Fundación Empresas Polar impulsa la economía de la colaboración: La tecla que hace despegar a los emprendedores

“Los maravillosos siete” existen y viven en Santa Lucía. Es un club de emprendedores anclado en la pintoresca y tradicional comunidad de la capital zuliana. Lo integran Rosana, Nubia, Yadira, Jorge, Antonio, Norelis y Ramón o lo que es lo mismo: una juguetera, la gestora de una posada, una cosmetóloga, dos ecoagricultores y dos especialistas en alimentos.

Rosana y Nubia acudieron este martes al Hotel Maruma, donde Fundacion Empresas Polar celebró la primera edición del Encuentro #AtréveteAEmprender Economía Colaborativa, un evento que, según Yohana Molina, coordinadora en la región occidental de la Fundación de la organización, se promoverá además en Caracas, Maracay, Valencia, Barquisimeto y Barcelona.

Rosana narró cómo gracias a la Fundación Nuevo Amanecer y a la conexión con Fundación Empresas Polar cada uno recibió apoyo en materia de formación y en su caso muy particular, respaldo financiero para contar con equipos para elaborar sus juguetes. De allí la importancia de la orientación.

Uno de los músculos de la Fundación es la línea de Capacitación para el Trabajo y Emprendimiento, con la formulación y ejecución de programas, talleres e iniciativas en seis territorios del país: metropolitano, centro occidente, occidente, centro y valles centrales.

“El objetivo de la actividad es inspirar al público asistente a continuar desarrollando su negocio en el país. Aquí se exponen experiencias y casos de emprendedores formados por la fundación. Dan cuenta de sus aprendizajes y las claves de su éxito”, detalla Molina, quien estima que en la actividad participen más de 1.200 personas en todo el país.

Marielis Daza es licenciada en Educación, mención Historia. Cuando habla de su experiencia le salta el corazón. Se puede sentir en su voz entrecortada y mirada ágil. Ella comenzó a construir su empresa Dulce Ponqué de manera clandestina. “No podía cumplir los gastos para mi postgrado en la Universidad en 2012”, recuerda. “Así comencé a hacer tortas y ponquesitos para generar ingresos extras”.

Daza, quien es madre de tres hijos, cuenta que una amiga vendía sus productos porque a ella le daba vergüenza hacerlo por su condición de profesora en la institución. “No lo veía como una empresa a futuro”, asegura. Marielis pensaba que la gente la iba a menospreciar, aún así, en febrero de este año se graduó gracias a unos productos que se hicieron populares gracias a las exigencias de la clientela.

Ella aceptó que lo que inició como un hobby y a la vez un oficio para generar dinero extra es  un negocio productivo. La capacitación de Fundación  Empresas Polar fue determinante en elevarle el autoestima, en hacerla creer. “Yo estaba anónima. La capacitación me ayudó para que yo pudiera crear mi modelo de negocios, a canalizar mi marca. Ellos creyeron en mi, yo no creía. En Venezuela sí se puede emprender”, suelta.

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Vanesa González es la primera exponente en el evento y coach empresarial. Viene del Club de Emprendedores de Valencia. Ella habla de la economía de la colaboración, una fórmula que nació en Europa y es catalizada en Venezuela por Fundación  Empresas Polar y el movimiento nacional de clubes de emprendedores, un poderoso gestor y un poderoso conector.

La economía de la colaboración es un mecanismo que genera oportunidades de crear valor e innovar en modelos de negocios más económicos, ecológicos y sociales, facilitando la manera de producir, consumir, financiar, aprender e intercambiar bienes y servicios.

Unos 300 emprendedores tratan de conocer experiencias y exponer sus situaciones. El concepto es interesante por su autosustentabilidad y ese luminoso pelambre de oro que resulta de la apuesta ganar-ganar, con base en la absorción de experiencias, conocimientos e intercambio de potencial logístico y económico.

“Este nuevo concepto lo trae Fundación Polar a Venezuela, pero es una práctica a nivel mundial. Con la economía de la colaboración se activan distintos factores. Es importante la capacidad de imaginación y de negociación. Yo te alquilo esto, tú me alquilas aquello”, suelta.

Al ejemplificar, habla de su emprendimiento: Veggie Food Venezuela, una empresa que fabrica alimentos vegetarianos. A una emprendedora dueña de una panadería le alquiló un horno de dos cámaras que no estaba utilizando, a un precio muy por debajo del mercado. “La idea es consolidar equipos humanos que ofrezcan bienes y servicios con autosustentabilidad”, detalla.

González resalta que para que la economía de la colaboración florezca es importante contar con plataformas tecnológicas que permitan conectar a los que tienen la necesidad con los que tienen la disponibilidad. Otro factor determinante es la reputación de cada emprendedor como una medida necesaria para obtener confianza. “Es vital además la integración de comunidades orientadas al servicio y dispuestas a compartir y crear bienes y servicios”, cuenta.

La palabra crisis es un obstáculo para cualquiera, pero para otros es sinónimo de oportunidades. Diana González, del Club de Emprendedores de Barcelona, estado Anzoátegui y propietaria de una tienda de repostería, detalla una experiencia enriquecedora por la escasez de insumos para elaborar sus tortas.

“Una vez en una reunión del club de emprendedores había una chef que estaba hablando de cómo se podía sustituir la materia prima para la elaboración de algunas comidas y tortas y explicaba que no todos los ingredientes se comportan igual y tras una rica conversación nos preguntamos cómo hacían los venezolanos en la época de la colonia para cantar el cumpleaños feliz”, cuenta frente al auditorio.

El resultado de la conversación terminó en la revisión de una investigación interesantísima que nos permitió nutrirnos. Por ejemplo, la Torta Bejarana no contiene harina de trigo ni azúcar y muy pocos huevos. Siempre agradezco esa oportunidad que tuvimos de conectarnos. Aprendí muchísimo”.

 

Redacción: Raúl Semprún

Foto: Alejandro Paredes Pérez

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