Alerta: ¿Se está quedando Maracaibo sin damas de compañía?

Su carta de presentación es la lujuria, pero también venden fantasías y a veces sin saberlo, hasta cierta forma de terapia contra la depresión, traumas y obsesiones. Antes los periódicos mostraban directorios repletos ofreciendo servicios de “masajistas”, pero hoy solo un puñado de clasificados persiste en la sección de adultos de un diario local.

El tema del sexo como mercancía siempre ha sido materia de encarnizados debates signados por una doble moral, donde quienes más lo critican también suelen ser los más intrigados por éste. Por tales razones, una vez más recomendamos a los lectores pudorosos e impresionables detenerse en este punto y pasar a otro tema más acorde con su sensibilidad. Si usted decidió continuar en este punto, considérese advertido.

La vieja escuela

Katherine es una chica atrevida y sexy que complace todo tipo de fantasías, tiene bonito cuerpo y atiende a hombres o parejas a domicilio y en hotel, al menos así lo afirma en su anuncio publicado desde hace varios meses en un medio impreso de la ciudad.

Son las 6.30 de la tarde y el teléfono repica. Al otro lado atiende una vocecita aguda y temblorosa. Al escuchar su “nombre artístico” sabe que llegó la hora de trabajar y cambia de disposición. El timbre sigue siendo débil y quebradizo pero de alguna forma se nota mas resuelto. “Hola mi amor como estas”, dice Katherine, como si hablara con un viejo amigo.

El bullicio de fondo y alguna instrucción a un chofer delata que va en un carro -tal vez hacia su próxima cita de trabajo-; sin embargo la joven no se inmuta y comienza a responder interrogantes que atañen a su modus-operandi, servicios y tarifas.

“Es por hora. La primera sale en Bs. 300.000 (aproximadamente $3 a tasa de cambio no oficial), pero si son dos horas son 350.000 ($3,5)”, afirma Katherine antes de aclarar que las parejas tienen otro costo.

Una de las fantasías más trilladas e inalcanzables de la sexualidad masculina es el menage a trois, popularmente conocido como trio. La dificultad principal de este esquema no es solo encontrar una fémina que acceda a compartir la intimidad y a su compañero con otra representante de su mismo género, sino hallar también a una “invitada” que se preste a semejante propuesta. Es aquí donde los servicios de “Kate” entran en juego.

“La hora para parejas sale en Bs. 600.000 ($6) y 700.000 ($7) por las dos horas. Eso incluye todo tipo de caricias, masajes, penetración y sexo oral para ambos. Eso sí, con protección”, acota la chica de negocios, mientras asegura que está disponible todos los días y a cualquier hora.

Lógicamente la modalidad de pago es en efectivo, ya que una transferencia bancaria implica dar información sensible en una transacción donde ninguna de las partes quiere exponerse.

Esto representa una complicación adicional para las trabajadoras sexuales ya que la crisis de efectivo y la devaluación hacen extremadamente engorroso a sus clientes contar con la liquidez, además de la incomodidad y riesgo de andar con bultos de dinero que ya no caben en la mesita de noche.

Tiempos de cambio

El servicio de “escort” está pasando por un momento de transición. Al igual que muchas otras ocupaciones, han sufrido los embates de la fuga de talento humano producto de la crisis. Así lo afirma “Andrea”, una dama de compañía oriunda de Maracaibo que ahora trabaja en el exterior.

“Antes el negocio era bueno en Maracaibo y uno podía viajar a otras partes del país para atender clientes, pero ahora todo se ha vuelto muy complicado. Una amiga me habló de los viajes a Colombia, Aruba y Panamá y desde que comencé más nunca he vuelto a trabajar en Venezuela porque ya no vale la pena”, asegura la joven de 32 años.

Al igual que la venta de automóviles o apartamentos que antes se hacía por clasificados en los periódicos, la oferta de servicios sexuales se dolarizó y tecnificó, llevándola a los portales web. Sexycaracas.com, rumbaescort.com y vz.skokka.com son solo algunas de las páginas donde ahora se encuentran avisos como “Estudiante universitaria full complaciente, discreta y disponible para caballeros”.

La ventaja del formato, en contraste con el deslucido clasificado de Katherine, es que estos sitios web funcionan como un catálogo virtual donde el usuario cuenta con múltiples fotografías de damas, caballeros y transexuales, descripción de especialidades, tarifas y servicios, para escoger exactamente lo que quiere.

Si bien existen prestadores de servicios independientes, también hay numerosas agencias de escort inscritas, con nombres corporativos que facilitan las operaciones a la hora de pagar por transferencia y en algunos casos hasta crédito.

Los precios por hora oscilan entre los Bs.300.000 ($3) y 1.000.000 ($10) por hora, pero escalan rápidamente al compás de la hiperinflación. Aunque la mayoría de la oferta se concentra en la capital, existen algunos perfiles por zona (incluyendo a Maracaibo), lo cual no es limitativo ya que muchas de las escort indican “disponibilidad para viajar a otras regiones” si les cubren los viáticos.

En resumen, las trabajadoras sexuales lejos de desaparecer, simplemente han ido migrando hacia mercados más rentables, demostrando así que en el negocio de las prepago, como lo dice su nombre, el dinero siempre va por delante.

 

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Archivo

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