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Los “tuneles” de Grano de Oro: Catacumbas de la insurgencia universitaria

Para la mayoría de los estudiantes y marabinos en general, la existencia de “túneles” bajo el campus de La Universidad del Zulia (LUZ), es un colorido mito que aflora durante recorridos internos por la ciudad universitaria, pero para líderes estudiantiles, grupos radicales y delincuentes que han operado en estos predios durante los últimos 45 años, es una realidad tangible que ha servido para refugiarse y escapar de la represión y la policía.

¿Dónde están?, ¿quién y cuándo los hicieron? y ¿para qué servían? Son interrogantes que solo podemos contestar remontándonos a los tiempos del antiguo aeródromo, cuyo nombre bautizó a toda la zona.

Tragedia y transición

Diseñado por el arquitecto Léon Jerome Höet y construido por los ingenieros Luis y Alejandro Chataing, Luis Malaussena y Carlos Raúl Villanueva, durante el gobierno del Presidente del Zulia, Vicencio Pérez Soto, el aeropuerto de Grano de Oro fue una obra que desplazó a la terminal de hidroaviones de la Plaza del Buen Maestro como puerta de entrada a la ciudad.

Inauguradas en diciembre de 1929, las instalaciones situadas sobre un terreno de más de 600 hectáreas de lo que solía ser la periferia oeste de Maracaibo, contaban con cuatro pistas de aterrizaje (una de ella inconclusa) y una moderna edificación de estilo Art Deco, que albergaba a las aerolíneas Viasa, Avensa, Aeropostal, Panam, KLM, Ransa y Avianca.

Tras la tragedia del vuelo 742 de Viasa que cobró la vida de 155 personas el 16 de marzo de 1969, el aeródromo fue clausurado en noviembre de ese mismo año y la mayor parte de sus espacios fueron transferidos al proyecto de la ciudad universitaria de LUZ.

A partir de 1970 el edificio de la terminal aérea pasó a ser la Facultad Experimental de Ciencias, mientras que las facultades de Humanidades, Ciencias Políticas, Ciencias Sociales y Económicas, Veterinaria y Agronomía fueron edificadas sobre una franja de terreno que se proyectaba hacia el norte, la cual estaba destinada a la construcción de la cuarta y más larga pista del aeropuerto.

La primera pista, conocida por los pilotos como la 30-12 quedó en su mayor parte sepultada por la construcción del Polideportivo, mientras que la pista 22R-04L (de donde partió el DC-9 que se precipitó sobre la urbanización la Trinidad), es lo que ahora se conoce como Paseo Urdaneta. Esta se extendía desde el abandonado parque de atracciones Mega Park, continuando por toda la vía principal de la ciudad universitaria y terminaba en lo que ahora es la curva que gira a la izquierda en las inmediaciones de la salida de Ziruma.

La pista pequeña que corría paralelamente a la 22R-04L, llamada “vía de taxi” o 22L, que se usaba para que los aviones se aproximaran al área de desembarque, nacía junto al hangar del ahora Expozulia y se extendía hasta lo que viene siendo la entrada de la avenida Universidad.

Un legado oculto

Los llamados túneles son en realidad la parte subterránea de un sistema de drenaje conformado por colectores de hormigón que asemejan a pequeñas cañadas embauladas, dispuestos paralelamente a unos 300 metros de cada lado de la pista 22R-04L.

La mayor parte de estas estructuras diseñadas para evitar que la vía de aterrizaje y despegue se inundara en tiempos de lluvia, se encuentra desde hace años oculta a cielo abierto, entre la espesura vegetal que prolifera en las áreas no pavimentadas de la descomunal parcela.

Aunque hay tramos cortos (de unos 30 metros) que pasan por debajo de la carretera que transita entre la ciudad universitaria y el Polideportivo, la única parte que realmente encaja en la descripción de túnel, por su extensión de casi medio kilómetro, es la cabecera del colector ubicado a la izquierda de la antigua pista.

Para llegar a la boca del túnel hay que ingresar por la entrada del Maczul y seguir hasta toparse con el cartel blanco y azul que esta la vía principal de la ciudad universitaria. Al seguir en línea recta por el área enmontada de casi metro y medio de altura, se llega a la cuneta de cemento.

Siguiendo el drenaje en sentido hacia Ziruma el embaulamiento culmina en una enorme estructura de hormigón vaciado que recuerda a un búnker de la segunda guerra mundial. Aunque la construcción tiene casi 90 años, el concreto luce intacto.

Ésta formación de embudo angulado tiene una apertura de 2 x 2 mts por la cual cabría sin problemas un vehículo pequeño como un Ford fiesta.

Nolberto, un funcionario adscrito a la Dirección de Seguridad Interna (DSI) de la universidad desde hace más de 12 años, cuenta que él sus compañeros del patrullaje de LUZ, con frecuencia solían recorrer en sus motos el túnel que se extiende hasta los terrenos del fallido proyecto Ciudad Colorama, pero en años recientes el trayecto quedó parcialmente obstruido cuando una parte del techo se desplomó a unos 200 metros de la entrada.

Santuario de irreverentes

El gendarme universitario cuenta que hoy día la ciudad universitaria es un pueblo fantasma, ya no hay estudiantes y las plantas se han apoderado hasta de los estacionamientos que solían estar repletos de carros.

“Las bocas de los túneles que pasan por debajo de la avenida 22 solían estar despejadas. Los propios estudiantes las mantenían limpias de maleza para entrar por ahí o escapar de la policía y los militares cuando protestaban, pero también las usaban los ladrones y asaltantes”, relata Nolberto, al explicar que “a LUZ ya no va ni el hampa” por lo que ahora esos pasos subterráneos están tapiados de vegetación.

En los años 80’s y 90’s los movimientos estudiantiles y grupos radicales como Bandera Roja y Movimiento 20 usaban con frecuencia los túneles de Grano de Oro para ocultarse de los allanamientos que la fuerza pública a la casa de estudios superiores.

El coronel retirado, Matín Montero, jefe de operaciones de DSI, asegura que incluso en las protestas del año pasado muchos de los jóvenes que participaron en las protestas antigubernamentales terminaban buscando refugio entrando y saliendo de LUZ por esas rutas.

Estos pasajes subterráneos que nacieron como estructuras de servicio en un aeropuerto que vio despegar el conocimiento universal, ahora perduran como un símbolo de esperanza y resistencia para los inconformes que acuden a ellos en tiempos de oscuridad, confiando siempre con encontrar LUZ al final del túnel.

 

 

Redacción y fotografías: Luis R. Pérez P.

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