Los visitantes del “Bellas Artes” se estacionan sobre la herencia del “último conde de Maracaibo”

El Centro de Bellas Artes es una institución cultural que recibe más de 6.000 visitantes al mes. Si en los últimos 30 años usted ha asistido a alguna de las numerosas actividades que tienen lugar en el ateneo marabino, es probable que se haya estacionado en un lote vacío, ubicado frente al CBA, entre lo que hoy es Sugar Factory y unos tenebrosos edificios abandonados, que forman parte de la herencia dejada por el “último conde de Maracaibo”.

Los enigmáticos edificios, bautizados como residencias 24 de Julio, por ser el nombre que antes se usaba para referirse a la avenida 3F, constituyen lo que solo podría definirse como un caso de “bipolaridad inmobiliaria”.

En el extremo más cercano a Cecilio Acosta -cruzando la calle frente a la entrada de los músicos del teatro- la mitad del conjunto es perfectamente funcional. Pequeños módulos habitacionales de tres plantas con paredes y rejas blancas y una arquitectura reminiscente del estilo Art Deco, albergan desde la sede una escuela de psicoanálisis, hasta estudiantes universitarios y un puñado de familias. El extremo más cercano a la calle 68A hoy recuerda a la escenografía de alguna de las películas de la saga Martes 13, pero no siempre fue así.

Durante los años 80’s el bloque que se encuentra actualmente abandonado y tapiado con una pared que lo separa de la parte habitada, era la sede de una de las clásicas picardías maracuchas. En la planta baja que daba hacia la calle 3G había un secreto a voces. La historia cuenta que un supuesto trabajador de la CANTV tenía una línea directa para llamadas internacionales y por una módica tarifa plana los habitantes de la capital zuliana hacían citas para hablar por horas con sus familiares en el exterior.

Con el pasar de los años el deterioro y complicado estatus legal de la propiedad hizo que la desidia, el óxido y la morosidad de los servicios públicos dejaran inhabitable la estructura, mientras del lado derecho los ocupantes permanecieron bajo un esquema de arrendamiento que persiste hasta la actualidad.

Las residencias 24 de julio forman parte de un inmueble de 8.058,82 M2 en donde también operan los locales de Sugar Factory y Pizza Ya. La propiedad a su vez está vinculada con las casas ubicadas en la intersección de la av. 3F con calle 68A, y otro inmueble formado por la quinta identificada con el Nº 3F 90 y su terreno de 944,55 M2, situado en la misma cuadra del lado de la  3G, según detalla el documento protocolizado ante la Oficina Subalterna de Registro del Distrito Maracaibo, Estado Zulia, el 4 de junio 1942, bajo el Nº 182. Protocolo 1º. Tomo 1º.

Este compendio urbano, administrado por Eglee Josefina Rincón, mejor conocida por los arrendatarios como “la señora Puly”, forma parte del patrimonio sucesoral dejado por su abuelo, Lucas Evangelista Rincón Rincón, un conocido magnate zuliano, quien gracias al negocio de los tranvías que operaban en la ciudad y las posteriores concesiones de la Ford Motor Company, compró el título nobiliario de “Conde de Bocanegra” y amasó entre los años 20’s y 60’s un imperio inmobiliario, cuya propiedad más emblemática fue sin duda el “Castillo de Bella Vista” (también llamado Castillo de Lucas Rincón), del cual hoy solo queda un torreón entre las calles 73 y 74.

Tras la muerte del “último conde de Maracaibo” el 30 de septiembre de 1968, a la edad de 89 años, su patrimonio ya disminuido pero aún considerable, quedó entrampado en un litigio sucesoral donde la viuda, Aura María Colmenares y los cuatro hijos legítimos (Oswaldo Darío y Olga Margarita Rincón Meléndez y Oscar Enrique y Lucas Alfredo Rincón Colmenares) cuestionaban la paternidad del extinto potentado hacia su hija natural Bertha Elena Rincón de García.

De los hijos del magnate ninguno sobrevive a la fecha, aunque la disputa persiste a través de los descendientes de Oswaldo, quienes en octubre de 1992 apelaron un fallo de 1991 que reconocía los derechos de Rincón García y sus hijos sobre la 1/5 parte de los bienes que integran la sucesión de Lucas Evangelista Rincón. La apelación fue rechazada 20 años más tarde en junio de 2012, mediante una ponencia de la jueza Imelda Rincón Ocando.

Según datos derivados del expediente 10.993 del Juzgado Superior Primero en lo Civil y Mercantil de Zulia, lo que queda de las propiedades de Rincón sigue afectado por una prohibición de enajenar y gravar decretada el 27 de noviembre de 1989, situación que probablemente explica por qué los apartamentos hoy abandonados frente al CBA, no han sido demolidos para aprovechar tan privilegiada ubicación en un desarrollo más digno de la zona.

El pleito que inició en marzo de 1970 y ya lleva más de 47 años y dos generaciones, probablemente terminará pasando a los hijos de los Rincón Paz (del lado de Oswaldo) y los García Rincón (del lado de Bertha). Hasta la fecha se ignora si alguien heredó el título de “Conde de Bocanegra”.

 

Para más información puede ingresar a:

Decisión de Juzgado Superior Primero en lo Civil y Mercantil de Zulia, de 19 de Junio de 2012

 

Redacción y fotografía: Luis Ricardo Pérez P.