El Hotel Arboleda: Un refugio de amoríos furtivos, “en las narices” de la Zona 3

Las cosas no siempre necesitan estar ocultas o lejos para pasar desapercibidas, a veces solo basta con que estén ubicadas en el lugar menos probable, para que la gente simplemente omita su existencia. Este es el caso del Hotel Arboleda, un hospedaje “por hora”, extrañamente ubicado en pleno corazón de la zona 3 de Maracaibo.

Los hoteles de paso o moteles siempre han sido entendidos como lugares de encuentros sexuales furtivos, donde la naturaleza de su uso –tradicionalmente reprobada por una moralidad conservadora- les ha impuesto una ubicación e infraestructura que contribuyen a proteger la identidad e intimidad de sus usuarios, pero siempre hay excepciones a la norma.

En Maracaibo las zonas predilectas para este tipo de negocios han sido históricamente las afueras de la ciudad o lugares que en algún tiempo fueron considerados la periferia, tal como la vía de Haticos, la vía hacia el Aeropuerto o inmediatamente después de pasar al extremo oriental del Puente, pero el hotel Arboleda desafía todos estos convencionalismos.

Está situado en la avenida 3-H, entre calles 75 y 74, justo en frente del lujoso centro comercial Plaza 75, el cual está repleto de establecimientos frecuentados por una clientela de estrato socioeconómico elevado, que lo último que esperaría ver frente a su café o peluquería favorita es un “nidito de amor” de bajo presupuesto.

Otro aspecto de este alojamiento que pudiera considerarse como un tanto “descarado”, es que no posee un estacionamiento oculto, donde los usuarios puedan entrar y salir sin que sus vehículos sean detectados. Los únicos puestos para vehículos están justo en frente a la fachada marrón del hotel, a la vista de todos.

La puerta de vidrio montada sobre un opaco marco de aluminio da paso a una estrecha antesala sin mobiliario, donde solo hay una taquilla que recuerda a las ventanillas de boletería de los antiguos cines de la ciudad, quizás como un presagio del espectáculo “no apto para menores de edad” que sus itinerantes inquilinos representan sobre el escenario privado en que se transforma cada habitación.

El único empleado de mantenimiento y administración es un joven de aspecto informal que recibe a los visitantes, vestido de franela, jeans y sandalias playeras. Con actitud servicial explica que la tarifa por una hora es de Bs.S 80 (o Bs.F 8 millones), dos horas por Bs.S 150 y el alojamiento -toda la noche- por Bs.S 450.

“El único requisito para hospedarse, a parte de cancelar la tarifa, es presentar la cédula y ser mayor de edad”, acota el muchacho antes de dirigirse hacia el ala derecha de la edificación, donde comienza un largo y estrecho pasillo flanqueado por cinco o seis puertas de cada lado, que se repiten con monotonía hasta el fondo.

Los cuartos de dos 2,5 x 2,5 metros tienen lo estrictamente necesario con sus pros y sus contras. La cama empotrada en el piso para que aguante el uso y abuso sin moverse, está rematada por una cabecera de semi-cuero negro acolchada, que de seguro viene bien para prevenir cabezazos durante la faena amorosa.

La amenidad principal es un espejo en el techo, enmarcado con molduras de yeso y un televisor pantalla plana para agregarle cierto entretenimiento al intermedio o el preámbulo. Sospechosas manchas en la lencería blanca y la alfombra rojo granate de la habitación, generan poca confianza, por lo que tal vez sea buena idea llevar su propio juego de sábanas. En el lado positivo, el aire acondicionado central es silencioso y eficiente y el baño luce bien aseado tanto en la cerámica como las piezas sanitarias.

Quizás el Hotel Arboleda no le quite mucho el sueño a los propietarios de la cadena Aladdín, o al Venus, pero sin duda cumple una función de manera conveniente y accesible para quienes el costo o distancia del traslado fuera de la ciudad sea un obstáculo para consumar sus pasiones.

 

 

Redacción y fotografía: Luis Ricardo Pérez P.

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