#MaracaiboCaos: una ciudad sin semáforos es una sociedad sin frenos

“A María Josefa la salvó Dios”. El sexagenario se seca la frente con un “pañito” rojo descolorido, que dobla perfectamente para regresarlo al bolsillo izquierdo del pantalón. María Josefa es su compañera de 40 años, quien estuvo a punto de morir arrollada en la intersección de la Circunvalación 2 con la avenida Sabaneta, en el sector La Matancera.

“Hace uuuuufff que se no hay semáforos aquí”, comenta y acompaña la expresión con un movimiento de mano que confirma que esa onomatopeya significa al menos un par de años. “Esta esquina es peligrosa, se llama La Matancera por la cantidad de gente que atropellaron aquí cuando no había semáforos. Ahora están dañados y los choferes no le dan paso a uno”.

La vivencia de esta pareja de adultos mayores se convirtió en el día a día de los marabinos. La carencia de semáforos le quitó los frenos a los conductores en la ciudad y pareciera que ya no se respeta el derecho de los transeúntes y la vida del otro, en medio de la premura por llegar a cualquier lugar.

Incluso, en los lugares donde los semáforos aún funcionan los conductores pasan sin ver las luces rojas, verdes o amarillas, simplemente “porque nadie les para. A veces funcionan las de un lado, pero las del otro están malas, así que es más peligroso guiarse por ella. Yo voy alerta y observo para verificar a los peatones y a los otros carros”, comenta Andrés Añez, chofer desde hace más de dos décadas.

Para el conductor, parte del problema radica en que “hay mucha gente joven el la carretera. Los chamos no conocen de señales de tránsito ni le paran a nada. Imagínese sin semáforos que los detenga, esto es un bochinche”.

Ciudad sin frenos

Más allá de la situación de caos urbano que significa una ciudad sin semáforos, está el componente psicológico que entraña una sociedad sin frenos. “La vida sin semáforos significa no tener nada que te detenga, que te diga cuando puedes avanzar, cuando esperar y cuando quedarte quieto. Esas luces de tres colores que están en las esquinas de las grandes ciudades para regular el tránsito, también se encuentran en nuestro día a día”, afirma la psicóloga Giovanna Hernández.

Según la especialista, lo ideal sería que cada quien forjara una conciencia de respeto hacia los demás y hacia la integridad y la vida ajena y propia. “El semáforo es una barrera, algo que te impone una norma, pero que bueno sería que, en medio de esta carencia, los conductores pudieran aprovechar para cultivar el respeto y la convivencia. Sobre todo porque en un accidente de tránsito, están en riesgo tanto la vida de los transeúntes como la de los tripulantes de los vehículos”.

El problema de que haya una luz roja en el semáforo es que luego, al cambiar a verde, “todos quieren salir corriendo porque ya tienen ‘el permiso’. Si estas señales desaparecen, el conductor tiene dos opciones: respetar y ser precavido, por instinto y solidaridad, o deambular sin ningún tipo de frenos”, asegura la especialista.

Una situación de larga data

El problema de los semáforos en Maracaibo comenzó hace al menos tres años, con el deterioro paulatino por las fluctuaciones del servicio eléctrico y por robos. La escasez de equipos impide la rápida restitución de los aparatos, los cuales se reparan al ritmo que la escasez de materiales lo permite.

Desde la administración pasada en la Alcaldía de Maracaibo se iniciaron operativos para recuperar los semáforos en las principales intersecciones de la ciudad. En julio de 2016, el Instituto Municipal del Transporte Colectivo Urbano de Pasajeros de Maracaibo (Imtcuma) atendió los semáforos ubicados en 35 intersecciones viales de Maracaibo, 20 de ellos fueron reparados y en 15 se realizó la sustitución de luminarias y de bombillos incandescentes.

Un año después, en agosto de 2017, la propia alcaldesa, Eveling de Rosales, encabezó un operativo intensivo de recuperación de 56 semáforos, que incluyó reposición del  cableado, tarjetas inteligentes y recuperación de las estructuras, con una inversión que superó los 200 millones de bolívares.

Las reparaciones continúan

En la actual gestión, el alcalde Willy Casanova comenzó, el pasado 17 de abril, un plan de mantenimiento correctivo y semaforización, que comprende la sustitución, reparación y remodelación de más de 300 semáforos afectados en la entidad. Aseguró que, con el aporte realizado por el Gobierno Nacional de 101 mil millones de bolívares, serían atendidas un aproximado de 80 intersecciones en todo el municipio.

El pasado 25 de mayo, según reseñas de prensa, se anunció la continuidad del plan de mantenimiento correctivo con la reactivación de 80 semáforos, así como la sustitución de lámparas y cableado eléctrico. Sin embargo no se detalló el lugar preciso donde se realizaron los trabajos.

Con esta inversión y el proyecto de recuperar más de 300 equipos, en un futuro cercano, Maracaibo podría sortear la cotidianidad caótica que produce el tránsito desenfrenado, anárquico, donde todos se “matan por pasar primero” y donde la seguridad propia y ajena vale menos que unos pocos segundos de espera. Algo muy característico de #MaracaiboCaos.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Archivo

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