¡Por piedad! Transporte público gratis mientras no hay efectivo

Con el aumento de la gasolina como una posibilidad inmediata, producto de la reconversión monetaria que se inicia a partir del 4 de junio, Tu Reporte plantea una propuesta a manera de pregunta: ¿Por qué no destinar parte del ingreso que se obtiene por la venta del combustible para convertir en un servicio gratuito el transporte urbano marabino?

La medida tal vez no sea sostenible en el tiempo, pero podría darle un respiro y mitigar de alguna manera el cansancio y la angustia de la población que, día a día, transita kilómetros y más kilómetros a pie, por tres razones específicas: no posee dinero en efectivo, el transporte público está escaso o simplemente no tiene recursos económicos para pagar un pasaje.

También sería un primer paso para resignificar el concepto de transporte urbano en la ciudad, que puede ser público (buses, metro, trenes u otro vehículo masivo en propiedad del Estado) o privado (carros por puesto y taxis), y reordenar de alguna manera las rutas, paradas e itinerarios.

Un ejemplo de esta propuesta podría ser MetroMara, transporte que inició operaciones en junio de 2009 con una tarifa muy por debajo del rango impuesto por los carros de cinco puestos y con dos modalidades de pago: compra de boleto en la taquilla y tarjeta magnética prepagada. Sin embargo, con el correr de los años, la escasez de papel moneda y de materia prima para elaborar las tarjetas, obligó a convertir en gratuito el servicio desde el año pasado.

¿Inconvenientes? MetroMara cubre una ruta corta que no es de las más transitadas, además los vagones se mueven con electricidad, un recurso energético bastante escaso en estos momentos en el Zulia. Pero ese es otro tema.

La prioridad del momento es ofrecer un servicio digno y económico o gratuito, que le permita a los ciudadanos ir y venir a sus trabajos, hogares, lugares de estudio, mercados y otros destinos, de manera rápida y fácil, sin tener que caminar durante horas, bajo el sol y con una temperatura que rebasa los 38 grados.

¿Se volvieron locos?

La propuesta pudiera sonar descabellada, pero no sería la primera en el mundo. En 2013 la ciudad de Tallin, capital de Estonia, se erigió como un icono al anunciar que su transporte público (buses y tranvías) no tendría costo para los residentes, como una media para reducir el uso de vehículos particulares y de esta manera el congestionamiento y la contaminación.

Y, aunque el transporte gratuito no hizo que la gente dejara sus autos para subirse al bus ni que los atascos desaparecieran, la recaudación de impuestos aumentó significativamente y la experiencia dejó un dato importante: los barrios con mayores desigualdades sociales captaron más viajeros, hasta un 10% en algunas zonas degradadas. Una muestra de hasta qué punto las tarifas del transporte suponen una barrera insalvable para algunos sectores de la población.

El 25 de febrero de este año, el gobierno alemán propuso a la Comisión Europea una experiencia piloto en cinco de sus ciudades con el fin de poner a prueba la gratuidad de los medios de transporte. Esta medida apunta a reducir la contaminación en el país y evitar sanciones de la Unión Europa, entidad que presiona a sus miembros a tomar medidas en contra de la polución.

Si la medida es aprobada, el rango de ciudades en las que se implementará se irá ampliando sucesivamente hasta llegar a las principales metrópolis del país, como Múnich, Hannover, Colonia o su capital, Berlín.

¿De dónde cobres?

En estos tiempos de criptomonedas, Petro y Criptolago, destinar un aporte específico para solventar el caos de transporte urbano deja de ser una ilusión. Qué mejor fuente para extraer el monto de la inversión, que del dinero que se obtenga por el incremento del precio de la gasolina.

Considerando que el subsidio al combustible le cuesta a la nación más de cinco mil 700 millones de dólares, es probable que el Gobierno aproveche la oportunidad para hacer un ajuste en el precio y utilice los problemas que nacen de la reconversión como excusa.

A finales del año pasado, la Comisión de Economía de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) trabajaba en una propuesta. El economista y constituyente David Paravisini aseguró durante una entrevista concedida al circuito Unión Radio el pasado 26 de diciembre, que la ANC estaría considerando un incremento por litro de gasolina de 0,0017 centavos de dólar a $0,70, el precio en el que se vende el combustible en territorio colombiano.

“Esto podría producir al país, en un primer término, 10 mil millones de dólares y con las industrias de refinación funcionando al 80 % de su capacidad podrían ser hasta 40 mil millones de dólares (…) a corto plazo”, aseguró Paravisini.

De ser correctas las estimaciones, según la séptima subasta de Dicom que ubica el precio del dólar oficial en Bs.F 49.730,92, el litro de gasolina terminaría costando 34.811,64 bolívares Fuertes o 34,8 bolívares Soberanos, por lo que un tanque de 45 litros se llenaría con 1.566.523 bolívares Fuertes o 1.566,52 bolívares soberanos. Ahí están los cobres.

Opinan los expertos

En 2015, la BBC realizó una investigación basada en un cuestionamiento: ¿Debe ser gratuito el transporte público? y sustentada en la premisa de que hay pocas decisiones tan políticamente explosivas para cualquier alcalde como las que tienen que ver con el transporte público de su ciudad, proposición que se evidencia en incontables huelgas y protestas a lo largo del mundo por parte de ciudadanos inconformes con lo que tienen que pagar por subirse al autobús.

El artículo aseguraba que los activistas en distintas naciones del mundo reclaman que el transporte público sea gratuito, como lo es la educación primaria o la atención médica. Lo que en el fondo no significa que sea gratuito, sino que su costo es pagado por toda la población a través de los impuestos.

Ofrecer transporte público gratuito no es una idea que sale del vacío. Se ha intentado en el pasado en grandes capitales, como Roma en la década de 1970. En Miami es gratuito un tren elevado que cubre la zona central de la ciudad y una flotilla de trolleys públicos.

Ciudades de muchos países, desde Londres a Bogotá, extienden pases gratuitos a ciertos grupos de la población. Los beneficios son claros. Se le alivia la carga financiera a las personas de bajos recursos que gastan una parte importante de su sueldo en el pasaje del autobús.

Pero en muchos casos, los intentos de ofrecer el servicio sin costo han tenido poca suerte. “Lo que la gente necesita, más que bajo precio, es calidad, alta frecuencia, alta cobertura, de manera que lo puedan usar cuando lo necesitan”, opina Darío Hidalgo, un consultor colombiano en temas de transporte que fue subdirector de Transmilenio de Bogotá.

Sin embargo, en ciudades con altos niveles de pobreza, como las latinoamericanas, el ofrecer transporte gratuito, representa un enorme alivio monetario para muchos que luchan para reunir diariamente la tarifa del pasaje, resume el especialista. Cualquier parecido con la realidad son cosas de la historia.

 

Redacción y fotografía: Reyna Carreño Miranda

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *