¿Por qué Cecilio Acosta está aniquilando a Indio Mara en “la guerra de las calles del hambre”?

Hasta hace escasamente un año, el auge de la clientela nocturna todavía daba para que todos los puestos de comida en las principales calles del hambre de Maracaibo “le vieran el queso a la tostada”, pero la vertiginosa merma del poder adquisitivo ha transformando lo que era una sana competencia, en una guerra a muerte donde Cecilio Acosta ha ido enterrando a Indio Mara, con la ayuda de armas no tan secretas.

Parafraseando los diálogos de un western de los años 60, podría decirse que “este mercado se ha vuelto demasiado pequeño para los dos”, pero para entender realmente las causas que determinan el éxito y el declive de las principales calles del hambre en la ciudad, es necesario hacer un recorrido nocturno por sus cuadras, con los ojos bien abiertos y prestarle atención a los detalles.

¿Y la salsa?

Cuando éramos felices y no lo sabíamos, la batalla de la comida callejera se libraba a punta de artillería gastronómica. Los puestos rivalizaban por la distinción del mejor, el más abundante o el más barato. Aunque esa pugna todavía persiste, los perdedores hoy están condenados a desaparecer de mengua.

Tradicionalmente cada carrito de comida rápida se las ingeniaba para tener su salsa especial; una versión tropicalizada de la tártara, que servía para darle una identidad a su producto, imitar al líder, o en el peor de los casos para disfrazar la baja calidad de sus ingredientes.

Cualquiera fuera la intención, el tetero de “salsa verde” siempre estaba en la mesa para saciar la gula y darle trabajo al cardiólogo, aderezando generosamente cada mordisco de la hamburguesa, el perro caliente y hasta las papitas que caían al plato, pero las cosas han cambiado.

Los altos costos y la escasez de mayonesa han hecho que ya muchos puestos de mediana y baja gama no pueden ofrecerles a sus comensales el grasiento lujo. Para bien o para mal, la salsa que dispensan se pone al momento de la preparación y punto. Solo los más grandes y fuertes mantienen las prácticas del pasado, pero ello se refleja en la factura.

Vías de acceso

La gente suele decir que en Maracaibo todo está a 10 o 15 minutos de distancia con vehículo y de noche los tiempos se acortan con la falta de tráfico y la costumbre de irrespetar los semáforos si no vienen carros, por lo que la cercanía geográfica de una determinada calle del hambre parece jugar un papel secundario en la concurrencia de los clientes, no así la accesibilidad y seguridad del entorno.

En el caso de Cecilio Acosta, los puestos de comida están distribuidos a lo largo de al menos cinco cuadras comenzando en la esquina de Santa Rita (av. 8). La cercanía de una arteria vía principal como Bella Vista, de alta concurrencia en horas nocturnas, así como numerosas transversales que cortan la 67 a lo largo de su trayecto que va de este a oeste permiten distintas vías de acceso desde cualquier punto de la ciudad.

Los puestos de Indio Mara, están distribuidos en un radio circular que bordea a la plaza que le da el nombre. Aunque esta se encuentra sobre el extremo oeste de la prolongación 5 de Julio, el trayecto del bulevar carece de iluminación, creando una barrera de oscuridad en la principal ruta de acceso, mientras que la ruta alterna por la avenida Universidad es considerada como de alto riesgo por quedar desolada después de las 6.00 de la tarde y atravesar nodos de gran peligrosidad como la infame esquina con Delicias, donde los llamados “toca vidrios” siembran el terror bajo las narices del Círculo Militar.

Ver para comer

Rafael, un trabajador de uno de los puestos más concurridos de Cecilio Acosta, explica que si bien es cierto que ahora es menos la gente que sale a comer de noche, la que lo hace prefiere ir a la 67 porque los puestos callejeros y los comerciantes de la zona han puesto sus propios reflectores para compensar la falta de alumbrado público, además que muchos de los negocios grandes tienen circuito cerrado de cámaras, seguridad interna vestida de civil y convenios con los policías que patrullan constantemente.

Es común ver uniformados no solo patrullando Cecilio Acosta sino comiendo o buscando un pedido para llevar, ya que una práctica común del ramo es darles de cenar como un incentivo o gesto de agradecimiento por su labor, que va creando una relación simbiótica entre los gendarmes y los comerciantes.

La situación es completamente distinta en Indio Mara. La penumbra de las calles y soledad de las mesas da un aspecto pavoroso al lugar, incrementado por el gesto desesperado del personal de los puestos de comida que literalmente se abalanza sobre los pocos carros que transitan por la zona para tratar de captar clientes.

Duelo de precios

La concurrencia atraída por la accesibilidad y sensación de seguridad ha hecho que la competencia entre puestos de Cecilio Acosta siga girando en torno a la calidad y el buen servicio, por eso los precios tienden a ser más elevados, ya que la meta es satisfacer a una clientela exigente con un producto de alto nivel.

Aunque el costo de una hamburguesa grande en esta calle ronda los Bs, 250.000 ($1,4 a tasa no oficial), en locales como Franco y el Propio Carlos hay opciones que llegan a Bs. 290.000 ($1,7) y Bs. 450.000 ($2,4), mientras que los perros calientes se cotizan en Bs. 125.000 ($0,74). Esto hace que de lunes a jueves la facturación promedio de puestos medianos ronde los $30 por noche pero se cuadruplica los fines de semana con una clientela de aproximadamente 100 personas por carrito.

Cabe acotar en los números de los líderes de la zona son exponencialmente mayores ya que llegan a tener un promedio de 100 personas por noche y entre 500 y 700 los fines de semana. Debido a las cifras y la carencia de efectivo en la calle, todos los negocios han tenido que implementar el pago electrónico a través de puntos de venta.

En Indio Mara la calidad está en un segundo plano. La competencia se plantea en términos de quién puede bajar más el precio. La hamburguesa tiene un costo de Bs. 220.000 (S1,2) pero en la puja por llevarse al cliente, algunos puestos bajan a Bs. 210.000 ($1,2) o dan descuentos por volumen de consumo, mientras que los perros calientes se venden en Bs. 100.000 ($0,59). Aun así, llega a haber noches de la semana donde algunos puestos cierran sin una sola venta.

Mercado abierto

Aunque Cecilio Acosta de momento aparece como líder indiscutible de las calles del hambre en Maracaibo, 5 de Julio tiene el potencial para destronarla con unos pocos ajustes.

Sus amplias aceras, centros comerciales con estacionamientos frente a la calle y cantidad de terrenos ociosos podrían fungir como ferias de comida para los residentes de las zonas residenciales de clase media que acompañan al bulevar en casi toda su extensión, si tan solo se mejora la iluminación y el patrullaje.

Con muy poca inversión, parcelas como la antigua estación de servicio Américan Bar, en la esquina de Bella Vista o el mismo estacionamiento del extinto Bingo Maracaibo podrían ser usadas para este fin mientras llega el momento oportuno de explotarlas en emprendimientos más rentables, ya que la primera está en el nexo de dos vías principales de la ciudad y la segunda cuenta con un perímetro de seguridad establecido por una pared enrejada con un acceso controlado.

La recuperación de los espacios para la ciudad pasa por la rehabilitación de los servicios públicos como alumbrado y seguridad que son una responsabilidad de las autoridades, pero mientras eso ocurre serán las vías con autogestión como Cecilio Acosta las que capitalicen el consumo de los noctámbulos.

 

 

Redacción y Fotografía: Luis Ricardo Pérez P.

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