Viaggeremo, el plan de vuelo de dos jóvenes emprendedoras

Viaggeremo es “Vamos a viajar” en italiano, pero en Maracaibo es una agencia
de viajes que en silencio crece con base en el optimismo de la sociedad
Kristina Izarra- María de los Ángeles Vicuña, dos jóvenes zulianas que
apostaron por crear y consolidar su propia empresa pese a la negatividad de
quienes piensan que en Venezuela no hay oportunidades de crecimiento.
Kristina Izarra tiene una sonrisa que deslumbra y un humor que construye
aviones en el aire. A sus 21 años y recién graduada como Técnico Superior en
Turismo habla del Zulia como si fuera un territorio tocado por Dios para la
belleza. Ella, dice que apostará por Venezuela hasta lo último, pese a su
semblante apocalíptico.
“Estudié turismo porque sueño con viajar por todo el mundo pero también
por mi país. Aquí en el Zulia, por ejemplo, hay de todo, montañas en la
Serranía de Perijá; playas que entremezclan lago y mar, como Quisiro;
pueblos de agua donde se ve el Relámpago del Catatumbo; pueblos indígenas
que exhiben culturas ancestrales; ciénagas y estepas”, expresa quien afirma:
“El Zulia es una tierra ideal para el turismo”.
Maracaibo le sabe en la boca como un paraíso de casas de colores al borde
del Coquivacoa. Los manglares de Capitán Chico, en Santa Rosa de Agua, es
un sitio con potencial para el encantamiento. “A veces no apreciamos la
belleza del Casco Central con sus casas y locales comerciales antiguos. Si lo
detallamos veremos sus rasgos de ciudad-puerto. La Calle Carabobo, los
templos religiosos, la idiosincracia de nuestros orígenes”.

Boletos para surcar el aire
Izarra estuvo seis meses trabajando para una agencia de turismo y se cansó.
Es de mente amplía. Piensa hondo y mira alto. Ella cuenta que Viaggeremo,
ubicada en la avenida 16, local 5, en el Centro Comercial Betancourt,
Urbanización La Trinidad, frente al Colegio de Abogados, abrió sus puertas
con los ahorros y el esfuerzo laboral de cuatro fundadoras. Una de las socias
emigró del país y la otra se apartó por el vértigo del emprendimiento y
prefirió apostar por un empleo tradicional.
María de los Ángeles Vicuña tiene 22 años y no descansa. Estudia
Administración en el Unir. Al igual que Kristina apuesta por un negocio que
hasta ahora ha sido muy rentable. Su experiencia en Zumaque, la agencia de
Petróleos de Venezuela, le permitió lograr muchos contactos y lo que
comenzó como un trabajo desde su casa se consolidó con un empuje similar
al suyo, el de Izarra. Ambas nutrieron una agenda de conocidos que se
multiplica. “Sí se puede emprender. La clave de nuestra agencia es darle
seguridad a nuestra clientela. Ofrecerle además del servicio de boletería,
seguro de viaje, conexión por tierra, con hoteles y cruceros. También
gestionar con embajadas las cartas de emigración”, refiere.
Vicuña está pendiente de promocionar Viaggeremo a través de las redes
sociales donde ofrecen interesantes promociones a todos los destinos del
planeta. Tienen un local que poco a poco levantan con ingenio y creatividad.
Buena demanda
Kristina y María conviven con la palabra riesgo. Son jóvenes sin límites. Se la
juegan y suelen ganar. Crecen en una nación marcada por la cotización de un
dólar paralelo que lo rige todo, incluyendo el precio de los boletos. Ambas a
veces madrugan para gestionar las conexiones. “A veces conseguimos vuelos
relativamente económicos y uno los toma. Asumimos el riesgo de pagar
antes de venderlos”, comenta Izarra.
La inestabilidad del “paralelo” genera preocupaciones. Hay que saber sortear
las fluctuaciones. Panamá, Aruba, Miami y Chile son los destinosinternacionales con mayor demanda. Trabajan con diferentes proveedores.
Les preocupa el éxodo de aerolíneas, pero aseguran que tienen excelentes
relaciones en Santa Bárbara Airlines, Venezolana de Aviación, Avior
Aeropostal y Aruban Airlines.
Izarra explica que en temporada alta registran un promedio de hasta 100
boletos vendidos mensualmente y en baja la cifra oscila en los 30. También
ofrecen boletería para vuelos nacionales. Estas jóvenes empresarias son
reflejo de un país que enfrenta el desánimo abriendo puertas por los aires.
Son dos aviones humanos que se niegan a ceder en busca de sus sueños.

 

Por: Raúl Semprún 

Fotografía: cortesía 

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