#MaracaiboCaos: Y volvimos con “el cuento” de las baterías

A principios de abril conseguir una batería para un vehículo era considerado costoso pero relativamente fácil; bastaba con acudir a una sucursal de las empresas Titán o Duncan y hacer una pequeña cola para tener acceso al insumo -que entonces se cotizaba entre 12 y 17 millones de bolívares, dependiendo del modelo-, pero una medida del Gobierno nacional complicó todo, transformando el acceso a este producto en una misión casi imposible y potencialmente peligrosa.

Si alguna lección sobre macroeconomía han aprendido a sangre y fuego los venezolanos, es que los bienes que se regulan en tiempos de inflación galopante desaparecen del mercado formal, solo para reaparecer en un mercado secundario donde el ventajismo y la falta de escrúpulos desatan una espiral alcista mayor a la que se pretendía controlar.

De gracia a morisqueta

El pasado 17 de abril La Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde) realizó un proceso de fiscalización a la comercializadora de baterías para vehículos Duncan en Los Ruíces, Caracas, y ordenó una medida preventiva de congelación de precios en las 45 sucursales de la empresa en todo el país.

Adicionalmente el precio de los acumuladores sufrió una reducción entre 70 % y 110 %, que marcó la señal de partida para las mafias del “bachaqueo”, que rápidamente comenzaron a colapsar las afueras de las ventas de baterías para hacerse con todo el producto disponible.

Mario, un trabajador de una sucursal de Duncan al norte de la ciudad, explica que antes se manejaba una modalidad en la que los conductores asistían a solicitar una batería y se les incluía en una lista, que servía para contactar a los compradores al momento que llegara el modelo específico que necesitaba, evitando así las colas innecesarias.

“Ahora la gente viene desde el día anterior y se va estacionando en una fila de carros que en ocasiones llega a ser de dos o tres cuadras. Pasan la noche y a veces no alcanzan a comprar al día siguiente por lo que tienen que pasar más de una noche” explica el vendedor.

Para poder comprar una batería regulada, además de hacer la cola y tener la disponibilidad financiera hay que llevar los papeles de propiedad del carro y la cédula ya que solo le venderán a quien esté reflejado en el título o documento de compra venta.

La situación es más limitante al tener en cuenta que a pesar de que algunos carros pueden operar con baterías de mayor amperaje, el distribuidor solo está autorizado a despachar la que tienen indicada para los distintos tipos de vehículo.

Entre la espada y la pared

Marina Montero, un ama de casa de 40 años que hacía la cola de las baterías en la sucursal del 18 de octubre, explicó a TuReporte que es la segunda vez que intenta comprar, ya que en la primera oportunidad no tenían el modelo que necesitaba.

“Una amiga me dio un número de teléfono de alguien que las vende sin cola, pero me estaban pidiendo 65 millones por una batería de 450 amperios. Casi me da algo cuando me dieron el precio, por eso decidí volver y arriesgarme a que me asalten aquí de noche porque no puedo darme el lujo de parar el carro. No solo es que yo trabajo con mi vehículo, sino que el transporte en la ciudad es un desastre” expresó la mujer con un gesto de resignación.

A precio regulado, las baterías se venden entre 5 y 7 millones de bolívares, por lo cual los revendedores obtienen un margen de ganancia que supera el 800 por ciento.

La dramática situación y el diferencial de precios ha llevado a que los transportistas y particulares se desplacen a otras ciudades de la región donde existe un parque automotor más reducido, para poder obtener una batería regulada o revendida a menor precio que en Maracaibo.

Herminio Bejarano, transportista para el sector privado, asegura que en la Costa Oriental del Lago hay lugares donde se puede “coronar una batería” por menos de 15 millones de bolívares, pero está el detalle de ubicar el modelo que se necesita y luego trasladarse hasta allá con una batería prestada y la dañada, ya que indistintamente que se acuda a un distribuidor autorizado o a un “bachaquero”, a todos hay que dejarle la batería vieja, que también deja ganancias en el mercado de los chatarreros.

 

Redacción: Luis Ricardo Perez P.

Foto: Cortesía

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