurista que jamás ejerció su carrera.

“Soy egresado de la Universidad del Zulia en Derecho, pero toda mi época de formación académica como abogado la pasé trabajando en procesos comunicacionales”.

Nunca practicó como abogado. “Cuando el rector Ángel Lombardi me entregó el título, yo estaba plenamente convencido de que no iba a ejercer. Siempre bromeo al decir que yo conocía donde quedaban los tribunales de la ciudad por la lista protocolar que manejaba semanalmente, pero no por experiencia profesional”.

En la comunicación debuté a los 17 años con los Juegos Interclubes Sociales de Maracaibo en el Club Alianza. Me llamó la atención que los medios impresos no lo tomaban en cuentan y se lo comenté a los periodistas. Ellos me contestaron ‘¿Cómo lo reseñamos sino tenemos la información?’ Entonces me dedique a recabar esa información y hacérselas llegar”.

Recuerda con picardía que era la época de la máquina de escribir, no había celulares ni fax, y la información había que escribirla y llevarla a los periódicos. “El manejo de prensa no existía”.

Más tarde, como socio del club Bella Vista se involucró con las actividades para darles difusión. “La primera vez que se hizo una exhibición de nado sincronizado en Venezuela, no como competencia sino como show, fue en el club y los medios lo reseñaron a través de mí. El primer triatlón de Maracaibo también fue allá”.

La experiencia le abrió las puertas del Colegio Universitario Doctor Rafael Belloso Chacín (Cunibe) para organizar eventos y graduaciones. “De allí pasé a la Universidad Doctor Rafael Belloso Chacín (Urbe), desde que era una idea, un proyecto en papel, y ahí estuve 20 y pico de años, hasta que cerré el ciclo.

No me arrepiento de nada. En Urbe manejé desde la época fundacional todo lo referente a comunicaciones, después se presentó el reto de la emisora y el canal, que allí quedaron cuando me fui en 2002, y me dediqué a lo que yo sabía hacer, generar contenido y escribir que siempre me ha gustado”.

Palabras ligeras

Con respecto a la salida de Ronald de los espacios y la nómina de la Urbe, se tejieron diversos comentarios en detrimento de la imagen de quien era el Director de Comunicaciones de la universidad, el canal de televisión y la emisora de radio. Se habló de un desfalco opulento, de unos 600 millones de bolívares, y responsabilizaron a Rodríguez.

“Se dijeron cosas. Maracaibo es una ciudad de palabra ligera, donde todo el mundo habla, dice, comenta y todo el mundo se siente fuente autorizada. En esta ciudad hemos visto vampiros, ovnis, fantasmas en la Casa de Morales, aquí se dice y se cree cualquier cosa”, manifiesta.

Ronald, quien es sobrino político de Oscar Belloso, comenta que la verdad es que su retiro de Urbe representó “el fin de un ciclo y la llegada de una nueva generación a la conducción de la Urbe. Mi salida no fue única, todo lo que fue el círculo original cercano al rector Oscar Belloso fue saliendo uno a uno después de mí y en brevísimo tiempo. No quedó nadie de lo que era el núcleo fundador que pasó del Cunibe a la Urbe”.

Para Ronald las palabras se las lleva el viento. “Y yo dejé que se las llevara porque tengo la conciencia tranquila. Si mucho, poco o algo de lo que se dijo en esa época fuera verdad yo no estaría aquí ni ellos estarían donde están”.

– ¿Por qué crees que surgió ese comentario?

– Los hijos crecen y la Urbe no deja de ser una empresa familiar. Cuando los hijos crecen y van asumiendo posiciones de poder, sus entornos son sus entornos y van ocupando espacios.

La Urbe fue una parte de mi vida, pero ya no es protagonista, le aporté toda mi experiencia, dedicación y esfuerzo. Fue toda una escuela para mí y lo bueno o malo que aprendí me lo enseñó la Urbe.

Hay hechos concretos que están ahí y demuestran que solo fueron habladurías. Por ejemplo, cuando le entregaron al rector Belloso el Doctorado Honoris Causa recibí mi invitación para que lo acompañara a la celebración, igual pasó cuando se realizó la presentación de la biografía de Oscar Belloso.

Urbe es mi pasado, un pasado que aprecio, pero hasta ahí. Cuando salí pasé la página. Ese año era el mundial de fútbol Corea Japón y cuando me preguntaron qué vas a hacer, dije “vacilarme el mundial”.

– ¿Ahora, qué estás haciendo?

– Estoy haciendo lo que quiero hacer. Viviendo, leyendo, viendo cine y televisión, escribiendo a mi ritmo, aportando desde lo conceptual a mejorar la actitud y aptitud de los perfiles profesionales, políticos, culturales de diversos personajes.

La felicidad y la satisfacción son una utopía y cuando se consiguen dejan de serlo, por eso digo que estoy practicando esa utopía. Sobrevivo a punta de un nombre, experiencia, capacidades, habilidades y destrezas.

También me dedico a asesorar a figuras políticas. Hay gente que quiere ascender y ocupar posiciones, existen algunos proyectos interesantes y la forma de apoyarlos es orientarlos en qué deben hacer, dónde y cuándo, para preparar la generación de relevo que la vamos a ver muy pronto debutando.

Esta situación política, social y económica borró el liderazgo, policial, eclesiástico, empresarial, comercial, industrial y político de esta ciudad. Una nueva generación debe tomar el testigo, porque Maracaibo tiene que recuperar su voz.

– ¿Pensaste en estudiar Comunicación Social?

No, bueno lo pensé en alguna oportunidad y lo tenía a pata e’ mingo, pero me cuidé mucho de los comentarios y mi pregrado y mis dos maestrías las hice en LUZ, porque como en esta ciudad se habla tanto, no quise que dijeran que ese título era obsequioso. La verdad, mí tiempo útil de estudiar en la universidad estaba saturado de responsabilidades, entonces me quedé tranquilo y de alguna manera sentí que no había el reclamo.

Además, nunca entré a competir en el espacio de los comunicadores. Cuando era jefe les daba las líneas de interés, los objetivos comunicacionales, pero ellos tenían que desarrollar e implementar los programas. Siempre digo que yo no hago entrevista, yo tengo conversaciones. Estoy muy claro en mi rol y mis limitaciones, zapatero a sus zapatos.

– ¿Cómo te gustaría ser recordado?

– Me gustaría que me recordara como alguien que luchó por hacer lo mejor posible. El sueño de tener una ciudad moderna y consolidada, es un deseo viejo, por eso yo busco la manera de aportar para tener una mejor ciudad. Hay que predicar con el ejemplo.

Mi trabajo me ha permitido conocer a personas e instituciones, por dentro y por fuera, desde que eran cero hasta llegar a ser lo que son, también he visto caer corporaciones y familias. He vivido y no me arrepiento de nada.

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Cortesía

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