Venta de películas “quemadas” aún es negocio en la zona de “caché”

Fernando tiene 13 años vendiendo películas y series “quemadas” en CD y DVD. Aunque admite que la afluencia de clientes ha mermado paulatinamente durante los últimos años, también reconoce que la inseguridad y el caos eléctrico han fortalecido su negocio.

“Antes, cualquiera podía comprar hasta tres películas de un solo golpe, ahora no. Si un pobre compra una película tiene que dejar de comer, por eso la venta de películas sigue dando ganancias en esta zona que es de caché”, explica para referirse a la esquina de la calle 72 con avenida 3Y donde tiene su mesón.

El vendedor comenta que el comercio de películas y series “quemadas” fue muy popular durante décadas. “Ya solo quedamos trabajando los que estamos en los lugares que frecuenta la gente que tiene medios”, asegura mientras frota con el dedo pulgar de la mano derecha las yemas de los otros cuatro dedos, en una señal de dinero.

Según refiere el “cidicero”, la competencia que podría resultar para él las series de Netflix y Youtube, así como el acceso a televisión por cable, no es sino una creencia. “La gente, aunque tenga dinero, igual se le hace difícil el acceso a Internet y TV satelital, porque le roban los cables; no todo el mundo tiene acceso a Netflix e ir al cine es una lotería con los cortes eléctricos”.

Fernando está “cómodo” con su negocio, que lo sacó del trajín de ser albañil. “Mis clientes me dicen, ‘yo prefiero comprar dos o tres películas y verlas tranquilo en mi casa, antes que salir al cine, por la inseguridad y el calor que hay ahora en los cines’”, afirma mientras atiende a un señor adulto que le pidió cuatro títulos, sin siquiera bajar por completo el vidrio de la camioneta Fortuner que conduce.

Un negocio de películas

Una película “quemada” tiene un costo de un millón 500 mil bolívares. El comerciante recuerda con una sonrisa nostálgica, que cuando comenzó en el negocio un CD costaba 10 mil bolívares “de los viejos” y si el cliente pedía más de cuatro se las dejaban en ocho mil.

Pero a partir de 2016, lo que fue un floreciente negocio ilícito, comenzó a marchitarse, por la escasez de materiales y la proliferación de canales por cable e Internet.

Ahora solo los más “cacherosos” compran tres o cuatro títulos, el resto se conforma con pedir una película por vez, una a la semana o una cada quince días, alude y rápido se asoma a la ventanilla de un Optra, donde una dama joven le pide “mi amor, tienes a Coco”.

Un día bueno, Fernando estima que puede vender entre 250 y 300 títulos, entre películas, series y novelas. “Ahorita la más pedida es Los Vengadores Guerra Infinita y hace unas semanas fue Coco. También la gente pide mucho las series como Casa de Papel, El Chapo, The Walking Dead y novelas como la vida de Diomedes, Rafael Orozco, Sin Tetas no hay Paraíso y La Reina del Flow”.

Récord de consumo de piratería

A finales de los años 90, con el surgimiento de las nuevas tecnologías de información y comunicación se originaron cambios radicales en la economía, política y educación de los países del mundo; uno de ellos, es el nacimiento de la comercialización de productos ilícitos, conocida popularmente con el nombre de “piratería”.

De acuerdo a datos divulgados en el Tercer Congreso Mundial sobre la Lucha contra la Falsificación y la Piratería, celebrado en 2007 en Ginebra, Suiza, para esa fecha el mercado de la piratería representaba el 8% del comercio mundial y significaba una pérdida de unos 100.000 millones de dólares al año para el comercio legal.

Estudios realizados por diferentes organismos mundiales contra la producción ilegal, colocaban a Venezuela como uno de los países más consumidores de productos falsificados, con un consumo promedio de 80%, según registros de la Alianza Internacional de Propiedad Intelectual (AIPI 2007).

Un privilegio de pocos

A mediados de 2015, por el aumento de los costos en las taquillas del cine, la venta de piratería tuvo un repunte. En ese momento, una salida al cine en pareja significaba el desembolso de 420 bolívares para las entradas y al menos otros 780 bolívares para cotufas y una bebida grande.

En cambio, en ese momento una película en Bluray costaba 350 bolívares y una en DVD 200, así que, por el precio de de una visita al cine se podían comprar seis películas en DVD y cuatro en Bluray.

Sin embargo, poco a poco el negocio comenzó a decaer. El precio de las “pastas” vírgenes aumentó inmensurablemente y se puso escaso el material. Así que, de aquel negocio que hizo nicho en cada esquina de Maracaibo, sobre todo en el centro de la ciudad, ya solo quedan unos pocos comerciantes que eligieron apostarse en el lugar “por donde pasan los ricos”.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Archivo

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