Las cosas insólitas que los zulianos pagan con transferencias, por falta de efectivo

Más que un chiste viral para las redes sociales, la foto de un carrito de helados que acepta transferencias bancarias como forma de pago, esconde el pavoroso grito de auxilio de una sociedad asfixiada por la falta de dinero en efectivo.

Mientras los economistas y políticos debaten sobre las causas del descalabro monetario en el país, la inflación y la escasez de billetes corretean a los ciudadanos por la senda de la desesperación, dando origen a situaciones cotidianas que rayan en lo absurdo.

Preguntar en un recinto lleno de gente “qué es lo más insólito que ha tenido que pagar vía transferencia, a causa de la escasez de efectivo”, equivale a lanzar un puñado de bicarbonato en un vaso con vinagre. La reacción se desborda rápidamente con respuestas que desafían la capacidad de asombro.

Hay que resolver

Neuro Farías, un abogado de 38 años, asegura que Venezuela es “un caso distópico digno de estudio en la historia universal”, ya que mientras toda la región avanza hacia la modernidad, el país parece emprender una huida en reversa que va más allá del estancamiento.

“Casi siempre tengo que comer en la calle por cuestiones de tiempo y aunque estoy acostumbrado a pagar todo con tarjeta, hay cosas que indefectiblemente requieren de efectivo. He llegado al punto de tener que pedirle el número de cuenta a un mesonero para transferirle la propina, porque la factura del restaurante no lo incluye y esa gente prácticamente vive de lo que recibe por la atención que brindan”, argumenta el jurista.

Crisbelis Salas es lo que usualmente los marabinos llaman “una guerrera”. Como periodista y madre de dos hijos en la Costa Oriental del Lago, la iliquidez y la falta de puntos de venta la obligan a adaptarse hasta las cosas más insólitas para salir adelante y resolver el día a día.

“Transporte escolar, escuela de los chamos, la bodega, peluquería y hasta un señor que me trae el abono para las matas. Yo pago de todo con transferencias”, afirma la comunicadora al subrayar que “lo único que me niego a comprar es mi propio dinero ya que en Cabimas hay quienes te quitan entre 20% y 30% por darte efectivo”.

Karola Nelson, una diseñadora gráfica de 32 años cuenta que una vez le tocó pagar una papeleta de desodorante en una bodega a través de una triangulación bancaria.

“Yo no cargaba la tarjeta y para mí era una emergencia porque se trataba de un artículo de primer necesidad, así que tuve que transferir tres mil bolívares a la cuenta de un tercero que no me quiso dejar morir”, relata la artista gráfica mientras sonreía con el ceño fruncido, al reconocer que ella sí ha tenido que comprar billetes para pagar transporte público que es lo único que todavía no logra resolver por transferencias.

Todo va sumando      

Nancy, una dueña de abasto en la zona noroeste de Maracaibo asegura hace un año no le gustaba mucho la idea de recibir transferencias porque equivalía a vender “fia’o”. Tenía que esperar a que le enviaran la captura de pantalla y en más de una ocasión hasta “perseguir” a los embaucadores y olvidadizos que nunca faltan.

“Ahora todas las formas de pago son buenas pero uno trata de usar las transferencias con los clientes que ya conoce. La gente se la pasa apretada y no gana lo suficiente para comprar todo lo que necesita, por eso yo antes exigía un monto mínimo para una compra por punto o transferencia, pero ahora todo está tan caro que hasta lo más básico que uno vende al detal como un huevo, ya representa más de mil bolívares”, detalla la comerciante al recalcar que “ahora los más importante es ir facturando así sea de a poquito y las transferencias salvan la patria cada vez con más frecuencia porque los puntos de venta viven colapsados”.

La erosión del poder adquisitivo hace que el “15 y último” cada vez rindan menos, incrementando el auge de un mercado informal dentro de las oficinas donde conservas, ponquesitos, durofríos y hasta bolígrafos redondean los ingresos con ayuda de las transferencias.

José Urdaneta, trabajador de una empresa en Veritas asegura que “enviar dinero entre cuentas se ha vuelto una herramienta indispensable a la hora de comprar hasta el refresco del almuerzo. Antes la gente se turnaba brindando, pero ya el bolsillo no da y hay que hacer ‘una vaca’ por transferencia para comprar ‘el vital líquido’”.

Negocios riesgosos

Las dificultades por crisis de efectivo trastocan todos los aspectos de la vida en la ciudad, incluyendo a los inframundos. Así lo confirma “El Brother”, un músico que prefiere identificarse con un apodo genérico para evitar problemas.

“Uno trabaja de noche y a veces en medio de un toque llega el momento de ‘echarse un porrito’ para relajarse, pero nadie carga cash. Aunque es arriesgado una vez me tocó comprar marihuana por transferencia, algo que antes no se veía porque nadie que trabaje en eso quiere dejar rastro de cómo se gana los reales, ni los clientes quieren salir retratados en la cuneta de un proveedor por si le ponen los ganchos, pero ahora no queda de otra”, relata el artista en voz baja.

Si bien las sociedades avanzadas han cambiado el papel moneda por las transacciones virtuales, en Venezuela la falta de inversión y mantenimiento en la infraestructura de comunicaciones representan una “bomba de tiempo” para la creciente tensión de la banca electrónica.

De momento la gente se adapta y evoluciona ante los obstáculos de la iliquidez, pero falta ver como afrontará una crisis por saturación de las plataformas financieras y las telecomunicaciones en un futuro quizás más cercano de lo que se sospecha.

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografías: Archivo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *