Torre Cristal, una morena que cautiva de lejos y asusta de cerca

Este prisma semicircular de vidrio negro montado sobre una caja gris, cubierta en porcelanato, es una obra que desata pasiones en 5 de Julio con la avenida 11. Algunos espectadores la comparan con una gigantesca licuadora y otros afirman que su estilo recuerda a edificios emblemáticos de Caracas como el centro Banaven (El Cubo Negro) y Parque Cristal, dando al bulevar un aire más mundano y cosmopolita; sin embargo hoy la torre se encuentra casi vacía. ¿Por qué?

Edificada a principios de los 90’s en una parcela de 1.244 m2, con un área de construcción de 8.762,16 m2, distribuidos entre 19 pisos, 94 puestos de estacionamiento y 34 espaciosas oficinas con vista panorámica, este desarrollo promovido por Elías Hamasian, estaba ideado como la torre empresarial más moderna de la ciudad, pero algunas decisiones desatinadas afectaron su enorme potencial.

Su cuestionada valoración estética y falta de espacios públicos que aporten al urbanismo local son interminable materia de debate en los foros digitales sobre arquitectura marabina, pero el consenso entre especialistas y usuarios radica en dos aspectos que explican en gran medida por qué tan ambicioso proyecto no levantó vuelo en el mercado inmobiliario corporativo.

De wow a !uy¡

Contemplar de lejos el edificio y visitarlo son dos experiencias diametralmente opuestas, algo parecido a piropear a una chica que va caminando por la calle, para luego retractarse y salir huyendo al detallarla más de cerca.

Lo primero que asalta los sentidos y hace “literalmente” retorcer el estómago es la infame rampa de acceso al estacionamiento. No solo la exagerada inclinación de la pendiente representa un reto para cualquier vehículo que no posea doble tracción, sino que el techo del marco de entrada da la sensación de estar peligrosamente bajo.

Una vez coronada la cumbre tras la dificultosa escalada, está el ángulo del borde superior que raspa a los vehículos de chasis largo, como los monumentales reductores de velocidad que hay en la vía hacia Cabimas.

El descenso es otra pesadilla. La misma pendiente que hizo parir a la caja del vehículo en la subida, ahora causa vértigo de bajada. Casi recuerda a la primera caída de una montaña rusa en los parques temáticos de Orlando, Florida, pero ésta es más emocionante, ya que en la base aguarda una concurrida vía que representa un potencial peligro de choque para carros con los frenos largos.

La mera idea de tener que atravesar por semejante calvario todos los días al entrar y salir del trabajo, seguramente habrá hecho desistir a más de un comprador o arrendatario, y provocado la renuncia de alguno que otro empleado.

Efecto invernadero

El segundo gran problema del edificio no es de diseño, sino de selección de materiales. Las fachadas de vidrio suelen ser de gran popularidad en climas fríos ya que producen una extensa superficie por donde penetra la luz natural, así como la radiación solar, pero en este caso, el ahorro energético que puede darse en materia de iluminación se pierde con creces en gastos de refrigeración, ya que en una ciudad como Maracaibo este efecto invernadero se transforma en un horno de convexión que aniquila la eficiencia de cualquier sistema de aire acondicionado.

A diferencia de otros edificios con uso extensivo del vidrio en su fachada, Torre Cristal no tiene un diseño bioclimático apropiado ni usa materiales inteligentes como vidrios polarizados fotosensibles o dobles que dejan un espacio de aire entre el interior y el exterior, a manera de aislamiento térmico.

En lugar de optar por cristales de espejo, que reflejan la radiación e integran visualmente la estructura con el entorno, se escogió un color negro semi-opaco, que lejos de proteger como unos lentes de sol oscuros, absorbe energía calórica, de la misma forma en que una persona vestida de negro suda más que una vestida de blanco bajo el fulgor del mediodía.

Esta situación es remediable, pero requiere de un costosísimo remplazo de casi toda la superficie exterior, sin mencionar que tampoco resuelve el nada sutil problema de la rampa vehicular.

De tripas corazón

Aunque la torre es la sede de un reconocido instituto de idiomas y otras compañías de diverso tamaño, la baja densidad ocupacional de sus espacios ha hecho mella en la generación de recursos para que el condominio del edificio brinde un mantenimiento adecuado a las instalaciones.

De cerca puede verse como la condensación provocada por el contraste entre el infierno exterior y los aires acondicionados a toda mecha, ha ido opacando los bordes de los cristales, afeando ligeramente la fachada.

A su favor, la obra tiene una espectacular vista panorámica de casi 360 grados que ningún otro edificio de oficinas en la ciudad puede igualar y su diseño elevado con superficies lisas lo hacen imposible de ignorar, razón por la cual empresas de publicidad exterior lo han utilizado como una enorme pancarta para mercadear cervezas y otras bebidas alcohólicas.

Este uso puede no ser del completo agrado de la comunidad arquitectónica, pero ciertamente representa una muy necesaria fuente de ingresos que alivia en alguna medida la escasez aportes al condominio.

Quizás el mejor momento de Torre Cristal aún está por llegar. Cuando la ciudad ofrezca un sistema de transporte eficiente que haga obsoleto el uso de vehículos particulares para ir al trabajo y los edificios se revistan de materiales que transformen el calor en energía eléctrica -como ya ocurre en otros países-, mientras tanto la encumbrada y circunspecta morena seguirá coqueteando en la distancia.

 

 

Redacción y Fotografía: Luis Ricardo Pérez P.