La empresa que creció con las redes sociales y los smartphones

Cuando Julissa Moreno, diseñadora gráfica, empezó a trabajar por cuenta propia, se debió a un motivo poco menos que alentador: un embarazo de alto riesgo. Con el reposo médico llegó el aburrimiento; y con el aburrimiento, la oportunidad. Era el año 2009.

“Me quedé en casa, súper aburrida, y la esposa de mi cuñado me enseñó a hacer lacitos. La vi haciéndolos, me llamó la atención y le dije que me enseñara. Cuando aprendí, empezamos las dos a comprar material y a hacer modelos propios. Los ofrecimos a la venta y la gente los empezó a pedir y creció”.

Cadenas de Blackberry, Facebook, Twitter, cadenas de WhatsApp, Instagram. Todo medio de difusión fue un aliado. En ellos nació la marca: Qchi’s. “Y ya no sólo confeccionaba piezas para niñas, sino para adultos y hasta para mascotas”.

La curiosidad de Julissa por crear nuevos e innovadores modelos la empujó a hacer cuanto curso estuvo a su alcance para perfeccionar la técnica. Y aprendió a hacer tutús y accesorios para disfraces.

Evolución

Las redes sociales y los teléfonos —unos más inteligentes que otros— fueron testigos de la evolución de Julissa y su marca, que ya se dedica a la tarjetería y todo tipo de accesorios para cumpleaños.

“Ahora también hago las tarjetas en digital, estáticas y animadas. Ya la tarjeta impresa se utiliza menos, porque la digital se envía por correo, por cadena de WhatsApp o se sube a las redes sociales. Y eso es puro diseño”.

Hace apenas cuatro meses incursionó Qchi’s en este mercado. “El cliente busca cosas nuevas y el costo de la papelería y las cintas se ha encarecido mucho, y para no perder el motivo de las fiestas de los niños, mandan hacer estos diseños digitales aprovechando la gran penetración de la tecnología”.

Una tarjeta digital, la más simple, tiene un precio de 15 mil bolívares. Se cobra el modelo, y si a primera vista luce costosa, sólo basta compararla en gasto de insumos y alcance con las impresas.

“Hace poco hice 25 invitaciones impresas para un bautizo, que llevan cintas y otros accesorios, y dos tipos de cartulina. En total el costo fue de 85 mil bolívares. En digital se abaratan los costos, y si partimos de que casi todo el mundo tiene un teléfono, casi todo el mundo puede recibir la tarjeta”.

Julissa regresó a su oficina al término del embarazo. Pero no abandonó su marca, continuó trabajando por su cuenta. Le es de gran ayuda. La tecnología, la redes, todo se lo hace más sencillo. Y, además, es rentable.

“La gente todavía celebra, es un negocio a flote”.

Redacción: José Flores
Foto: Cortesía Qchi’s Creaciones