Cementerio “El Cuadrado”: ¿Podría ser una “mina de oro” sin explotar?

Por décadas el cementerio más antiguo de la ciudad ha sido un lugar de rapiña para brujos y profanadores que buscan objetos valiosos o partes de muertos para sus conjuros de magia negra, pero el verdadero tesoro de este camposanto no está en las joyas enterradas que de seguro aún ha de tener, sino en el interés histórico/patrimonial que sus ilustres residentes y elegantes mausoleos tienen para una industria multimillonaria, que en otros países ha sabido explotar con gran éxito el sombrío encanto de las necrópolis centenarias.

Hay un extraño magnetismo en el reflexivo silencio que predomina entre los sepulcros. El aroma vegetal en la brisa que transporta el canto de aves y grillos, el misterio de la muerte, las leyendas sobrenaturales y el miedo que renace cada tarde cuando el ocaso alimenta las sombras que acechan en los rincones, transforman a estos lugares en un teatro fantástico que fecunda nuestra imaginación con historias de zombies, vampiros y fantasmas de enigmáticos personajes que partieron de esta vida dejando asuntos pendientes.

Rentabilizar el pasado

Los cementerios antiguos son auténticas minas de oro turísticas para las ciudades que abrazan su legado y superan la miopía y el desinterés de sus funcionarios, ya que no solo ayudan a generar recursos indispensables para mantener y resguardar estos museos a cielo abierto, sino que brindan considerables ingresos en moneda local o divisas, que reducen la dependencia del municipio hacia las asignaciones presupuestarias del Estado central.

Poca gente lo sabe, pero Maracaibo y Nueva Orleans son lo que en el ámbito diplomático se conoce como “ciudades gemelas” o “ciudades hermanas”. Esta distinción simbólica que tiene por objeto estrechar los lazos de cooperación a nivel comercial, cultural e institucional no implica que exista un parecido físico entre las urbes, sino que comparten atributos que las hacen sobresalir en sus respectivos países.

New Orleans, en el estado sureño de Luisiana, EEUU, es famosa por anualmente convocar a millones de turistas nacionales e internacionales que van a su barrio francés en el casco histórico de la ciudad, para probar su exuberante comida, embriagarse y escuchar buena música en el Bourbon Street, una especie de Calle Carabobo con esteroides que representa un emblema de su legado multicultural derivado de un pasado con influencias de esclavos africanos e inmigrantes europeos. ¿Les suena conocida esta descripción?

Uno de los aspectos más singulares del turismo en la “cuna del jazz” es la importancia que esta ciudad le otorga a sus cementerios, especialmente a la necrópolis de Lafayette, que es el camposanto más antiguo de la localidad (1833), donde las familias prominentes -descendientes de los magnates de la época feudal norteamericana- enterraban a los suyos en fantásticos panteones de estilo neoclásico, adornados con cruces, ángeles, querubines y vírgenes labradas en exquisito mármol y traídas de Italia y Francia. ¿También les suena familiar?

En temporada vacacional, cuando la ciudad se llena de visitantes, tours guiados con aspecto de cortejos mortuorios a la usanza victoriana recorren las calles de New Orleans, acompañados por melodías fúnebres de una banda de metales, vestida con ropajes de época, pero el plato fuerte comienza en la entrada de Lafayette cuando el maestro de ceremonias/guía turístico comienza a relatar historias de fantasmas alternadas con anécdotas que ilustran la vida y obra de los distinguidos ocupantes de sus mausoleos.

Un modelo replicable

Maracaibo bien podría seguir el ejemplo de su hermana mayor, ya que en teoría cuenta con el potencial bruto y el atractivo cultural necesario para desarrollar una lucrativa industria turística que ayude a rescatar y celebre un patrimonio que debería ser motivo de admiración en lugar de lamentaciones por el abandono en el cual se encuentra.

El cementerio “El Cuadrado” que data de 1871 (pero inaugurado en 1876 con el nombre de Cementerio Nuevo), cuenta con unas 10.364 tumbas entre cuyas fosas, nichos y panteones han sido inhumados ilustres zulianos como el prócer de la independencia Antonio Pulgar; el rector inmortal de LUZ, Jesús Enrique Lossada; el poeta Udón Pérez; el médico y científico Humberto Fernández Morán; el precursor del cine nacional Manuel Trujillo Durán; el artista Julio Árraga; el doctor Jesús María Portillo; el creador de la ciudad universitaria, Antonio Borjas Romero; el magnate del desaparecido Castillo de Bella Vista, Lucas Evangelista Rincón; Don Manuel Belloso, fundador de Cobeca y el “santo” Fray Junípero, cuyo cuerpo se dice que permanece intacto en su ataúd y se hace increíblemente pesado si intentan moverlo.

El fascinante legado y las leyendas de los hombres y mujeres que yacen en este cementerio de la avenida Delicias -que solía marcar las afueras de la ciudad- son, sin duda, material inagotable para recorridos turísticos, que emulando a los de New Orleans, bien podrían ir guiados por personas  documentadas y ataviadas al estilo de la vieja Maracaibo, para luego terminar la jornada con una divertida noche de parranda y gaitas (nuestro jazz autóctono) en la Calle de La Tradición o Santa Lucía.

Las regalías que generen los operadores autorizados por la municipalidad pueden servir para crear un fondo de inversión para el desarrollo del turismo local, alimentando un círculo virtuoso que a su vez daría más sentido a la curiosa proliferación hotelera que hemos visto surgir en los últimos años.

El atractivo turístico de la ciudad primigenia reposa en parte en nuestros camposantos, pero también en un casco histórico que con algo de visión progresista y transparencia administrativa, puede inmortalizar y rentabilizar nuestras leyendas de bucaneros, fantasmas, héroes y pícaros que nos distingue como un lugar único y extremadamente interesante para personas de otras culturas.

 

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: María Alejandra Mora

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