Ser transformista es un “arte” muy peligroso, en un mundo lleno de odio, envidia y discriminación

Fabián José Mendoza es un muchacho “normal” de 24 años. Delgado y de estatura media (1,65 metros por 53 kilos), podría pasar desapercibido en cualquier calle de Maracaibo. De hecho, viéndolo andar, con paso lento y desgarbado, su tez amarillenta, ojos marrones y cabello castaño que evidencia calvicie prematura, no desenmascaran su “alter ego”, la exuberante Fabianeth.

Él es introvertido, callado, estudia abogacía en La Universidad del Zulia y para mantenerse trabaja como estilista. Ella es una diva de los concursos de belleza gay, desenvuelta, locuaz y divina. Hasta 2016 había participado en cinco certámenes: Miss Turismo, Miss Belleza Latina, Mis Venezuela Occidente, Miss Tierra, Miss Mundo Gay, de los cuales ganó cuatro.

“Comencé a los 14 años”, comenta mientras se acomoda frente al espejo y se observa fijamente, como si la imagen delante de él fuera de otra persona. Recorre su rostro con las palmas de ambas manos, como acariciando un lienzo y desenvuelve un rollo de pinceles, brochas y pinturas de todos los colores.

“Siempre me interesaron los concursos de belleza y a los 14 años quise incursionar. Tengo un primo que vive en Colombia y es transgénero, por el conocí a otros trans. Fui de incógnita, porque era menor de edad, a ver concursar a un amigo y me enamoré de ese mundo”. A los 17 años participó en su primer certamen: el Miss Turismo Gay.

“No hablo mucho de esto”, asegura, al tiempo que aplica gruesas capas de maquillaje que van cambiando el tono y la textura de su piel. “He pasado por diferentes etapas, como todas las personas. Vivo con mi abuela, que es como mi madre, porque a mi papá nunca le pareció muy importante mi vida. A los 15 años le dije ‘soy homosexual’ y para él fue una ofensa, me botó de la casa y no quería saber nada de mí, entonces hice mi vida. Mamá vive en Bogotá, tengo tres hermanos allá y dos aquí, pero mi madre es mi abuela, quien me crió”.

Hace una pausa sin dejar de mirarse a los ojos a través del espejo, respira y prosigue. “Para mantenerme me puse a trabajar, alquilaba teléfonos, estudiaba, compraba ropa y la vendía, hice de todo. Dos años después, atracaron a papá por los lados del edificio de Enelven, en 5 de Julio, para quitarle el carro y lo apuñalaron. Quienes lo ayudaron fueron mis amigas las transformistas, mis compañeras lo llevaron al hospital y desde ese día él comenzó a cambiar, se ha ido interesando en mí y se dio cuenta de que no somos diferentes, solo tenemos otra preferencia sexual, pero somos seres humanos”.

– ¿Cuando dices “hice de todo” a que te refieres?

– Tuve que salir a la calle y prostituirme. Lo hice en cinco oportunidades en la avenida 5 de Julio, por Las Laras. Me llevó una persona muy conocida ahí, uno de mis mejores amigos que ya murió, pero no duré mucho, por la competencia y la lucha con las demás, que no les gusta que les tumben el puesto.

La primera vez estuve parado desde las 10.00 de la noche hasta las 3.00 de la madrugada sin ningún cliente, pero como a las 4.00 un señor que iba saliendo de La Roca y me invitó a montarme en su carro. Era un hombre guajiro como de 37 años y se portó muy bien conmigo. Me dijo “es la primera vez que te veo” y me explicó que era lo que íbamos a hacer, me preguntó la tarifa y dejó claro que todo sería dentro del carro. Recuerdo que en esa época se cobraban 300 bolívares por sexo oral y 500 por la penetración. Él solo quería sexo oral. Nos paramos por Citibank y al terminar me dejó cerca de mi casa. “Te voy a dar algo más porque sé que estas necesitado”, me dijo.

La segunda vez me tocó un chamo joven. Cuando estaba montado en su carro, se me cayó el bolsito y como me doble para recogerlo él pensó que lo iba a robar, se puso furioso, me dio una patada que me saco del carro y tuve que correr, porque me persiguió varias cuadras. Yo corrí como loca con unos tacones de corcho.

Como te digo, no dure mucho en “esa vida”, lo que más me decepcionó es que todas teníamos que pagarle a un hombre que nos “controlaba y protegía”. Él nos cobraba así no hubiéramos hecho nada durante la noche. Más adelante intenté publicarme en una página especial para prostitutas trans, pero te exigen tener algo operado, senos o glúteos. Al fin, mi primo y mis tías me dijeron que estudiara que ellos me iban a apoyar.

– ¿Cómo aprendiste a “transformarte”?

– A caminar con tacones me enseñó una amiga a los 12 años. De niño siempre andaba más con las niñas, aunque yo jugaba futbol y me agarraba con los varones (risas). Nunca tuve muñequitas, lo que me gustaba era peinarlas.

A los 13 años mi primo me prestó unas cosas y yo mismo me maquillé y me vestí, pero profesionalmente fue Isidro Linares quien me enseñó maquillaje y estilismo, él ha sido mi madre en los concursos. Yo empecé a trabajar con él, le conté mi historia y se conmovió, porque tampoco tuvo el apoyo de su madre. Miguel Ángel Azuaje es el padre que perdí, me ayudó con ropa, zapatos, me ha dado más que mi papá, lo que soy se lo debo a él.

En maquillaje un hombre se lleva el doble que una mujer, por eso es muy costoso. A mí me gustan mucho los vestidos, las faldas, al principio no podía ver un tacón porque me lo quería poner, pero ahora ya estoy más reposado. Esto me atrae como arte, pero no como modo de vida, lo hago cuando quiero sentirme mujer.

– ¿Y que sientes cuando te vas transformando?

– Cuando me visto de mujer siento que vivo una fantasía, me siento y quiero ser una mujer, me imagino saliendo de este cuerpo de hombre y convirtiéndome en ella, lo demás lo completa el vestuario y la peluca. Soy una mujer en el cuerpo de un hombre. Pero ser transformista es un “arte” muy peligroso, porque este mundo está lleno de odio, envidia y discriminación.

– ¿Has pensado en un cambio de sexo?

– Lo pensé… pero no sé, aún no he tomado la decisión. Yo cuando me visto de mujer me siento mujer, pero a veces quiero ser hombre… me canso de la peluca, del tirro, del maquillaje y me provoca mandar todo a la M…, al fin y al cabo lo que me apasiona es la transformación.

– ¿Te has enamorado?

– ¡Claaarooo! Tuve un novio que me salió diciendo que no era gay luego de 10 años de relación, que esto no es lo que él quería para su vida, que no quería vivir oculto… Pero cuando uno se enamora, se entrega, se enfrasca… La gente dice que nuestras relaciones son diferentes, pero yo creo que son más difíciles, porque somos promiscuos, muy “putos” y cuando nos enseriamos tal vez ya es muy tarde. Esa persona es la que yo quería para mi vida, aunque he conocido como tres personas más, la separación me afectó, sobre todo cuando me dijo que quería tener novia e hijos, yo le respondí “que te aproveche y te deseo lo mejor”. Él le presta atención al qué dirán y a mí no me importa, cree que estando con una mujer y escondiendo lo que es va a ser feliz.

– ¿Haces el amor con tu pareja vestido de mujer?

– Dos o tres veces lo hicimos como juego, porque acababa de ganar un concurso y fue como un regalo (risas), pero usualmente no lo hago, yo soy homosexual, pero soy Fabián. También está el tema de tener relaciones con mujeres, una vez probé con una amiga y no me gustó. A mí me gustan los hombres, bellos de cara, bajitos, delgados y ajenos a este medio, porque aquí somos muy putos, algunos no se respetan unos con otros.

– ¿Hasta cuándo participaras en concursos de belleza?

Participaré hasta que me canse. Estoy pensando en retirarme, pero no es fácil, nosotros somos tan porfiados, que aunque perdamos queremos seguir, pero en este mundo hay mucha competencia, por el divismo, por ser la más bella, la más perfecta. También hay mucha maldad y odio. Una vez me robaron el bolso con todo y me tuve que ir vestida de mujer a mi casa, me dejaron en la calle, hasta sin pasaje. Quedé como cenicienta.

– ¿Cómo te ves dentro de 15 años?

– Me veo con un bufete, ayudando a mi gente y a mi abuela. Ella me ha visto así vestida, y se ríe y lo disfruta, va a los concursos y me aplaude, verla ahí es lo que me da fortaleza. Pero bueno, me veo graduado, luchando por mis derechos, con familia propia, hijos adoptados y siendo feliz, aquí en Venezuela. Tal vez valla al trabajo un día como Fabián y otro como Fabianeth, no voy a perder profesionalismo con vestirme de mujer.

Con la última frase pasa sus manos alrededor de su silueta, como señal de reafirmación. Se cumplió la metamorfosis, ahora ella, la diva, la reina, se entrega en cuerpo y alma al lente fotográfico que la hará inmortal.

Redacción: Reyna Carreño Miranda.

Fotografías: Norge Boscán.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *