En la Cerrajería Virginia aprendieron que “el candado más difícil de abrir” es el miedo  

En la avenida 3C, frente a la Plaza Yépez había un diminuto negocio -pero de gran reputación-, que tras 15 años brindando servicios especializados de cerrajería con la tecnología más avanzada de la región, tuvo que bajar indefinidamente su santamaría, al no encontrar la llave para destrabar un escabroso dilema que tocó a sus puertas en abril de 2017.

La Cerrajería Virginia nació formalmente en el año 2004 con Pedro Bracho a la cabeza, pero ya tenían dos años de experiencia en el ramo como una subdivisión de la Ferretería Morillo, un comercio vecino cuyos dueños pertenecían al mismo grupo familiar.

Una reputación blindada

Aunque también manejaban todo lo concerniente a la fabricación e instalación de puertas de seguridad, duplicado de llaves y reparación de cerraduras para uso comercial, residencial o vehicular, Cerrajería Virginia se distinguió por ofrecer un confiable servicio de emergencias las 24 horas, además de tecnología de punta en la codificación de cerraduras para automóviles de todas las marcas (con o sin llave).

Con estos atributos, el negocio de los Bracho/Morillo no tardó en posicionarse como la opción predilecta de empresas de seguros y el circuito civil y mercantil del sistema judicial en la región, el cual regularmente solicitaba a su personal en calidad de peritos, para asistir a comisiones encargadas de tomar posesión de algún inmueble objeto de disputas legales.

La trayectoria y labor de la cerrajería fue reconocida en el 2014 cuando el Concejo Municipal de la Ciudad le confirió la Orden Ciudad de Maracaibo en el marco de los actos conmemorativos de los 485 años de la ciudad.

Hace casi un año el local volvió a ser noticia, pero en esta oportunidad no serían las páginas de sociales, sino las de sucesos las que reseñarían el terrible acontecimiento que creó la ola expansiva que acabó con la empresa.

Bastó un tiro

El 20 de abril de 2017 a las 8.00 de la mañana, Juan Andrés Morillo Iriarte, encargado de la cerrajería, iba llegando al local en compañía de su secretaria y el bebé de ésta, cuando fue sorprendido por un hombre armado.

El comerciante de 44, quien al bajarse de su camioneta Ford Explorer llevaba en brazos a su ahijado de mes y medio de nacido, creyó que se trataba de un asalto por lo que no opuso resistencia, tan solo alcanzó a decir que no iba armado, mientras la madre del bebé pedía entre lágrimas que no le hicieran nada al niño.

De nada valió la cooperación de Morillo, el recién nacido que iba cargando o las súplicas de su angustiada secretaria, el sicario llevaba un firme propósito y lo cumplió con un solo tiro a la cabeza del comerciante, para luego huir en una moto que lo esperaba frente a la Plaza Yépez.

Una vez más las autoridades se decantaron por lo obvio al manejar el “asesinato por encargo” como móvil del despiadado crimen, pero nada trascendió sobre las razones que impulsaron la letal encomienda, dejando el asunto a la libre interpretación de la opinión pública.

Del lado de la cerrajería, las explicaciones también fueron escuetas, apenas un post en su cuenta de Twitter que se encontraba inactiva desde el 22 de marzo de 2013, publicó un aviso cuatro días después del homicidio.

Cerrado por inseguridad

“CERRAJERÍA VIRGINIA, C.A. les comunica a sus usuarios y público en general el ‘CIERRE TEMPORAL’ de su establecimiento ubicado en la avenida 3C, sector La Lago, diagonal al Unicentro Virginia de la ciudad de Maracaibo. Igualmente les informa por SEGURIDAD a sus estimados clientes, que no estarán prestando servicios de emergencias, a domicilio, ni ningún otro tipo hasta nuevo comunicado. CERRAJERÍA VIRGINIA, C.A. agradece su comprensión y su fidelidad en estos 15 años de servicio. GRACIAS”, detalló el último texto difundido a través de la cuenta @CerraVirginia, sin mencionar nada sobre el asesinato de su encargado.

Lo que se supone que debía ser algo temporal se transformó en definitivo, ya que la muerte de Juan Andrés trastocó al negocio en lo operativo sino en lo emocional y psicológico, pues no solo era un trabajador sino también un familiar de los dueños.

Fuentes cercanas a los Morillo/Bracho comentaron a TuReporte que los medios de comunicación erróneamente asumieron que la víctima laboraba en la Ferretería Morillo, ya que tenía el mismo apellido, pero en realidad era el responsable de la cerrajería.

“Fue un golpe muy duro ya que casi todos los locales que están frente a la Plaza Yépez son negocios de una misma familia, además después del asesinato hubo en los días siguientes algunos intentos de robo, lo cual llevó a que se condenaran las puertas de entrada a los depósitos”, detalló la fuente al recalcar que estos eventos fueron determinantes para que los dueños de la Cerrajería Virginia decidieran radicarse en otro país.

Entre los comercios del sector también se conoció que varios de los locales de la 3C están disponibles para alquiler, debido a una combinación de la situación país con los eventos de hace un año, lo cual termina de ponerle un candado a la promesa de reapertura de lo que llegó a ser cerrajería más moderna de la ciudad.

 

 

Redacción: Luis Ricardo Pérez P.

Fotografía: Archivo

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