Provenzani: “NASA resurge como la principal cadena de supermercados del Zulia”

Su teléfono suena cada cinco minutos. Al otro lado de la línea, proveedores, empresarios y hasta ministros le solicitan para discutir propuestas y tomar decisiones que se traducen en dinero. Alfredo Provenzani es una persona ocupada pero accesible.

Mientras termina una llamada, su asistente sale diligentemente con una sonrisa, atiende a quienes esperan en la antesala, comunica instrucciones de su jefe a otros empleados y regresa para ofrecer alguna de las ocho variedades de Nescafé, disponibles en la máquina estratégicamente ubicada a pocos pasos de un escritorio inmaculado.

El aspecto pulcro, los modales amables y atención al detalle, describen a la empresa, la oficina y al hombre que en solo cinco años hizo resurgir a Nacional de Alimentos S.A. (NASA) para convertirla en “la cadena de supermercados con mayor crecimiento en la región”.

“Nosotros cerramos operaciones en el 2000 cuando los socios originales nos separamos. Decidimos retomar en 2012 comenzando por una pequeña panificadora mientras se iban desocupando mis locales que estaban alquilados” expone el empresario zuliano, antes de zambullirse en su capuchino en busca de la siguiente idea.

Creemos en Venezuela

Provenzani afirma que en el principal impulso que lo llevó a reiniciar operaciones como supermercado tras 12 años fuera del ramo fue una inquebrantable fe en el país, heredada de su padre oriundo de Sicilia, quien vio en Venezuela una tierra plena de oportunidad.

“Éste sigue siendo un gran país, pero veíamos como mis actuales competidores en lugar de reinventar y adaptarse, insistían en el mismo esquema de cero inversión, olvidándose del consumidor al cual todavía hoy patean. No era posible que en 2012 a un cliente lo trataran como lo peor; en fin, había una desatención total y como yo tenía los locales, y los alquileres estaban por el piso, me decidí a ir desocupándolos y a reabrir mis negocios nuevamente”, relata el empresario.

Como optimista convicto y confeso, este marabino de sangre italiana asegura que en momentos de crisis no hay que salir corriendo, ya que es en éstos cuando se presentan las mayores oportunidades. “Al principio cuando abrimos ninguna empresa quería dar código porque no había suficiente producto para los clientes ya existentes. Me tocó hacer un trabajo de hormiga, proveedor por proveedor, demostrándoles que no solo queríamos el producto regulado, al contrario, les pedí que me dieran todo lo demás que no se estuviera vendiendo y eso lo conectamos con el pan, que fue y sigue siendo, uno de nuestros principales productos” relata.

Hoy, gracias a la calidad del producto y precios que se ubican hasta 40 por ciento por debajo del mercado, panificadora NASA supera la producción de cualquier otra panadería en el país, al vender un impresionante volumen de 154 mil unidades al día, que se distribuyen exclusivamente entre las cuatro tiendas de la cadena, ubicadas en San Francisco, Villa del Rosario, Bella Vista y Circunvalación 1 en Maracaibo.

Más y mejor servicio

Provenzani entiende bien la importancia de un buen servicio a la hora de captar la preferencia, no solo del consumidor, sino también de los proveedores. Por ello no escatima a la hora de brindar la mejor experiencia posible a sus aliados comerciales.

“Para poder obtener la codificación de los proveedores nosotros pagamos de contado, incluso por adelantado, entonces si alguien tiene un producto con cantidades limitadas, ¿a quién van a preferir despachárselo?, ¿a tiendas que pagan a 21 días y a las cuales hay que repartirle por separado en sucursales pequeñas, o a NASA que cuenta con un almacén central en la Zona Industrial, donde una gandola cómodamente descarga en 20 minutos? De paso, si me presentan la factura de una vez, pago así no haya llegado el producto. Eso claro, con las empresas reconocidas”, plantea el estratega en consumo masivo.

En su visión de negocios NASA defiende el valor de la justicia como un eje transversal que va desde el marcaje de precios hasta el trato a la clientela y el abordaje de distorsiones que se presentan en el mercado nacional.

Provenzani explica que en sus tiendas existe un estricto cumplimiento del precio adecuado, que sumado a una política de “cero tolerancia con el bachaqueo”, busca defender los derechos de la comunidad. En tal sentido, asegura que aún tiene bloqueados a todos los revendedores que han podido detectar con pruebas irrefutables y recalca que no los va a desbloquear “venga quien venga”.

En contraste, NASA privilegia y considera el esfuerzo de quienes trabajan honradamente y con esto en mente, se han dado a la tarea de afiliar a más de 30 mil empleados de distintas empresas.

“Todo el que llega con su carnet de una empresa registrada, entra de una vez sin tener que esperar porque es gente que trabaja y no puede llegar a las 5.00 de la mañana todos los días a hacer una cola. Si un producto llegó a las 11.00 de la mañana, yo siempre lo saco después de mediodía y a las 4.00 de la tarde, para dar chance a que el empleado que salió de trabajar tenga la oportunidad de comprarlo” explica el presidente de la cadena de ventas al detal.

Todos los empleados que entran a trabajar en NASA deben antes pasar por los filtros regulares y entrevistarse con Provenzani, quien se precia de atender personalmente todos los aspectos de su empresa, desde reuniones con altos funcionarios de Gobierno, hasta la contratación de los panaderos.

“Nuestro principal aliado son los empleados –afirma con convicción el jefe de más de 600 trabajadores-. Ellos hacen una compra a la semana en un día específico, y se les guardan de todos los productos que lleguen, para que puedan comprarlos sin competir con el público, pero además con la misma cantidad de racionamiento que los de afuera. De esta forma evitamos que los empleados sean los primeros ‘bachaqueros’, como pasa en otros comercios”.

Militante del trabajo

Provenzani enfatiza que su rol como empresario es el de aportar propuestas que ayuden a generar productividad, a movilizar la economía y a mejorar la calidad de vida de sus trabajadores y clientes, de ahí que no acepte etiquetas políticas de nadie.

“Alguna gente nos identifica como chavistas. No somos chavistas, ni somos oposición. Actualmente somos un negocio que trabaja por Venezuela. No me identifico ni con un partido ni con el otro, simple y llanamente trato que quien sea que esté en el poder, escuche cualquier idea que uno pueda brindar para que esto mejore” apunta el hombre cuya empresa ha servido como modelo de estudio a nivel regional y nacional, para mejorar el abastecimiento de productos.

A quienes aseguran que “en este país no se puede” este comerciante zuliano le responde con orgullo que su empresa es una prueba que refuta dicha tesis, ya que mientras otras tiendas del ramo exhiben estanterías vacías, pisos sucios y equipos dañados, NASA apunta a rescatar la autoestima del consumidor, que disfruta de contar con espacios cómodos, limpios, bien iluminados y con calidad de servicio que le recuerdan a la Venezuela de los años 80’s y 90’s.

Aunque el resurgimiento de esta cadena estaba enfocado a un segmento de tiendas tipo express, la realidad del mercado llevó a reorientar el proyecto hacia los “hipermercados”, un formato que ha venido desapareciendo en la región.

Hoy los resultados están a la vista con números que impulsan a continuar la expansión con tiendas que abrirán en una fecha aún por determinar, en las localidades de Bella Vista con Dr. Portillo (antiguo IMGEVE) y la Zona Norte (antiguo Éxito).

“NASA en este momento está posicionado como la primera cadena en la región. Una tienda nuestra equipara a tres o cuatro tiendas de la competencia en cuanto a número de ventas. Tenemos un crecimiento sostenido mensual de más de 20 por ciento en unidades, no bolívares, lo cual refleja que el crecimiento es real” afirma con satisfacción Provenzani.

Visitar una tienda de la cadena NASA es sumergirse en una experiencia de consumo que encarna fielmente el lema de la compañía. “Vendemos servicio, regalamos sonrisas y trabajamos por Venezuela” expresan a viva vos todos sus empleados cada 45 minutos.

 

 

Redacción y fotografías: Luis Ricardo Pérez P.

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