Importaciones puerta a puerta, ¡toque con cuidado antes de entrar!

Anuncian en la radio, Internet, revistas, periódicos y hasta en la televisión. “Enviamos su mercancía desde Miami hasta su casa u oficina en Maracaibo, rápido, seguro y sin complicaciones”. Ésta es la promesa fundamental de los llamados “puerta a puerta”, pero ¿qué hay más allá del umbral de estos “magos” de la logística internacional?

La importación de bienes e insumos a Venezuela no es tarea fácil. Por la llamada “vía normal”, un empresario o ciudadano común debe contratar los servicios de una agencia aduanal que le asista en la declaración de aduana y el cálculo y pago de aranceles e impuestos de nacionalización.

El costo de una carga está compuesto por el precio de compra, el seguro y el flete (CIF según las siglas en inglés). Estos conceptos usualmente estipulados en dólares, deben traducirse a bolívares según la tasa oficial vigente Dicom, para luego calcular y pagar el arancel correspondiente al tipo de mercancía (aproximadamente 20% en la mayoría de los casos). Otros cargos incluyen la tasa de servicio aduanero (1%) y uso del puerto (1%). Finalmente el monto resultante de todo esto se usa como base de cálculo del IVA (12%) que completa el costo total de una mercancía importada con “todas las de la ley”.

Detrás de la puerta

En contraste con el engorroso proceso antes descrito, los servicios de carga consolidada, también llamados “puerta a puerta” cobran un monto único que oscila entre 12 y 15 dólares por pie cúbico de mercancía, pagables en divisas o bolívares a tasa de cambio no oficial, sin tener que lidiar con manifiestos, aranceles, ni funcionarios que piden “pa’ los frescos”.

Esta modalidad tiene evidentes ventajas y algunas desventajas no siempre a la vista, “dependiendo de lo que se traiga” y del mercado final de los productos, explica un ex trabajador del ramo que prefiere identificarse simplemente como José González.

“Un objeto pequeño pero de alto valor como un Rolex, cuya caja no debe tener más de 10 cm de alto x 10 de largo y 10 de profundidad, eso se lleva a pies cúbicos y el envío se paga en función del espacio que ocupa en un contenedor. En términos concretos, ese reloj que puede costar 10 mil dólares, no pagaría ni 20 por un flete aéreo que llega a tu casa o tu oficina” ejemplifica este zuliano residenciado en el sur de la Florida.

El hombre de 38 años aclara que por el contrario, el “puerta a puerta no conviene para mercancías de muy bajo valor que ocupen grandes espacios, ya que el flete puede terminar costando más que el producto”.

José cuenta que en el mundo de la carga consolidada hay algunas empresas más serias que otras, por lo que recomienda usar las más grandes, ya que éstas tienden a responderle mejor al cliente si le pasa algo al envío. Advierte que a pesar de que los riesgos o implicaciones de la operación deberían estar reflejados en el contrato, hay compañías donde éste no existe o lo expresan en letra muy pequeña.

“La gente usualmente llega al galpón de una empresa equis en Miami y lo único que le interesa saber es cuánto cuesta el flete y cuándo llega a Maracaibo, así que ciertas cosas quedan sobreentendidas o desconocidas en el trato –cuenta el insider-. El cliente ve un montón de cajas en el warehouse y piensa ‘este es el que la mueve’, así que se confía cuando le aseguran que toda esa carga va semanalmente a Maracaibo, sin saber si eso es verdad”.

La explicación más detallada de la operación que recibe un usuario de parte del prestador de servicio, se limita al cálculo de la tarifa en base al volumen del envío. Eso se logra mediante una formula donde se multiplican las medidas en pulgadas (alto, ancho y profundidad) y el resultado se divide entre el factor que es 1.728. Esto arroja el volumen exacto de la caja en pies cúbicos y por ende el monto a pagar.

En observación a restricciones que establecen las leyes de EEUU, todas las empresas que operan en Miami hacen énfasis al cliente que dentro de los paquetes no debe ir ni armamento ni dinero en efectivo ya que se considera un delito federal, pero más allá de esa advertencia no suele haber mayor escrutinio.

Corriendo la arruga

“La gente suele optar por el ‘puerta a puerta’, bien sea por referencia de un conocido que ya lo ha usado con éxito, o porque averiguó y en la ‘vía normal’ la misma caja de 10 pies cúbicos le sale en 380 dólares (según el arancel correspondiente al contenido), mientras que en carga consolidada son apenas 150 dólares y le llega directo en solo 15 días”, argumenta González al precisar que los barcos salen de Miami los viernes y arriban al puerto de Maracaibo el jueves siguiente. El resto del tiempo se va en los trámites de aduana y entrega.

José destaca que para muchos comerciantes esta modalidad de importación no ofrece suficiente respaldo a la hora de cumplir con los deberes formales, ya que no reciben una planilla de importación que satisfaga a las autoridades que demandan conocer el origen de la mercancía. En lugar de ello solo cuentan con una constancia de envío, como si hubiesen colocando un paquete de Maracaibo a Caracas por un servicio de courrier.

La dificultad en el acceso a divisas preferenciales es otro factor que influye en la popularidad de los “puerta a puerta”, ya que si el empresario compra su mercancía con dólares del mercado paralelo, va a tener pérdidas si intenta traerlo por la “vía normal” donde la aduana le calcula su factura de EEUU a tasa oficial, que representa menos bolívares de los que realmente desembolsó, y luego queda obligado a vender con una utilidad de apenas el 30 por ciento, que no cubre sus costos.

González ilustra que muchos comerciantes para “zafarse” y poder vender el producto que traen puerta a puerta en comercios formales, suelen buscar a una empresa local que les facture como si hubiesen comprado en el país, y así “correr la arruga fiscal” lo cual trae a la larga otras complicaciones, por esto la mayoría de los bienes que llegan vía carga consolidada (celulares, relojes, electrónicos, etc.) están destinados a un mercado informal sin factura legal o al uso privado.

De cuadrado a redondo

Un contenedor de 40 pies (12 metros aprox.) de largo, tiene una capacidad total de 2 mil 200 pies cúbicos. Aunque nunca se llega a usar todo el espacio, ya que los tamaños de las cajas varían, se puede estimar que cada container representa hasta 33 mil dólares en fletes para la empresa de carga, de los cuales ocho mil van al pago de la naviera que hace el transporte y otros 8 mil a gastos de aduana en Maracaibo, lo cual deja una ganancia que ronda los 17 mil dólares por contenedor, al menos una vez por semana.

Estos niveles de rentabilidad explican por qué este tipo de empresas se mantiene e incluso prosperan a pesar de la crisis y el bajo movimiento que hoy registran los puertos nacionales.

José explica que no todo es color de rosa ya que en los puertos suelen haber complicaciones, a veces imputables a las empresas y otras a los funcionarios civiles o militares.

“Alguna inconsistencia en el manifiesto de carga o cambios en las autoridades portuarias o militares tienden retrasar las operaciones y ahí es cuando ocurren los famosos decomisos y los extravíos que hacen que la gente reclame. En estos casos casi siempre los ‘duros, duros’ responden, sobre todo si el cliente es fijo, y a los más pequeños también les reconocen la pérdida pero en flete, lo cual obliga a seguir trayendo mercancía hasta que se salda la deuda” concluye Gonzáles acotando que es un “negocio redondo por donde lo miren”.

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Cortesía

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