Remesas familiares: Una tabla de salvación ante el tsunami inflacionario

“El mercado puede permanecer irracional más tiempo del que usted puede permanecer solvente“.

Esta lapidaria frase de John Maynard Keynes, uno de los economistas más influyentes del siglo XX, se ha transformado en el epitafio del presupuesto familiar de millones de hogares venezolanos que contemplan atónitos el ascenso indetenible del dólar no oficial.

El pasado viernes 4 de agosto el llamado paralelo alcanzó los 18 mil 892 bolívares y esta semana amenaza con seguir su escalada impulsada por la incertidumbre generalizada en el país.

La volatilidad de la moneda estadounidense ha creado una realidad bipolar en la economía venezolana, partiendo al país entre quienes solo cuentan con ingresos en bolívares, que pierden su valor rápidamente, y quienes perciben algún tipo de suplemento en moneda dura que les permite mantenerse por encima de la ola inflacionaria (estimada 1.823 por ciento anual, según cifras de la universidad Johns Hopkins).

En medio de este escenario de creciente distorsión cambiaria, las remesas familiares que llegan por los “caminos verdes” juegan un papel vital para aquellas familias que cuentan con la suerte de recibirlas, pero ¿cómo opera este salvavidas financiero en un país con un férreo control de divisas y crecientes restricciones aduaneras?

Hijo pródigo al rescate

Hace seis años Manuel Pereira (de 36 años) y su esposa Carla (de 32) emigraron a Canadá. Cansados de la falta de oportunidades y de no poder subsistir sin el respaldo económico de sus familias, se fueron en busca de un mejor futuro y ahora son ellos quienes mantienen a flote a sus padres y suegros en Maracaibo.

“No ha sido algo único y constante lo que nosotros hemos hecho para ayudar a la familia que está allá” aclara el técnico superior en informática, al puntualizar que en un comienzo la ayuda constaba de cajas de alimentos que enviaban directamente con familiares y amigos que viajaban a visitarlos, pero a medida que salir de Venezuela se hacía más costoso y los viajes mermaban, la gente ya no estaba tan dispuesta a ceder espacio en sus maletas para encargos de terceros.

Pereira explica que las restricciones aduanales y costos de los fletes han vuelto poco práctico enviar los productos directamente, mientras que la opción de hacer llegar los dólares tampoco era viable ya que enviar remesas convertidas a tasa oficial por los canales regulares, no era ventajoso al reportar mucho menos dinero que la tasa no oficial.

La solución llegó por una tercera vía. “Descubrí que un amigo en Maracaibo estaba trabajando con la venta de alimentos al mayor que provienen de Colombia, así que le transferí 100 dólares a una cuenta en Estados Unidos y él se encargó de ir buscando los alimentos y despacharlos directamente a la familia”. El único bemol, cuenta Pereira, está en que a distancia y con la inestabilidad de precios, es difícil saber si realmente a su familia le está llegando la mayor cantidad de productos por el dinero que envía.

“Es un acto de fe” concluye Manuel al puntualizar que hasta ahora se siente conforme con que los productos entregados superen lo que él hubiese podido enviar directamente con el mismo monto, aunque admite que le gustaría obtener un mayor rendimiento.

Distantes pero no ausentes

Lola y Vicente Zabaleta son dos hermanos de una familia de seis, que llevan más de 40 y 6 años respectivamente radicados en el centro y este de los Estados Unidos, pero a pesar de la distancia física, mantienen un nexo muy estrecho con sus hermanos y sobrinos que aún siguen en Maracaibo.

Cuando la situación económica en Venezuela comenzó a deteriorarse más aceleradamente, los hermanos no dudaron en idear un plan para asistir a la familia. Al igual que los Pereira, al principio optaron por enviar alimentos comprados al mayor en EEUU, pero la logística no tardó en complicarse con incrementos de costos y hasta extravío de productos.

“Al sacar las cuentas era más rentable enviarles el dinero, pero nadie (de la familia en Venezuela) tenía una cuenta en dólares, así que optamos por transferir a un amigo que necesitaba las divisas y al cambio vigente en el mercado paralelo les ponía los bolívares en una cuenta bancaria nacional” explicó el hermano de 60 años.

Para evitar complicaciones con efectivo y lograr mayor descuento, la familia Zabaleta ubicó proveedores que vendieran al mayor y recibieran pago por transferencia. El resultado fue un ahorro de al menos mil bolívares por producto, en comparación con los precios al detal en comercios de víveres.

“Con 300 dólares que enviamos más o menos cada mes y medio, alcanza para abastecer a seis familias con pollo, arroz, harina de maíz, azúcar, huevos y aceite, que complementan lo que cada casa (grupo familiar) compra por sus propios medios” explicó Lola (de 73), la mayor de los hermanos.

Aunque Vicente está consciente de que en envío de remesas “no es una solución definitiva” asegura que le brinda algo de tranquilidad a la familia “mientras las cosas mejoran o terminan todos de salir de Venezuela”.

No basta con tener seguro

Esta modalidad de bienes y servicios recibidos en el país pero tranzados en el exterior no es exclusivo del tema alimentario, también aplica al campo de la salud.

Hace un año, Mariana de Rivera, un ama de casa de 75 años perteneciente a una familia de clase media de la zona norte de Maracaibo, fue diagnosticada con un severo desgaste en la rodilla derecha. El dolor era tan fuerte que limitaba por completo su movilidad así que los especialistas recomendaron ponerle una prótesis, pero en el país no la había.

La situación se complicó aún más cuando los Rivera descubrieron que el seguro médico que venían cancelando desde hace más de 20 años no cubría la totalidad de los costos, por lo que había que cancelar parte de los honorarios e insumos de forma independiente.

Afortunadamente Libia, la hija menor de Mariana tenía tres años radicada en Miami y contaba con un ingreso estable que le permitía dar la cara por los gastos de la cirugía.

“Habían algunas cosas que se tenían que comprar en esa oportunidad; se transfirieron dólares y con eso se pagaron los honorarios del médico más los insumos de la cirugía” confesó Libia, agregando que “quienes no cuentan con este tipo de ayuda desde afuera, simplemente se mueren porque el bolívar ya no les alcanza para nada”.

 

Redacción y Fotografía: Luis Ricardo Pérez P.

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