Los Filúos: el “aliviadero” por donde se “vierte” el contrabando y la extracción de alimentos, gasolina y seres humanos

El mercado Los Filúos, ubicado en La Guajira venezolana, en Paraguaipoa, representa uno de los lugares más caóticos del Zulia. La zona comercial binacional es más que nada un centro de acopio y un aliviadero. En sus calles polvorientas, territorio cien por ciento wayuu atestado de tarantines de madera, conviven el contrabando y la extracción de comida, combustible y gente. 

El nombre de esta zona comercial proviene del plátano topocho, que entre los guajiros se conoce como filúo o tres filos, por la forma característica de este alimento. Pero las verdaderos “aristas” que atraen y a la vez asustan a los viajeros, son los ángulos desde donde confluyen diferentes “actividades” comerciales ilícitas y peligrosas.

Cigarrillos, carne, café, arroz, verduras, hortalizas, frutas, agua y bombonas de gas doméstico provenientes de Venezuela son algunos de los productos que se contrabandean en la frontera colombo venezolana. Los Filúos repunta de nuevo como una parada “obligatoria”, sobre todo por los controles que el ejército colombiano ejerce en las principales trochas que conducen a Maicao, donde los “bachaqueros” venden, por ejemplo, el litro y medio de agua mineral en mil pesos colombianos.

Comida en ambos sentidos

Desde hace dos años, Irama Nava ejerce su labor de comerciante con un incesante ir y venir de Maracaibo a Los Filúos, hasta dos veces por semana. “Ya no es seguro ni rentable cruzar la frontera. Yo siempre llego hasta Los Filúos y hago mis ‘compraventas’ allá. Los costos son más bajos y aunque te pagan menos por la mercancía, pues a la larga es casi la misma ganancia y menor el riesgo”.

Nava comenta que para los “bachaqueros” no es negocio llevar mucho efectivo. “Los choferes cobran el pasaje en billetes, hasta 300 mil bolívares, y ellos mismos pagan las vacunas y los peajes. Los pasajes para Maicao salen hasta en 600 mil, ya ahí te ahorras un poco, porque en Maracaibo te venden el efectivo hasta en un 150 por ciento”, explica.

La comerciante revela que ella, al igual que otros vendedores que cumplen la misma ruta cada semana, tiene su modus operandi. “Yo tengo mi manera de trabajar: llevo carne de res, queso, agua mineral, Coca Cola, bisutería y hasta cortes de tela, todo en pequeñas cantidades para que los guardias no se vuelvan locos y me quiten la mercancía”.

Las cantidades mínimas son tres kilos de queso, cinco de carne, dos o tres unidades de agua o gaseosa, lo que podría representar una “inocente” compra personal. Como en Los Filúos no hay cajeros ni puntos de venta, los “bachaqueros” venden la mercancía que llevan y la cobran en pesos colombianos, con ese dinero compran harina, arroz, azúcar, mayonesa, pañales desechables, artículos de higiene personal y muchos otros rubros de procedencia colombiana, que escasean en la zona metropolitana del estado.

“De pa’ acá es más fácil. Yo le pago al chofer el pasaje de ida y vuelta, así garantizo el retorno sin complicaciones. Ellos conocen a quien pagarle para pasar liso y si algún guardia se pone ‘plástico’, entre todos reunimos y le dejamos su comprita de arroz, harina, azúcar y aceite. Al fin, ellos también están llevando la misma V…”.

La comerciante asegura que este “trabajo” le deja al menos un 30 por ciento de ganancia por inversión y tiene la posibilidad de obtener pesos colombianos y luego llevarlos a bolívares, para duplicar su capital, porque “siempre te queda alguito”.

Combustible a baja escala

Los conductores de vehículos por puesto que transita la ruta de 94,3 kilómetros entre Maracaibo y Los Filúos, además del importe por pasaje, aprovechan para vender el excedente de combustible que llevan y así obtener “algo” adicional.

Este contrabando en “baja escala” se realiza como una actividad suplementaria, ya que los grandes “bachaqueros” de gasolina siguen operando limpiamente, pese a los operativos de seguridad, porque “es un negocio muy lucrativo y da para que todos coman”, afirma José Hernández, conductor de la ruta, y explica que “todos” son los contrabandistas, los guardias, la policía y los “cobra peaje”.

En Maicao, las estaciones de servicio están cerradas y el abastecimiento se realiza con combustible venezolano que entra por la frontera en pimpinas, toneles, tanques ocultos y hasta camiones.

Autoridades colombianas estiman que diariamente los contrabandistas pasan de manera ilegal cerca de tres millones de dólares en combustible, es decir un millón 125 mil galones a través de las 192 trochas que se estiman existen en esta frontera. Es como si todos los días ingresaran desde Venezuela 112 gandolas de PDVSA con capacidad para 10 mil galones de gasolina.

Ruta de escape

El pasado 22 de febrero, Colombia inhabilitó 17 “trochas” en frontera con Venezuela, esta medida, sumada a los controles que ejerce el ejército colombiano en toda la faja fronteriza, obligó a los transportista que cumplían la ruta Maracaibo – Maicao, a llegar solo hasta La Raya y dejar allí a los viajeros a su suerte.

Sin embargo, una modalidad diferente de acceso se abre paso hacia el vecino país, a través de los traslados en motos que parten desde Los Filúos y tiene la capacidad de acceder a los “caminos verdes” más intricados y llegar “con bien” hasta Maicao, sin pasar por migración ni sellar el pasaporte.

Los “motorizados” son, en su mayoría, de la etnia Wayuu y viven en los caseríos vecinos. Cobran el trayecto, de más o menos 50 kilómetros, en efectivo o en mercancía. No tiene tarifas fijas, porque siempre se puede llegar a un “arreglo” con el cliente. Ellos se encargan de “palabrear” a los cobra peajes, que resultan ser sus paisanos y hasta familiares. Muestra de que la frontera colombo venezolana “da para todo” y allí “todos comen”.

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Agencias

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