Cepillaos marabinos, más de 90 años “raspando” el calor

Desde hace más de 90 años los cepillaos son la alternativa preferida para refrescar el acalorado paladar local. Maracaibo fue la primer ciudad en degustan el frío manjar y hoy en día es la región donde el hielo azucarado y coloreado posee una mayor fanaticada.

Cuando el calor aprieta en la ciudad, el paladar de los marabinos reclama un cepillao. Parece un espejismo el montículo de hielo que sobresale del envase plástico semi transparente, goteando rojo, amarillo, verde o cualquier otro color, junto a hilos de leche condensada que se cuelan entre los dedos y alborotan los recuerdos de la infancia.

A pesar que no existen registros escritos, según los cronistas anónimos de la ciudad el cepillao entró a Venezuela por el Zulia, a finales del 1920, cuando comenzó a funcionar la Cervecería y Fabrica de Hielo Maracaibo.

Por lo tanto, la capital zuliana fue la primera en tener a los pintorescos personajes que, montados en sus carros tirados por burros, repartían frescura y sabor entre la chiquillería de la época.

Recuerdos gratos de la infancia

los cepillaos

En la memoria de todos los zulianos adultos y contemporáneos se encuentra vivo el destemplado sonido de la corneta, como un anuncio que volvía agua la boca. El acto seguido consistía en corretear un par de cuadras el carrito multicolor, cargado de guindachos, espejitos, calcomanías y muñequitos plásticos; imagen que prometía la sensación grata y reconfortante del hielo desmenuzado, coloreado y endulzado.

Mirar y tocar el burro era la atracción incluida en el precio del producto: 25 céntimos o un medio. “De que lo queréis” y los ojos se paseaban por las botellas multicolores llenas de miel de azúcar.

“De rojo con leche, de piña, de tamarindo, de limón” Y la algarabía de una decena de chiquillos no lograba inmutar al “señor cepilladero”. En medio de los brincos y gritos de “a mi primero, a mi primero”, la mano adulta tomaba una especie de barquito de metal y comenzaba a peinar el rectángulo de hielo.

El chas, chas del cepillo y esa manera tan particular de frapear la masa helada, le dieron el nombre al postre.

De la calle a la casa de Jesús Ríos

los cepillaos jesús ríos

Hasta 1930 el cepillao fue una delicia ambulante y a partir de esa fecha Jesús Ríos lo convirtió en un postre de establecimiento. “Papá tenía un carrito como todos los cepilladeros y cuando montó el abasto aquí en la esquina de Soledad y Vargas, lo puso en el frente para seguir vendiendo los cepillaos”, contaba Oswaldo Rios, heredero del negocio, cuando hablaba de su padre.

Cuando el paso del tiempo y la inclemencia de la intemperie acabaron con el carrito de Jesús Ríos, las botellas de miel y la tira de hielo se refugiaron dentro de la pulpería que más tarde se llamó Los Cepillaos del Popular Jesús Ríos, en la avenida 7A con calle 89E, sector Veritas.

Desde entonces, el helado producto fue punto de referencia del sabor marabino, con una lista de 18 tradicionales sabores. Hasta el año pasado que cerró sus puertas y se puso en venta el inmueble.

De San Francisco para el mundo

 

los cepillaos

Un poco después, en 1947, la familia Urdaneta fundó lo que se conoce como Los Cepillaos de San Francisco. Ubicados en la zona sur frente a la plaza Urdaneta, en la avenida 5, parroquia El Bajo.

Aunque quedaron fuera de Maracaibo cuando se fundó el municipio San Francisco, la gente siguió afirmando que eran “unos de los mejores cepillaos de la ciudad”, con sus productos estrellas: maní, zapote y bati bati, dentro de una variedad de 30 sabores.

Para 1965 nace la tercera opción para los marabinos: Cepillaos El Manguito de la familia Fuenmayor. Osman Fuenmayor ideó la manera de mezclar los ingredientes con una máquina de hacer helados y consiguió un producto cremoso y de consistencia suave, pero sin perder totalmente la textura granulada.

“Papá abrió el negocio y desde entonces guardamos inalterable la receta. Solo utilizamos frutas y leche, sin agregarle químicos o sabores artificiales”, aseguraba Jackeline Fuenmayor, quien regentó El Manguito, mientras mostraba los 12 sabores que mantuvieron durante décadas.

Los cepillaos de La Rita

los cepillaos

Más tarde, en 1981, surgen los Cepillaos Don Antonio. La cremosidad de este producto lo hizo “primo hermano” del helado, sin prescindir de ese toque especial que poseen los cepillaos marabinos.

El establecimiento, ubicado en la avenida 8 con calle 72, ostentaba una larga lista de 27 sabores, donde resaltaban los de fruit ponch, frambuesa, mandarina, mango y uva.

En 1987 el dulce y frío postre se asentó en el municipio Santa Rita, donde Nerio Méndez fundó un expendio de cepillaos que más tarde toma el nombre de Cepi Fru. Rigoberto Quintero “el catire”, fue el encargado del punto principal durante décadas y estaba orgulloso de los sabores y las originales mezclas que comercializaba.

Remolacha o zanahoria con naranja, auyama, pera con leche, manzana, mandarina, mora, toronja o parchita ligados con piña, frutas mixtas y canela con leche eran los sabores más explosivos que resaltaban entre la variedad de 48 renglones.

Otro local que buscó innovar fue Shalom, inaugurado en 1988. El expendio de cepillados ofrece sus famosos Cipreses de fresa, ciruelas pasas, durazno, arrayán y ponche crema.

Arturo Barboza fue el dependiente durante años. Él explicaba que sus productos eran “algo intermedio entre el cepillao y el helado”, una mezcla de frutas heladas y troceadas, almíbar y leche.

Un producto criollo y sabroso

los cepillaos el cangurito

Pero la diferencia en cuanto a consistencia la marcaron los cepillados de El Cangurito. Esta variedad pertenece al renglón de los “cuajados” hechos en casa, que se elaboran líquidos y luego se congelan dentro del envase.

Ada Cira Semprún los fabricaba en el sector Belloso, como muchas madres marabinas los hacen para sus hijos. “Nos dedicamos a combinar ingredientes y probar una y otra vez, para lograr sabores extraordinarios, como el de crema cielo que tiene leche, merey, nueces, almendras y maní”, solía relatar.

El Cangurito ofrecía una lista de 27 sabores, donde los más vendidos eran el de crema cielo, el de mantecado o chocolate con galleta, el de tizana y el de corn flakes.

De esta manera y sin aparente planificación se trazó la evolución de la elaboración del cepillao en Maracaibo. Esta es sólo una pequeña referencia de las decenas de establecimientos y hogares que se dedicaron a vender el helado producto por más de 90 años, sin perder su sabor tradicional ni su particular encanto.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Archivos

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