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“La gente me pide ‘Santa llévate a Maduro’, pero mi magia no da para tanto»

Cuando la realidad se cierne como un nubarrón sobre la inocencia de los más pequeños, obligándoles a dejar prematuramente las fantasías que llenan de alegría su infancia, mantener vivo el mito de Santa Claus o San Nicolás, se transforma en una tarea de altísima demanda con beneficios terapéuticos y excelentes dividendos en tiempos de Navidad.

Todavía no es nochebuena pero su agenda está copada. No está en su taller del polo norte haciendo juguetes con los duendes, ni comiendo galletas junto a la chimenea con la señora Claus. Desde mediados de noviembre “Santa” es la principal celebridad en los eventos de fundaciones benéficas, fiestas corporativas, centros comerciales y tiendas de juguetes que se alistan para lo que debería ser “la mejor época del año”.

Los pequeñines lo ven y de inmediato comienza el escrutinio (son demasiado pilas). El primer detalle en que reparan es en su larga y tupida barba blanca, luego le miran los ojos de un intenso color azul, su piel blanca, cachetes enrojecidos por el calor de Maracaibo y una panza que rebota cuando camina. Todo es auténtico, por lo cual las inquisidoras mentecitas llegan al irrefutable veredicto de que “debe ser el verdadero Santa”. En este punto comienzan las reacciones de risa y llanto.

Café con Santa

Hacer tiempo para una entrevista en su apretado cronograma de compromisos no es tarea fácil, pero finalmente “Santa” accedió a tomarse un café con Tu Reporte en una conocida pastelería de la ciudad, a pocos pasos de su siguiente compromiso.

Llegó antes que yo. Me tomó de sorpresa porque no vi el trineo ni los renos en el estacionamiento. Después de todo no es nada raro para alguien que puede repartir todos los regalos del mundo en una sola noche.

Al entrar, ya había pedido un café y sus infaltables galletas. Su característico gorro rojo de terciopelo con remates de piel de armiño estaba sobre la mesa. Se veía un poco acalorado a pesar del aire acondicionado, pero jovial y amable como en las tarjetas de Navidad.

“Hola mucho gusto -dice el robusto hombre con una voz profunda y calmada, mientras se seca la frente y afloja el cuello de su abrigo para estar más cómodo antes de proseguir- me llamo Raúl Enrique Finol Rivero y hace 18 años que empecé a trabajar como Santa”.

Aunque en sus inicios como San Nicolás de centro comercial usaba barba postiza y peluca, hoy Raúl pertenece a un selecto grupo de “Santas de verdad”, cuyos atributos físicos reales les permiten encarnar al bonachón del traje rojo de una manera más convincente, que permite a los niños y sus padres, mantener viva la ilusión de la magia navideña.

“Empecé en Lago Mall a los 18 años con todo postizo ya que en esos tiempos no se usaba la barba real, y al año siguiente cuando me tocó Ciudad Chinita fue el paro petrolero (2002-2003). Luego estuve mucho tiempo sin trabajar porque me enfermé del ácido úrico y me dejé crecer la barba y el cabello como promesa de que si volvía a caminar bien y a ser activo, me la quitaba”, cuenta Finol.

Sin saberlo, este percance terminaría siendo una oportunidad disfrazada, ya que su tío, Jorge Finol, quien fue el Santa de Lago Mall durante 11 años, al verlo inmediatamente identificó el potencial y le hizo las pruebas para trabajar con él como “Santas de verdad”.

“Al siguiente año me dejé crecer la barba y me la fui preparando y cuando me hice todas las pruebas de químicos y me quedó como era, mi tío me dijo ‘bueno, vamos a trabajar juntos’. Ahí fue que retomé este rol hace ya cuatro años”, recuerda Raúl, al destacar que de los siete u ocho “Santas de verdad” que trabajan entre centros comerciales y eventos privados en Maracaibo, él es el más joven con apenas 39 años.

Regalos del alma

Si bien, Finol admite que su oficio navideño es altamente rentable, recalca que hay una remuneración intangible en la noción de llevarle alegría a niños y padres que necesitan desesperadamente una dosis de esperanza en estas fechas, por eso guarda en su corazón un lugar muy especial para las vivencias que ha podido acumular junto a la Fundación de Amigos del Niño con Cáncer y el Hospital de Especialidades Pediátricas.

“En este trabajo hay cantidad de anécdotas, pero las experiencias que más te marcan son aquellas en las que trabajas con niños con cáncer, enfermos o que tienen alguna condición especial, ahí es donde uno en verdad entiende lo que representa Santa. Yo que tengo dos hijos y me pega mucho ver niños de la misma edad, menores o mayores que ellos pasando por cosas que nunca quisiera tener que afrontar, por eso uno siempre trata de poner su granito de arena y hacer esas visitas con un cariño especial”, confiesa Raúl, luchando por mantener la compostura.

Cuando habla de los niños, los ojos de Finol se iluminan y el pecho se le ensancha, como si sintiera suyos a cada chiquitín que rompe a llorar o estalla en risas cuando lo ven llegar. “Los que lloran a veces no es por miedo sino de emoción”, acota con beneplácito.

En cuanto a los anhelos de los niños, este San Nicolás marabino, indica con cierta nostalgia que todavía quedan algunos que piden muñecas, carritos y bicicletas, pero lo que más abundan son los chamos tecnológicos que le dicen “quiero un teléfono, quiero una Tablet, quiero un Play Station”, aunque siempre hay alguno que le pide algo que lo toma “fuera de base”.

“En estos día una niña como de 5 o 6 años me dijo ‘Santa yo quiero un Barbie, pero también quiero que le traigas un novio a mi mami’, a lo que no tuve más remedio que responder ‘ok’”, recuerda Raúl entre carcajadas y una cierta preocupación, por semejante compromiso adquirido.

Sacrificios y beneficios

En cuanto al funcionamiento del negocio del “Santa de verdad”, Finol cuenta que es una temporada corta (noviembre-diciembre) pero ajetreada que requiere de un gran compromiso y preparación.

“Este año comencé temprano, a mediados de noviembre, pero hace años comenzaba en los primeros días de diciembre y termino el 25 o 26, aunque siempre hay uno que sale el 28 o 29 y después de ahí hago la limpieza. Yo me quito la barba para pasar el 31 con mi familia y a partir del marzo vuelvo otra vez dejármela crecer. El cabello si me lo corto una sola vez al año. Como yo soy el más joven (de los “Santas de verdad”) me toca prepararme más porque mi barba no es blanca  sino un poco más oscura y tardo en ponerla así.

Santa confiesa que en estos tiempos de dificultad económica es más difícil mantener la característica redondez de su figura, pero debido a razones de salud también tiene que cuidar el peso.

“Yo pesaba 145 kilos y ahora peso 98, entonces tengo que recurrir a un poco de relleno en el traje, pero son sacrificios que se hacen por la salud. Si me ves en la calle vestido normal te darás cuenta que tampoco soy flaco pero si más delgado como era yo en años anteriores”, sonríe el hombre de casi 1,90 mts del altura.

Mientras que para la mayoría de la gente el 24 y 25 de diciembre es una fecha para compartir en familia, para Santa es su faena más demandante. El trote comienza en la mañana haciendo compras familiares, pero luego debe tomar un descanso obligatorio hasta las 6.00 de la tarde, ya que a las 7.00 es hora de la función.

Una sesión privada de Santa en nochebuena se cotiza en unos Bs. 300 mil y tiene una duración entre 10 y 15 minutos por casa, aunque en aquellas familias donde ya Finol ha venido trabajando fijo desde que retomó el traje rojo y blanco hace cuatro años, trata de dedicarles un poco más de tiempo.

A diferencia del “Santa legendario”, Raúl no cuenta con el don de la omnipresencia, por lo que según cálculos conservadores, su logística -que no incluye renos voladores- le permitiría visitar unas 22 casas que se traducen en aproximadamente Bs. 6.600.000 (que equivalen a $70).

“El negocio de Santa Claus sigue siendo bueno pero con la situación en la que estamos entre una cosa y otra es mas costoso. Por ejemplo un químico para decolorar la barba antes costaba entre 5 y 7 mil bolívares, este año uno solo sale en más de Bs. 40.000 y yo tengo que hacerme 6 u 8 sesiones para dejar la barba blanca. Eso lo costeo yo y luego lo recupero con el trabajo pero el negocio si da”, admite Finol, al precisar que hay algunos bemoles como no pasar el 24 con la familia, pero “son gajes del oficio”.

Cuando se termina la temporada de Santa, Raúl cambia el trineo por un taxi, ya que asegura que en muchos lados no consigue trabajo por la barba que comienza a dejársela en Marzo.

Aunque están en el mismo negocio, Santa no considera al Niño Jesús su competencia, sino más bien un colega, a quien le pediría de regalo que le arreglara a la Venezuela que tanto quiere. Un deseo que sin duda comparte con la mayoría de sus paisanos.

“Muchos me dicen por ahí ‘Santa llévate a Maduro’, y ojalá lo pudiera hacer, pero lamentándolo mucho, mi magia no da para tanto”, concluye el Raúl con una expresión amable.

 

Para más información puede llamar al 0424-6316343

 

 

Redacción y fotografía: Luis Ricardo Pérez P.

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