Siete secretos del Palacio de los Cóndores, que te dejarán perplejo

Blanco, simétrico y solemne, la sede del gobierno regional hoy conocida como el “Palacio de los Cóndores” es un hermoso edificio de estilo neoclásico que a finales de abril cumplirá 150 años de inaugurado, pero esta obra diseñada por Don Manuel Arocha y el Teniente de Ingenieros Olegario Meneses, encierra entre sus paredes un conjunto de sorprendentes historias desconocidas por la mayoría de los zulianos, que van de lo curioso a lo sobrenatural.

Este monumento de la zulianidad ubicado en la calle 95, frente a la Plaza Bolívar y flanqueado por el Palacio Legislativo y la Casa de la Capitulación, no siempre lució esa inmaculada estampa que hoy todos conocen y hasta su nombre fue durante un tiempo materia de debate entre confundidos marabinos.

A continuación te presentamos una lista de siete “secretos” del palacio regional de gobierno, que de seguro cambiarán la manera en la que miras a esta edificación que desde febrero de 1986 forma parte del patrimonio histórico de la nación.

1.- Más de medio siglo en construcción

Para los venezolanos es algo habitual que las obras del Estado sean inauguradas a medio terminar, con la finalidad de que coincidan con alguna fecha histórica, pero en el caso de la sede del poder ejecutivo zuliano, esta práctica se lleva a extremos que sencillamente rayan en lo absurdo.

La construcción del edificio comenzó a principios de 1841, durante la gestión del general José Escolástico Andrade, pero su inauguración no se daría hasta el 23 de abril de 1868, en el marco del cumpleaños del Presidente del Zulia, el general Jorge Sutherland.

Este descomunal gesto de egocentrismo no solo resalta por el hecho de que transcurrieron 27 años en la ejecución, sino que la estructura presentada al pueblo durante una faraónica celebración oficial de tres días, estaba inconclusa, ya que apenas constaba de la fachada.

Los trabajos de la parte posterior tuvieron que esperar otros 26 años para su inicio y fueron culminados en 1896 bajo el gobierno del general Manuel Ayala (55 años después de que se puso la primera piedra).

2.- Colorido por dentro y por fuera

Al parecer la “guachafa institucional” de los presidentes regionales no solo se expresaba en el culto a la personalidad y los asombrosos niveles de ineficiencia administrativa, sino que también teñían de júbilo el aspecto de las dependencias oficiales.

En su libro “El Palacio de las Águilas”, el historiador y diplomático zuliano, Julio Portillo, cuenta que a finales del siglo XIX, el icónico edificio no vestía el característico color blanco que hoy todo el mundo conoce, sino que la fachada estaba pintada de colores (no especificados), que probablemente guardaban un cierto paralelismo con el estilo de las casas tradicionales del casco histórico de la ciudad.

La sobriedad, al menos aparente, llegó en 1927 durante la modernización de la sede oficial encomendada al arquitecto e ingeniero belga León Jerónimo Höet, por el general Vicencio Pérez Soto, quien era considerado uno de los hombres más cercanos al Presidente de los Estados Unidos de Venezuela, “El Benemérito” Juan Vicente Gómez.

Además del refulgente color blanco que destaca bajo el sol marabino, al edificio también se le dotó de alumbrado público y dos vistosas esculturas que le ganaron un nuevo apelativo en el ideario colectivo.

3.- Controversia con alas y garras

Las modificaciones del presidente Pérez Soto fueron bien recibidas por el pueblo, aunque hubo una de las nuevas características que destacó “por encima” de todas las demás. Las dos enormes estatuas de aves rapaces emprendiendo el vuelo, que custodiaban los extremos frontales del barandal que coronaba el techo de la edificación captaron la imaginación del público.

En un principio la gente creyó que se trataba de águilas, por lo que rápidamente la sede oficial comenzó a ser denominada como “El Palacio de las Águilas”, sin embargo luego se descubrió que en realidad las figuras representaban a cóndores, poderosas aves carnívoras oriundas de la cordillera andina, cuyos dominios se extendían desde Venezuela hasta el cono sur.

Una vez superada la confusión inicial, las obras creadas por el artista Hermes Romero Villasmil, volvieron a ser epicentro de diatribas cuando las piezas originales, confeccionadas en cemento y cabilla, fueron remplazadas en 1979 por réplicas de bronce, cuyo mantenimiento resultaría más económico en el largo plazo; sin embargo el 12 de marzo de 1981 se descubrió el engaño. Los sustitutos colocados a finales de los 70’s estaban hechos de yeso pintado en color metálico, por lo que se comisionaron nuevas versiones de fibra de vidrio, mucho más livianas para la centenaria estructura y además económicas.

4.- Una sede con antecedentes penales

Según documentación oficial que reposa en el Acervo Histórico del Zulia, en 1839, donde hoy está la Gobernación existía la Corte Suprema regional, una edificación de dos pisos ubicada junto a lo que se conoció como la Casa del Chirimoyo (hoy desplazada por el Palacio Legislativo).

En aquel centro de arrestos la planta baja funcionaba como tribunales y casa municipal, mientras que en la planta alta quedaba la cárcel, una mazmorra pestilente donde los presos eran encadenados, muchas veces hasta que morían de enfermedades infecciosas causadas por la pobre higiene del lugar.

En 1841 cuando comenzaron las obras del palacio de gobierno, una sección de lo que ahora se conoce como Hospital Central, sirvió de cárcel hasta que en 1895 se inauguró el retén de Bella Vista; a pesar de esto, hay leyendas que aseguran que siguen existiendo nexos físicos y sobrenaturales entre la nueva sede administrativa y su pasado penal.

5.- Los pasadizos secretos del poder

Durante la época del caudillismo, cuando las sucesiones del poder se daban por la vía de la fuerza entre milicias rivales al mando de terratenientes, era frecuente que las sedes de gobierno contaran con rutas de escape secretas, para escabullirse de los ataques enemigos. Esta práctica siguió estando presente durante la era republicana, y mandatarios regionales como Pérez Soto, demostrarían tener una particular afición por ella.

Una vieja leyenda asegura que existe un túnel que va desde el Palacio de Los Cóndores hasta el retén de Bella Vista. Aunque este supuesto pasadizo nunca ha sido encontrado (o divulgado por las autoridades) tras las diversas remodelaciones efectuadas a la sede gubernamental y el retén, existen indicios que dan credibilidad al rumor.

Una de las claves es que el arquitecto comisionado por Pérez Soto para “modernizar” el palacio fue León Höet, quien también participó en la construcción del Palacete de Loyola (antigua residencia oficial del presidente del Zulia), donde hoy se sabe que hay túneles que comunican con otras propiedades. Adicionalmente Bélgica, la tierra natal de Höet es tan conocida por su eficiencia en la fabricación de pasajes subterráneos, que hasta existe un llamado “método belga” para acometer este tipo de obras.

Otro elemento que aporta lógica a un supuesto nexo secreto entre la Gobernación y la antigua cárcel pública de Maracaibo, es que en los tiempos en que ésta fue construida, contaba con una permanente presencia de gendarmes que servirían para proteger al mandatario regional en una situación de amenaza.

6.-  Tesoros ocultos, encontrados y robados    

Un hecho que ilustra la utilidad de una ruta secreta de escape se presentó en 1935 cuando una turba enardecida asaltó y saqueó el Palacio de los Cóndores, tras divulgarse la noticia de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez.

En la revuelta no solo fue destruido el emblema en relieve colocado en la entrada de la Gobernación que leía “Viva Gómez y Adelante”, sino que fue robada una llave de oro que utilizó el general Sutherland durante la fastuosa inauguración de la sede ejecutiva en 1868.

El periodista Jinderson Quiroz, en su libro “10 secretos ocultos de Maracaibo” cuenta que tras la inauguración del Palacio de Gobierno no se volvió a saber de la llave hasta que en 1928, durante las obras ordenadas por Pérez Soto, el formidable tesoro fue hallado oculto tras una pared, dentro de un botellón, junto con un pergamino donde figuraban los nombres de las personas que habían participado en la colocación de la primera piedra en 1841.

El hombre de confianza de Gómez ordenó colocar la llave de oro puro y 20 centímetros de largo, en un marco de madera que mantenía en su escritorio para que fuera contemplada por los visitantes. Tras el saqueo de 1935 el preciado objeto desapareció sin rastro.

7.- Ecos sobrenaturales del pasado

Con una historia que excede los casi 150 años de la edificación, es normal que proliferen relatos de supuesta actividad paranormal, cuando la soledad y el frío de la noche hacen crujir las maderas del monumento arquitectónico.

Trabajadores que han pernoctado en el palacio regional hablan de una sombra que se mueve velozmente por las esquinas, objetos que se rompen y una bruma inexplicable que embarga las dependencias administrativas mientras se oye un incesante tecleo de computadoras.

Quienes conocen los antecedentes del edificio, aseguran que se trata del alma de un alemán que murió encadenado cuando aquel sitio era una cárcel, pero se desconoce su nombre o las particularidades del tormento que lo mantienen atado a este plano terrenal, solo el pavor que infunde en quienes osan perturbar sus dominios.

 

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Archivo

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