Antiguo CNE de El Milagro ahora es un “retrete” para indigentes y transportistas

El aire es denso, viciado y nauseabundo; la respiración tiene que ser por necesidad corta, muy corta, ya que una aspiración profunda implicaría con certeza el tragarse alguno de los impresionantes moscardones que compiten con los perros callejeros e indigentes para adueñarse del festín de basura que se desborda de lo que solía ser la sede regional del Consejo Nacional Electoral (CNE) en la avenida El Milagro.

Han pasado cuatro años desde el incendio que destruyó el recinto comicial en el marco de las protestas antigubernamentales denominadas “La Salida”. La policía regional y otros cuerpos de seguridad practicaron allanamientos en el conjunto residencial anexo tras el siniestro mientras que la sede simplemente fue sellada y posteriormente vulnerada por maleantes del sector.

Adentro el tiempo parece haberse detenido; el hollín de las paredes sigue igual al día después que los bomberos sofocaron las llamas, pero con una opacidad más lúgubre y deprimente por el aura de desidia que le otorgan los desechos corporales de los transportistas que usan el recinto como un retrete de ocasión.

Tratar de explorar el sitio no es recomendable, solo maleantes e indeseables se adentran más allá de las escaleras que llevaban a las oficinas de la Junta Regional Electoral del Zulia, pero se percibe mucho más que desolación y desperdicios.

Una pesadez en el aire asola el recinto, más espesa que la urea y el metano que se desprenden de las heces animales y humanas, como si la edificación hubiese quedado impregnada de alguna energía oscura y atormentada por actos inconfesables cometidos en su interior.

El lugar que solía congregar a ciudadanos indignados exigiendo elecciones justas y transparentes, ahora aterroriza a los habitantes de las residencias San Martin, quienes aceleran el paso cuando deben pasar por el frente a la ida y la vuelta de la panadería que está a unos cuantos pasos de la depauperada oficina electoral.

Entre 1985 y 1992 el lugar fue un símbolo de esperanza para la clase trabajadora, créditos hipotecarios y alcancías para enseñarles a los más pequeños el valor del ahorro, eran parte de la cotidianidad en esta antigua sede del Banco Popular, pero en 1993 la entidad fue privatizada y poco después pasó a manos del FOGADE, durante la crisis financiera que se llevó por los cachos al Banco Latino y el Banco de Maracaibo entre otros.

Residentes del edificio más grande de la ciudad contactaron a este medio para solicitar encarecidamente la divulgación de esta lamentable situación, con la esperanza de que las autoridades municipales y regionales den un mejor uso a este enorme espacio transformado en símbolo del deterioro institucional.

“Esto se ha convertido en el sanitario de todos los choferes de buses y carritos por puesto de la avenida El Milagro y sirve de hospedaje de indigentes. Ya no se aguanta el suciero y la pudrición al pasar por el frente de este local. Ojalá que el Gobernador del estado Zulia Omar Prieto o el Alcalde Willy Casanova, tomen cartas en este asunto y le den un mejor uso a esta edificación, que desde que fue destruido en las ‘guarimbas’ no han hecho nada”, reza la misiva dirigida por habitantes de Residencias San Martin a este medio digital.

Según el informe emitido por el Cuerpo de Bomberos de Maracaibo tras el siniestro, la sede electoral fue declarada como inhabitable por cuanto el incendio provocado intencionalmente el pasado 24 de marzo de 2014 afectó a un 60% de las instalaciones. Las llamas destruyeron principalmente la planta baja, pero no se descarta que el calor pudiera haber comprometido la estabilidad estructural de los pisos superiores. Adicionalmente a principios de febrero de 2015 un segundo incendio terminó de consumir el segundo piso por lo que se desconoce el nivel de daños.

Cualquier reacondicionamiento de este local requerirá de una exhaustiva evaluación para determinar su seguridad, sin mencionar una cuantiosa inyección de recursos, por lo que tal vez los organismos competentes deban simplemente sanear y clausurar los accesos a la estructura, mientras se determina si el espacio es material y económicamente salvable.

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografías: Luis R. Pérez y archivo

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