Jardines verticales, un negocio que “germina” en Maracaibo, con dividendos ambientales

Cumplir con las variables urbanas para tener una ciudad más verde y al mismo tiempo aprovechar al máximo una parcela para rentabilizar un proyecto de construcción no es una utopía. Los jardines verticales son una tendencia ornamental de creciente popularidad en el mundo y la ciudad, que literalmente  permiten “sembrar de vida” las paredes externas o internas de una estructura, a la vez que brindan un aislamiento térmico que mejora la eficiencia de los aires acondicionados. 

Gustavo Abudei, copropietario de Mega Viveros Tampico, especializado desde hace ocho años en esta modalidad de jardines, explica que gracias a una combinación de botánica, tecnología y arquitectura es posible “embosquecer” las paredes de un edificio, casa u oficina para crear ambientes más disfrutables con considerables beneficios en ahorro de energía y agua.

¿Cómo funcionan?

“Hay muchas maneras de hacer jardines verticales. Nosotros inventamos un panel de 63 x 63 cm que alberga 12 plantas, que nos permite de una manera muy práctica sembrar y colgar los paneles en su sitio”, cuenta este empresario con alma de botánico, al describir el sistema modular desarrollado por su compañía.

Abudei detalla que el componente estructural del jardín es un marco de aluminio que sirve de base a una felpa 100% acrílica (no biodegradable), que conforma los bolsillos que hacen de “masetas” en la parte frontal. Cada compartimiento es capaz de contener hasta medio kilo de un sustrato enriquecido que nutrirá a la planta. En la parte posterior el marco lleva una loneta impermeable que mantiene la humedad lejos de la pared para evitar la proliferación de moho y hongos.

La otra parte del sistema es una red de mangueras con boquillas de goteo, que distribuyen el agua y nutrientes en cada planta, gracias a un inyector de fertilizante y un controlador de irrigación, que maneja de forma automática la hidratación en horas e intervalos de tiempo programados, conforme a las necesidades de cada especie, el lugar donde esté ubicado y la cantidad de luz natural o artificial que reciba.

“Cada jardín se trata de forma diferente en cuanto a su nutrición y su agua, ya que hay variedades para sombra, sombra absoluta y de sombra con buena iluminación”, acota “El Wawa” –como le llaman sus amigos-, al recalcar que incluso la iluminación natural que recibe un jardín vertical cambia durante el año, según el posicionamiento cardinal. “Particularmente los que miran hacia el norte y hacia el sur, les cambia el reflejo del sol y eso modifica la cantidad de agua que van a necesitar, por eso en octubre / septiembre tenemos que quitarle agua a los jardines que miran al norte y ponerle más a los que miran al sur”.

En términos del mantenimiento, Gustavo aclara que por tratarse de seres vivos, siempre hay que tener un cierto cuidado, pero en términos de la poda, existen dos tendencias: Los clientes que quieren un jardín compacto y ordenado y los que optan por un aspecto más silvestre y dejan que las plantas se vayan desarrollando libremente.

Aunque al momento de la instalación Vivero Tampico acostumbra a hacer una fumigación inicial para evitar cualquier ataque de plagas, Abudei explica que el sistema vertical, por ser aéreo, es menos propenso a los parásitos que suelen proliferar en masetas y jardines tradicionales.

Beneficios adicionales

Cuando el consumo de agua es un factor, el jardín vertical tiene la ventaja de ser altamente eficiente en el manejo de este recurso, ya que solo se administra la cantidad exacta que necesita la planta.

“El mayor impacto del jardín vertical después de lo ornamental es el aislamiento térmico que ofrece a la construcción. Nosotros promovimos mucho este sistema por su bajo consumo de agua y por su aislamiento térmico en las islas de las Antillas, y tuvimos un éxito relativamente interesante porque no tenemos un representante fijo allá para poder seguir impulsando, pero las 10 personas a quienes se les instalaron, querían protección del sol de la tarde que tanto los afectaba y quedaron sumamente contentos con los resultados”, cuenta Abudei.

Desde el punto de vista urbanístico los sistemas verticales permiten cumplir con las exigencias de áreas verdes que hace el municipio a las construcciones comerciales y habitacionales, sin restarle espacio horizontal a las parcelas. Esto ya se ha puesto en práctica en algunos emprendimientos de la ciudad como en la Whiskería en la calle 72, el hotel Boutique Oceanía en Dr. Portillo y es parte crucial del proyecto de Maximall que aspira a construir el jardín vertical más grande del país en el terreno que solía ocupar tiendas Gina en 5 de Julio.

“El jardín vertical es una forma eficiente e inteligente de cumplir con esas áreas verdes exigidas en las ordenanzas municipales, de manera que haya un aporte en los espacios de las construcciones nuevas” asegura Gustavo.

¿Cuánto cuesta?

En términos de inversión la mayor carga económica está concentrada en el controlador de riego y el inyector de fertilizante, los cuales son importados, aunque de todo el sistema, solo las mangueras y el aluminio son de fabricación nacional, lo cual hace que el precio final esté atado a fluctuaciones cambiarias.

“Si vas a hacer un jardín vertical de un solo panel, ya tienes de arranque 100 dólares por el pecho, por el controlador de riego, los goteros y el inyector de fertilizante. Después de ahí tienes que agregarle las plantas y la mano de obra”, explica Abudei, aclarando que el costo inicial se diluye a medida que aumenta la escala. Es decir que en un jardín de 80 paneles, el metro cuadrado puede terminar rondando el millón 500 mil bolívares ($28,8 a tasa no oficial).

Dependiendo de las especies seleccionadas, una forma de abaratar costos hasta en un 40%, es sembrar plantas en retoño, las cuales al cabo de unos meses van creciendo y poblando el sistema.

Por amor a las plantas

“El Wawa” cuenta que su romance con las plantas, aunque es un affair de toda la vida, se transformó en negocio cuando su familia compró un terreno en Palito Blanco, que terminó convirtiéndose en la primera sede del Vivero Tampico, bautizado así por ser la ciudad donde su padre (Don Jorge Abudei) nació en México.

“Yo soy una persona a quien toda la vida le han gustado las plantas. Un día mi madre dijo ‘necesitamos sombra aquí’ y yo le dije ‘yo la busco y te lo siembro’. Así vi crecer mi árbol y hasta lo vi cortar en estos días cuando limpiaron el terreno de la casa de mis padres”, cuenta Gustavo con la emoción de un niño todavía en los ojos.

Ese mismo amor por el verde lo llevó a recolectar semillas en los jardines botánicos de las ciudades que visitó durante sus viajes, hasta conformar una colección de 300 variedades de palma que hoy ofrecen en sus viveros. “En la sede de palito blanco armé un jardín bellísimo y un día cuando cerraron el negocio de la familia (Fin de Siglo) dije ‘me voy a poner a vender palma’ y de ahí me puse a vender y propagar plantas y ahora aquí estoy, metido de lleno en esto desde 2004”, cuenta este carismático emprendedor marabino.

Frutos inesperados

Gustavo Afirma que la nueva sede de Mega Vivero Tampico, fue una idea que germinó en el lugar y momento oportuno.

“Un día me agarraron en un café y me dijeron ‘vamos a hacer un vivero’ y les contesté ‘donde ustedes digan le echamos pichón’. De ahí nos fuimos a la oficina del arquitecto y me asusté un poco porque sus planteamientos eran faraónicos. Pensé que aquello no iba a ser cualquier cosa y sabía que iba a tener que invertir bastante para lograrlo, pero no le tuve miedo y le echamos bolas. Somos cuatro socios, yo tengo el 25%. Soy el operador del vivero, el jardinero, el matólogo, el plantólogo y aquí estamos”, concluye El Wawa, al resumir con su estilo muy particular, la génesis de un proyecto que hoy gana popularidad como vivero y café al aire libre.

 

Para mas información puede iengresar a:

Instagram: @megaviverotampico

 

Redacción y fotografía: Luis Ricardo Pérez P.

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