Proyecto don Marcelino: el valor del pan artesanal

Un olor natural, a pan recién hecho, sale de la cocina de los Vivas. Proviene de una bandeja de panes que han dejado levar por veinticuatro horas. El proceso lleva el nombre de Carlos Vivas, un muchacho de 29 años que creció observando a su abuelo Marcelino mientras le daba forma a los panes que ya son una tradición familiar.

Un pan industrial leva en una hora o menos. Se usan máquinas y grandes amasadoras. La meta es hacer la mayor cantidad de piezas en menor tiempo, pues lo importante es vender. La genética de los Vivas contraria esta masificación del pan. El sabor natural es lo primordial para esta familia que ya va por la tercera generación de panaderos.

Para perpetuar el sabor de las piezas artesanales, Carlos ideó un proyecto hace tres años en honor a su abuelo. Proyecto don Marcelino, pan divino, así se llama. El concepto de pan de autor viene de allí, de lo más profundo de su tradición. Se propuso resaltar en el mercado de panaderías con pan personalizado y así lo logró.

“Panaderías, supermercados y grandes cadenas de restaurantes solicitan nuestros servicios y nosotros le creamos un pan hecho acorde a sus necesidades”. Comenzó, junto con su primo, elaborando cachitos. “Pero, poco a poco, el mercado se fue volviendo más exigente y tuvimos que mutar. Así, concretamos una propuesta basada en un pan tradicional, único, y con procesos de elaboración particulares”.

Dentro del proyecto Marcelino no se le añaden aditivos a los panes. Tampoco químicos que lejos de aumentar el sabor lo restan. Ellos hacen su pan a mano, con levaduras naturales y masas madres. “La fermentación es larga, varía de ocho a 24 horas. Mientras leve, mejor: se potencia el sabor”.

Cuentan con una amplia variedad de panes para tu mesa y tus eventos. “Horneamos pan para perros calientes, de hamburguesas, pan tipo káiser, sándwich, rústicos, y más”.

Conocimiento más práctica

Carlos Vivas no incursionó en este negocio por casualidad. Desde niño observaba a su abuelo dándole formas a los panes, limpiando las bandejas o hablando con los panaderos sobre nuevas formas de crear piezas. Esas escenas se las llevó en su mente y corazón hasta que tuvo suficiente madurez para decidir que continuaría las generaciones de panaderos de los Vivas.

Don Marcelino ya no está con ellos. Murió, pero su herencia está perpetuada en sus hijos y nietos. Su sabor sigue impregnando la panadería familiar en Milagro Norte, Doña Tere, donde con tanta pasión Carlos miraba las masas artesanales. Hoy, la atiende una de sus tías.

“Todo esto comenzó por un viaje que mi abuelo hizo a Italia. Él era chef internacional; madrugaba, ya a las 4.00 de la mañana estaba despierto porque a las 7.00 debía estar el pan caliente. Al jubilarse, fundó la panadería. Todos crecimos allí”, recuerda con nostalgia.

Con el tiempo, Carlos acumuló conocimientos que más tarde le servirían de base para estudiar en la escuela de Nutrición y Dietética, perteneciente a la facultad de Medicina de la Universidad del Zulia, un curso para panaderos profesionales.“Allí combiné mi experiencia empírica y el conocimiento, conocimiento que estoy impartiendo en una escuela de panaderos desde enero”.

Su trayectoria, hoy por hoy, es masiva y exitosa, al igual que la producción y distribución de proyecto Marcelino. Le proveen de piezas a supermercados como Enne y D´Cándido, además de minimarkets. En cuanto a restaurantes, les va mejor. Trabajan en conjunto con Parrilleros exprés, Brasería, Only Burger y Capitán Soda.

“Nuestra meta es abrirnos más mercado y rescatar el valor del pan artesanal, hecho a mano, con sello familiar. Un pan elaborado con valores y tradiciones naturales”.

 

Redacción: Raúl Semprún

Foto: Cortesía

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