#HéroesAnónimos: María Virginia Obando, “soy el resultado de desafiar los miedos”

La vida de María Virginia es una inspiración, solo basta con saber que vive en un noveno piso y es capaz de subir “a pie” cuando no hay electricidad que mueva los ascensores. Pero más allá de su ímpetu y de las ganas de vivir que la acompañan, está su amor por compartir las bendiciones que le ha otorgado la vida.

Ella es abogada de profesión, pero encontró en la multiplicación de sus vivencias el verdadero propósito de vida: ser un instrumento de Dios para que los demás encuentren posibilidades de seguir adelante, ser felices, productivos y sonreír.

“No voy a decir quien soy, sino lo que soy”, sentencia e inclina un poco la cabeza para observar por encima de sus anteojos y medir la reacción. De inmediato mueve el torso hacia atrás y sonríe amplio, como los niños.

Ella nació con Ataxia de Friedreich una enfermedad, incurable, hereditaria y degenerativa del sistema nervioso, que afecta la médula espinal y los nervios que controlan los movimientos de los músculos de los brazos y las piernas. Los principales síntomas son dificultad para coordinar los movimientos y caminar, debilidad muscular, problemas para hablar, movimientos involuntarios de los ojos y escoliosis o curvatura de la columna vertebral hacia un lado, entre otros.

Aún cuando las estadísticas indican que después de 15 a 20 años de la aparición del primer síntoma, los enfermos suelen necesitar una silla de ruedas, María Virginia desafió, no solo todos los pronósticos, sino cada uno de sus miedos, para poder pararse frente a un auditorio y “desnudarse” espiritualmente.

“Tengo algo parecido a lo que padeció Stephen Hawking”, comenta y sonríe a sabiendas que la comparación es un reto. “Soy un producto de vida. Tengo 13 operaciones, de las cuales siete fueron traumatológicas. De niña caminaba como un pollito, era chueca, cojita, porque se me deformaron los pies. Hace solo siete años me fijaron el pie derecho, porque el izquierdo ya me lo habían operado hace más de 20 años”.

Sin embargo, María Virginia asegura que ha hecho lo que toda mujer. “No he tenido frenos, lo único que no hice fue tener hijos, porque hace más de 30 años decían que el gen de esta enfermedad lo transmite la madre, aunque eso aún está en investigación, porque no somos ‘comerciales’”. Sonríe de nuevo y su mirada se transforma en un destello de picardía y complicidad. “Vamos a hablar claro, verdad”, puntualiza para cerrar su comentario, que alude a que son tan pocos los casos que nadie se ocupa de ellos.

Desafiarse a sí misma

“Me gradué de abogado, ejercí, tuve los mismos miedos que tiene cualquier persona, por eso traigo mi ‘confesatorio’ Desafiando el Miedo. Hoy en día Venezuela está viviendo una etapa de crisis de miedo, porque no sabemos qué hacemos, dónde vamos ni a qué nos vamos a enfrentar, pero los miedos son parte del día a día, nunca se van, hay que enfrentarlos y eso es lo que quiero compartir, que la gente haga las preguntas que tenga que hacer, para yo poder transmitir algo para cada quien y que cada quien reconozca algo, se identifiquen y comprendan que primero estoy yo que el miedo”.

A sus 62 años, María Virginia, quien se desempeñó durante 35 años como asesora empresarial, asegura que dejó de ejercer hace cuatro años. “Después de mi última operación me tomé ‘un año sabático’”, comenta con humor para describir con cierto sarcasmo los 12 meses que ocupó su recuperación, seis de ellos totalmente incapacitada.

“Estaba en cama y eso me llevó a revolcar mis miserias, no porque me consideraba miserable, sino porque el miedo tiene muchas formas de manifestarse: rabia, resentimiento, envidia, baja autoestima, eso nos lleva a preguntarnos por qué yo, pero el ‘por qué’ me lo creo yo misma, no Dios, porque Dios nos hizo a todos sin límites, capaces de llegar donde queramos llegar”, relata.

Recuerda que durante esas largas jornadas de recuperación, pasaba ocho horas en rehabilitación, hacía pilates, le aplicaban sesiones de masajes “comía como un animal y después me iba a caminar”. Ese tren de vida le dio la capacidad de ver que en la ciudad hacía falta un lugar donde las personas que necesitan rehabilitación física pudieran tener acceso a un acompañamiento profesional.

“El Centro Terapéutico de Avanzada tiene tres años, acá puedo brindar ese acompañamiento desde mis vivencias, con el apoyo de profesionales en el área, porque yo no soy médico, lo que se lo aprendí por experiencia propia”, asegura.

Una vida “normal”

Con un sentido del humor particular, María Virginia cuenta que “no me siento diferente, quienes me ven diferentes son los demás. Sobre todo cuando me ven manejando mi carro o cuando llego a algún lugar y me ven caminando y observando todo para identificar dónde están los obstáculos que me puedan hacer tropezar y caer. Eso les da miedo”.

Sus palabras dan en el blanco. Al verla se siente el irresistible impulso de apoyarla, de desocuparle el camino, pero ella demuestra que moverse se le da de manera “natural”. “Hago de todo, natación, pilates, yoga, camino en La Vereda, porque esto no requiere de medicamentos, para mantener calidad de vida tengo que estar activa”.

María Virginia Obando nació en Maracaibo en 1956. De niña tuvo serios problemas para caminar, pero a pesar de los diagnósticos médicos consiguió el equilibrio para sentarse en la cama a los dos años y medio, y a los cuatro años logró caminar. Usó aparatos ortopédicos hasta los 10 años.

Un diagnóstico preliminar denominado Secuela de Parálisis Cerebral la condenó a un pronóstico reservado y poco alentador, que confinaban su vida a cientos de limitaciones motoras durante su desarrollo. Su primera operación fue a los 14 años en ambos pies, por presentar diagnóstico de pie equino.

A los 18 años enfrentó la trágica muerte de su padre, ese momento la marcó para siempre. A los 24 años, en la Ochsner Clinic, en New Orleans, estados Unidos, se le diagnosticó Ataxia de Friedreich y fue la primera paciente marabina en recibir una operación de córnea.

Hoy día, María Virginia camina con bastones canadienses y utiliza silla de ruedas solo para movilizarse dentro de su hogar por seguridad, vive de forma independiente y maneja su vehículo el cual está adaptado para conducir de forma manual.

Su inspiradora vida, su fuerza y motivación la llevaron por el camino de convertirse en coach de vida, conferencista motivacional, inspiradora, escritora y fundadora del Centro Terapéutico de Avanzada María Virginia Obando. “Tengo cinco años en esto y he dictado nueve conferencias, ya no me da miedo, lo que siento es un orgasmo espiritual. Quiero decirles: señores, el miedo lo creamos nosotros. Estoy dispuesta a desnudarme, a contar mis anécdotas, a reir, llorar y mover la fibra humana”.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografías: Cortesía

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