La “triste” historia del pernil CLAP en Navidad

Miguel Hernández no podía creer lo que escuchaba. “Vamos a rifar seis kilos de pernil CLAP entre la comunidad. Habrá tres casas ganadoras, que deberán pagar 300 soberanos por la pieza de dos kilos”.

Mientras Magali Acosta, miembro de la “estructura” comunal de una zona del barrio San Pedro en Maracaibo, intentaba explicar el por qué no había suficiente pernil para todos, Miguel la media a través del odio que embargaba su corazón socialista, ese mismo que una vez le perteneció a la revolución.

“Pero bueno chica, si el presidente dijo que había pernil CLAP para todos”, alegaba el hombre con la certeza de que era imposible cometer un mismo error dos veces. “Mira Migue, yo solo cumplo ordenes de arriba. Dame tu número de cédula si queréis participar”.

Con estupor anotó los siete dígitos de su documento de identidad en una hoja arrugada y se quedó rascándose la cabeza en la puerta de su casa. “Es 23 de diciembre” pensó y con resignación comenzó a hurgar en el bolsillo del pantalón para buscar su cartera.

No hay pernil CLAP en Navidad

Pero no habían pasado ni tres tragos amargos por su garganta, cuando vio que Magali venía de vuelta por la acera. “Ay Migue, malas noticias. Ya no vamos a rifar el pernil… Como es tan poquita cantidad se decidió dejarlo para los miembros de la estructura”.

Completa la frase, Magali dio media vuelta y lo dejó sin la posibilidad de una queja. “Pero bueno chica, qué vaina es esta. Cuál estructura, malandros es lo que son, muertos de hambre”, le gritó el hombre, hasta que la vio desaparecer al doblar la esquina.

“¿Qué tal?” le comento Yoleida, su vecina próxima, quien se había pegado a la cerca para escuchar mejor el “brollo”. “Yo se los dije, si este fuera un socialismo de verdad, ellos agarran eso perniles y les dan aunque sea una cucharada a cada casa. O hay pa’ todos o no hay”.

Miguel suspiró y asintió con la cabeza. “Por eso estamos así, porque cada quien solo piensa en sí mismo y los demás que se jodan”.

De nuevo y con la misma piedra

La “triste” historia del pernil CLAP amenaza con convertirse en un clásico tradicional en Venezuela. En 2017 se suscitó un escenario parecido, que movió la opinión pública y el descontento de los venezolanos.

El 13 de diciembre de 2017, el entonces ministro para la Agricultura Urbana y Periurbana, Freddy Bernal, informó que se detuvo a 180 personas por desvíos en la distribución de alimentos provenientes de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP).

Para ese entonces se habló de retención del producto en Colombia, que los perniles llegaron tarde o que se estropearon en el trayecto.

Este año, el presidente Nicolás Maduro les ofreció a “seis millones de familias de los CLAP” que distribuirían más de 20.000 toneladas de pernil a través de los comités y en ferias de campos soberanos.

Este año ya van más de 100 detenidos en todo el país, pero no por corrupción, sino por protestas ante el incumplimiento en la entrega de los perniles.

Una leyenda navideña

El pasado 3 de diciembre, la Gobernación del Estado Zulia a través de la Secretaría de Alimentación y los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), recibió 40 contenedores con perniles y 49 contenedores de cajas CLAP, para distribuir a los zulianos a propósito de las fiestas decembrinas.

Eduardo Álvarez, jefe de distribución de las cajas CLAP, mencionó que “esta es la primera entrega de cajas de alimentación y perniles que llegan al Zulia este diciembre y serán desplegados a nivel regional para cada ciudadana y ciudadano”.

Por su parte, el secretario de Alimentación, Zoilo Araujo, expresó que el buque con los contenedores llegó con un total de 500 toneladas de pernil, las cuales se entregarían a los hogares zulianos en los próximos días en todos los municipios de la región.

Sin embargo, el 5 de diciembre, Diosdado Cabello aclaró que las 20.000 toneladas de pernil no estarían al alcance de todos los venezolanos, sino “que se le dará prioridad a los que menos tienen”.

La cuestión es que ni los que tiene ni los que menos poseen le vieron la cara al pernil. Solo las estructuras, algunos empleados públicos y uno que otro favorecido pudo saborear el manjar navideño que de promesa gubernamental pasó a ser una leyenda navideña.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Archivo

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