Crisis de las baterías ya no hace “ni chispas”, la Duncan se quedó sin inventario

Sobreprecio, regulación, colas, “bachaqueo”, escasez total y especulación a niveles de escándalo en el mercado negro. Este es el libreto de una película que los venezolanos ya han visto protagonizada por artículos de la cesta básica, útiles escolares, medicinas y hasta la cerveza; no importa cuán predecible sea, el desenlace siempre es infartante. Algunas versiones son tan aterradoras que hasta tienen una secuela como es el caso de las baterías para carros.

A mediados del 2015 la escasez de acumuladores para vehículos provocó largas colas a las afueras de empresas como Fulgor y Duncan en todas las ciudades del país. La venta regulada y las distorsiones asociadas hicieron que en aquel entonces y en tiempos recientes conductores tuvieran que pernoctar hasta tres días en sus vehículos para comprar este indispensable recurso a precio regulado, pero ahora la cosa es más grave.

Desde hace poco más de una semana las colas en la Duncan se acabaron. La razón es tan sencilla como terrible: “No hay baterías de ningún tipo” dicen los vendedores en las sucursales del 18 de octubre o la Circunvalación 2.

Ni siquiera un crujiente puñado de próceres recién salidos de la imprenta con renovado valor nominal es capaz de hacer el milagro de la materialización repentina de alguna caleta estratégicamente olvidada tras unas cajas viejas en el cuarto de depósito. Cualquier señal de insistencia es afrontada con tono de displicencia y la frase reiterativa “ya te dije que no hay, de ningún tipo, para ningún carro”.

Todo el problema comenzó el pasado 17 de abril cuando la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde), realizó un proceso de fiscalización a la sede de baterías Duncan en los Ruices, Caracas, y ordenó la congelación preventiva de los precios que entonces habían sido reducidos de 12 y 17 millones a 5 y 7 millones de bolívares.

La consecuencia fue una rapiña instantánea. Usuarios desesperados colapsaron las sedes de la empresa para comprar el producto antes de que ocurriera lo inevitable que solo tardó dos meses en llegar, el mercado interno se quedó sin baterías.

Hasta los revendedores que pedían la exhorbitante suma de 60 millones de bolívares por un acumulador de 450 amperios para un carro de cuatro cilindros, se quedaron sin mercancía y no saben cuándo les llegarán, ya que la casa matriz está sin stock hasta nuevo aviso; es decir, hasta que el Gobierno autorice divisas preferenciales para la importación de insumos.

Los economistas siempre dicen que “el bien más caro es aquel que no se consigue” pero esta frase de librito adquiere connotaciones electrizantes cuando se trata de devolverle la chispa de vida a un vehículo.

José González, representante de ventas del Palacio de las Baterías en la avenida El Milagro, cuenta que en un comienzo dejaron de despacharles a tiendas como la suya, que tienen una representación autorizada y quedaron solamente con las sucursales de la casa matriz, pero luego ese canal también colapsó por lo que ahora la única alternativa disponible son las baterías importadas.

Una batería importada de perfil delgado para un vehículo japonés de cuatro cilindros, se cotiza en 65 dólares, que en el mercado paralelo representan más de 185 millones de bolívares. Es decir que se necesitan 61 salarios mínimos de los nuevos (Bs. 3.000.000 sin incluir cesta ticket) para comprar lo que solía ser el repuesto automotor más común.

Incluso esta opción requiere de una labor casi de contrainteligencia ya que ningún vendedor admite públicamente que tiene el insumo dolarizado. Hay que llegar recomendado, solicitar el modelo con “los verdes” por delante y al día siguiente el comprador recibe una llamada para retirar el producto.

La única esperanza para los conductores “de a pie” –un término que puede sonar bastante contradictorio, pero todo en Venezuela lo es- implica tener una fe casi ciega en el secreto a vox populi que corre entre los vendedores del ramo, el cual promete que a mediados de julio podrían recibir un nuevo despacho de baterías, mientras tanto, la situación se torna cada vez más negra, o mejor dicho, cada vez más verde.

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Archivo

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