Inversionistas colombianos apuestan por víveres e inmuebles en el Zulia

Son más de 600 kilómetros de oportunidades los que conectan al estado Zulia con Colombia. Históricamente ha sido así, más allá del andamiaje cultural que se instala en una Guajira que comparte el linaje wayuu, con el contrabando de alimentos y combustible, como tarjeta de presentación. El intercambio comercial solía ser abundante, floreciente.

En la actualidad, el escenario no es el mejor. La palabra “contracción” se exhibe como una dolorosa muletilla en los libros de cuentas que manejan y llevan contadores de ambas naciones en finas letras rojas. La Cámara de Integración Económica Venezolano Colombiana (Cavecol) estimó, durante los primeros cinco meses de 2017 -cifras difundidas más actualizadas-, un desplome del 53 por ciento en comparación con el mismo periodo de 2016.

Lo que sí queda claro, y es un dato que permite comparar las dos vitrinas, es que es más lo que se exporta que lo que se importa.

Venezuela, con el Zulia como una especie de cordón umbilical, sacó al vecino país productos por el orden de los 59 millones de dólares, seis más que lo exportado en dinero durante el mismo período, pero del año pasado. Abonos, aluminio y materias plásticas y sus manufacturas, destacan entre los pedidos.

Del lado venezolano, de acuerdos con datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística Colombiano (Dane), lo que más se importó fueron azúcares, artículos de confitería, aparatos y material eléctrico, de grabación o imagen y materias plásticas y manufacturas, con ingresos por el orden de los 129 millones de dólares, mucho menos que los 308 millones del año pasado en los mismos cinco meses.

Sin embargo, el Zulia suele ser un imán para inversionistas colombianos. Un imán que representa oportunidades. José Lizardo, empresario colombo venezolano, conocedor de la dinámica empresarial y comercial, asegura que el campo que más llegó a cautivar a los empresarios del vecino país guarda relación con el negocio petrolero, lubricantes y plásticos. Pero esas áreas, hoy por hoy, tienen en los controles gubernamentales, un inmenso escudo.

“Ya no se ven allí las oportunidades”, asegura Lizardo, quien observa un movimiento importante en dos áreas vinculadas con la crisis que afecta a nuestro país. Los colombianos llegan en búsqueda de opciones para apostar en los negocios y el radio de acción se cierra como el ojo de una diminuta aguja.

No obstante, ese espacio se bifurca en dos sectores en los cuales se puede apostar. El de la alimentación es uno de ellos. “Parte importante de los pocos colombianos que vienen lo hacen para invertir en el negocio de víveres”, suelta el empresario binacional. Las inversiones se concentran en la compra de bodegas, abastos, tiendas, fruterías y mercados.

El sector de los alimentos es pujante y más en una nación que sufre por escasez de productos y que cuenta con el aval aduanero de la Gobernación para el ingreso de alimentos por Colombia. Esto, pese a las burocráticas alcabalas administrativas, comerciales y fronterizas que se alimentan de la corrupción. Aun así es negocio.

Compra de inmuebles

Para los colombianos se ha convertido en un negocio comprar propiedades en Venezuela. “El Zulia es buena plaza. El éxodo de personas aumenta la oferta”, detalla José Lizardo, quien explica que los neogranadinos no tienen controles en su país para acceder a divisas y esta ventaja más el valor superior del peso como moneda, lo convierte en algo rentable.

Comprar una casa o un apartamento es rentable por la depreciación de la moneda venezolana. Cinco mil dólares equivalen a 118 millones de bolívares o 14 millones de pesos. “Muchos vienen y consiguen buenas propiedades con precios de remate por la urgencia que tienen algunos por tener dólares para poder irse”, agrega.

El terreno de los negocios es áspero, pero quienes se las ingenian triunfan. Lo vital resulta tener musculatura económica.

Hace casi un año, el 30 de septiembre de 2016, Maracaibo fue escenario de un encuentro entre exportadores colombianos e importadores zulianos. Las cámaras de comercios de Colombia llegaron a Maracaibo a lo que se llamó rueda de negocios de la Cumbre Empresarial Fronteriza Colombo-Venezolana. Rafael Bula, presidente del Consejo Empresarial Bolivariano, puso en mesa la cifra de 40 millones de dólares como monto inicial para las inversiones.

Intercambio de bienes y servicios sería el eslabón. Desde el estado Zulia se ofertó el potencial petróleo y de derivados y en el maletín de supuestas inversiones colombianas destacó la promesa de instalación de varias estaciones de servicio en la frontera con inversión de capital privado.

Con las propuestas de las gasolineras, Colombia aliviaría la presión de enviar combustible a los poblados fronterizos y Venezuela ofertaría cerca de seis u ocho millones de galones de gasolina al mes, lo que se traduciría en divisas para la región. Los alcances de esa rueda de convenios y negocios tienen estampas paquidérmicas, por no decir, inertes, pese a la promesa de supervisión encomendada a Marilene Huerta, secretaria de Desarrollo Económico de la Gobernación.

 

Redacción: Raúl Semprún

Foto: Archivo

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