Euroinn, el salón de eventos convertido en “hotel de indigentes”

Entre mediados de los 90’s y principios de los años 2000, el inmenso salón de fiestas con nombre y fachada de hotel, era un recinto de glamour habitual en la ciudad. La dirección: Calle 74, entre avenidas 3Y y Bella Vista, figuraba repetidamente en invitaciones de elegantes bodas y recepciones de quinceañera, pero en el 2003 se acabó la champaña, llegó la desidia y en meses recientes se instaló un carnaval de miseria humana en el Euroinn.

Al caer la tarde comienza la velada que se extiende hasta el amanecer del día siguiente. No se requieren pases ni traje formal. A duras penas los asistentes van vestidos con lo único que tienen.

La hora loca

En la lista de invitados a interminables noches de tristeza y degradación, figuran familias completas de indigentes, huelepegas, transexuales, ladrones y drogadictos.

Manchas de ceniza en los pisos del interior y el estacionamiento del frente, indican el lugar donde se ubica el festín de rigor. El chef’n dish para la ocasión es una vieja lata de conserva que bulle sobre un tronco en llamas que mantiene caliente el menú habitual de yuca, hueso y lo que puedan rescatar del basurero o alguna feria de verduras cercana.

El amplio salón que antes lucía molduras de yeso, vitrinas de coralina con vidrio biselado y numerosas mesas engalanadas con manteles de satén, encaje y borlas, ahora es una estancia inmunda y desolada.

Pisos cubiertos de mugre, desechos humanos, basura y rastros de hollín brindan un aire post apocalíptico y lúgubre al lugar. La tarima por donde solían desfilar orquestas y animadores para amenizar la hora loca, hoy recuerda a los fatídicos cadalsos donde ejecutan a los condenados en películas de ambientación medieval.

Con la llegada del día los residentes de este hotel del infortunio se levantan a reanudar su faena diaria. Se bañan en la acera, a la vista de todos y parten a recorrer las calles, cuidar carros, pedir dinero y comida en la entrada de los supermercados y bancos, o en el peor de los casos, a robar y prostituirse.

Cambio de manos

William García, trabajador de la agencia Lagomar Fiestas, que colinda con el Euroinn cuenta que el lugar tiene cerca de 15 años abandonado por causas que no tiene muy claras.

Su versión no confirmada indica que el lugar perteneció a un empresario de origen mexicano que abandonó el país después de que su hijo fuera víctima de un secuestro, pero datos más confiables y menos espectaculares obtenidos por Tu Reporte indican que las causas fueron otras.

Antiguos clientes del depauperado salón de eventos revelaron que éste perteneció al empresario italiano Rosario Di Ottobre -también dueño del hotel Euro Suite Residence, ubicado en la misma calle 74, pero con avenida 9B y del hotel Jolie de la avenida Delicias- quien lo vendió a inversionistas de origen árabe procedentes de Caracas, interesados en hacer un desarrollo en la ciudad, pero tras el cambio de manos el lugar quedó desguarnecido y a merced de delincuentes y personas en situación de calle que lo usan como refugio.

Katy García, propietaria de la agencia de festejos Lagomar reiteró esta versión al indicar que en años recientes llegaron personas interesadas en comprar el antiguo salón de recepciones, pero tras dirigirse a Di Ottobre, este les habría indicado a los potenciales compradores que el espacio ya no era suyo.

Alguien haga algo

La empresaria también indicó que la presencia de indigentes y ladrones en el Euroinn ya tiene varios meses y se ha ido agravando con el tiempo.

“A ciencia cierta no sabemos cuál es el estatus de esa propiedad, lo que sí sabemos es que ya no se puede con esta situación aquí. Yo pago todos mis impuestos, municipales, retención, derecho de frente, estamos en Bella Vista, en medio de la ciudad no ningún barrio”, exclamó la indignada mujer, al denunciar que constantemente tiene que esparcir kerosene en el área que colinda con su negocio, en vista de la suciedad que dejan los ocupantes del local abandonado.

García explica que las moscas, la inseguridad y el espectáculo impúdico que se presenta día tras día está afectando su negocio por lo cual exhorta a las nuevas autoridades municipales y regionales a tomar acciones.

“Si derriban esas paredes se resolvería la situación ya que ellos usan eso como refugio y no van a estar ahí a pleno sol”

William García, hermano de Katy, apunta que hace algunas semanas vinieron unos funcionarios de la Misión Negra Hipólita a censar a los indigentes, pero hasta la fecha nada ha cambiado.

 

 

Redacción y fotografías: Luis Ricardo Pérez P.

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