La libido de los marabinos se viene “a pique” ante el caos diario

Juan observa a su esposa. Sabe que algo se “trae entre manos” a pesar que intenta llevar una conversación ligera y despreocupada. Lo recibió del trabajo con una sonrisa y está diligente, procurando desocuparse temprano de las labores domésticas y de los niños. Mientras seca los platos de la cena, la siente pasar junto a él, rozándolo, tocándolo, y Juan sonríe, pero dentro siente pánico, porque sabe que ella intenta “buscarlo” y teme que su cuerpo no “le responda” ante esta situación apremiante, porque en verdad que no tiene ni una pizca de deseos.

Andrea siente que algo no va bien. Hace semanas que su esposo “ni la mira”, él está allí, pero su mente pareciera quedarse en otro lugar. En varias oportunidades le ha insinuado un posible encuentro sexual, pero él se hace “el loco”, como si ya no la quisiera. Ella se pregunta ¿qué está pasando?, ¿por qué él está tan indiferente? y con terror se le asoma la idea de que tiene otra mujer.

Cuando Juan termina de secar los platos ya olvidó las “intenciones” de su esposa. Su mente divaga entre diversos problemas: el dinero no alcanza, todo sube de precio, no encuentra una solución entre tanta carencia y su mundo se cierra poco a poco sin remedio. Pasa el día en medio del trabajo, la queja y el miedo. Cuando regresa a casa lo único que quiere es recostarse, cerrar los ojos y olvidarse un instante de tanta realidad. Aunque en la cama sigue pensando, hasta que el racionamiento le apaga la luz y las ambiciones.

Andrea intenta apoyarlo, colaborar, pero siente que él ya no la ama, ya no “la busca” y las pocas veces que lo hace los encuentros son rápidos, mecánicos, como una cuestión de compromiso más que de disfrute. No es que ella siente muchos deseos de hacerlo, pero al final, como leyó en Instagram en “estos días”, entre dos los problemas pesan menos.

Juan y Andrea representan a la pareja promedio en Venezuela, a quienes la “situación país” les robó el sagrado espacio para disfrutar de su sexualidad y el tiempo para entregarse al más potente y efectivo desestresor y antidepresivo del mundo: el sexo.

Como muchos, ellos dejaron de lado al erotismo, porque “los tiempos no están para eso”, sin comprender que un orgasmo tiene tal capacidad de potenciar la mente, el cuerpo y el espíritu, que es capaz de aportar la “gasolina” para encontrar nuevas y mejores maneras para salir de la crisis.

La mayor represión es sexual

Leonardo Prieto es psicólogo, sexólogo, parejólogo y docente universitario. Sus más de 20 años de experiencia en el área, lo avalan para opinar sobre el tema de parejas, cosa que hace con su particular humor y picardía, cuando deja en el aire una frase que convierte en máxima: “No esperes sentirte bien para tener sexo, ten sexo para sentirte bien”.

Para él, la buena vida en pareja y una sexualidad plena edifican mejores personas. Gente más alegre, dispuestas y creativa, con mejores herramientas para salir de la crisis, porque es como inyectarse una dosis de un potente estimulante. Hoy día, lo usual es que la población, especialmente los hombres, inviertan más tiempo en hacer negocios, trabajar y pensar en opciones para obtener más ingresos. Esas prácticas producen cansancio, agotamiento físico y mental, angustia, miedo y desesperanza.

En medio de ese escenario, la relación sexual se convirtió en un desencuentro, donde los miembros de la pareja se confrontan desde el resentimiento y la culpa, la represión y el miedo. Nada más alejado de la deliciosa simplicidad animal del encuentro erótico. “La mayor represión que se vive en estos momentos en el país es la sexual. El hombre es un proveedor natural y cuando ve que no puede cumplir a cabalidad ese propósito, la crisis le da un fuerte golpe en el pene”, comenta Prieto.

Erotizar la crisis

Para el experto, los problemas sexuales vienen rodando desde hace décadas. “Ni hombres ni mujeres aprenden de manera autodidacta sobre la sexualidad, no nos enseñan. El hombre se pone una máscara de buen amante y se lanza al ruedo sin saber qué hacer. Así pasa la vida practicando lo que aprendió con su primera novia a los 15 años, porque esa es la única manera que conoce de hacer el amor”.

A este guiso se le suma ahora el ingrediente de la crisis. “Hombres que se acuestan preocupados y así hacen el amor. Angustia, estrés y miedo disparan el sistema nervioso parasimpático, que evita la buena irrigación de sangre en el cuerpo, en la pelvis, que es lo primordial que necesita el varón para obtener una potente erección”.

La escasez de tiempo también juega un papel importante, porque las parejas esperan obtener una vida sexual plena en menos de 10 minutos, cuando según Prieto, un encuentro erótico pleno se extiende más allá de la media hora, porque es el tiempo ideal para que ambos estén realmente excitados y dispuestos.

Cuando la sexualidad se practica de manera mecánica y rápida no se liberan hormonas como dopamina y serotonina, que son las responsables de proveer esa sensación de plenitud y felicidad que acompaña al acto sexual.

En sus marcas, listos, fuera…

¿Sexo con cronómetro? Pareciera aburrido, pero no lo es. Para el sexólogo, cuando la relación sexual languidece es imperioso revisar el tiempo que se le dedica a la práctica y recalibrar. Con apoyo de la investigación realizada a través de las experiencias de los pacientes, Prieto recomienda como paso inicial abrir espacios para el encuentro.

Negociar, acomodar y hasta sacrificar otras actividades en benéfico de la intimidad de la pareja. Lo ideal es propiciar dos encuentros de más de 30 minutos dos veces a la semana, de ser posible los fines de semana o por las mañanas y “que se caiga el mundo”.

Un encuentro óptimo puede iniciar con una actividad compartida, como cocinar, reírse o conversar. Luego pueden bañarse juntos, jabonarse, pero sin incluir a los genitales. Paso seguido acostarse y comenzar los besos y las caricias.

El tiempo para besar no debe ser menor a cinco minutos. Los besos deben incluir labios, lengua y saliva, que es el primer intercambio hormonal que tiene la pareja.

Después, dedicar entre 8 y 10 minutos a acariciar el cuerpo, olfatear, lamer, rozar y succionar brazos, piernas, pies, manos, pechos, espalda, glúteos y muslos. Este momento puede incluir sexo oral o masturbación mutua, pero sin propiciar el orgasmo.

Unos 45 minutos luego de haber dado el primer beso y cumplidas todas las etapas antes mencionadas, entonces se procede a la penetración completa hasta obtener el orgasmo.

Sin embargo, Prieto asegura que no todos los encuentros deben suponer un coito, en algunos momentos basta con besarse, acariciarse y explorarse el cuerpo mutuamente. Eso basta para sentirse pleno y feliz, listo para confrontar los problemas y nutrir la vida.

Erotizar la crisis

1. No enfrascarse en que la sexualidad es coito y disfrutar los cuerpos, abrazos, caricias y besos.

2. Retomar la trascendencia del beso y dedicarle tiempo.

3. Los hijos son repelentes sexuales naturales, darse el permiso de tener actividad recreativa en pareja.

4. Abrir espacios de encuentro más allá de las carencias.

5. Prohibido hablar de crisis en la cama y quejarse.

6. Dos veces por semana intentar que los niños no estén en la casa.

7. Dedicarle una hora como mínimo al encuentro sexual.

8. Educarse en el tema sexual.

9. Practicar nuevas posiciones de manera recreativa.

10. No esperar sentirse bien para tener sexo, tener sexo para sentirse bien.

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografía: Archivo

 

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