La cremación ya es una opción para seis de cada 10 personas: Jorge Luis Villalobos, vocero del gremio funerario

“Tuve que vender mi carro para pagar el servicio funerario”. Frases como ésta pueden leerse en la prensa o escucharse en una conversación informal. Aunque para Jorge Luis Villalobos, vicepresidente de la Asociación de Profesionales de la Industria Funeraria (Asoproinfu), muchas personas atraviesan estas circunstancias por desconocimiento.

“Es cierto que estamos afectados por la hiperinflación, pero esto no indica que nosotros vamos a arremeter de manera leonina contra el usuario. Al contrario: queremos darle un servicio digno en las situaciones de duelo”.

Villalobos, un zuliano de 35 años, explica que una de las respuestas a estas situaciones se encuentra en la Ley para la Regulación y Control de la Prestación del Servicio Funerario y Cementerios. En el artículo 35, específicamente.

“Esa ley contempla que estamos obligados a dar un servicio básico, es decir, con los componentes específicos que necesita el usuario en el momento del servicio”.

Este servicio básico incluye la preparación del cadáver; asesoría en relación a las diligencias de ley; sala de velación y servicio de cafetería; un ataúd tipo latouche, excepto cuando se trate de donaciones; traslado del cadáver del sitio del fallecimiento al local de velación y de ahí al cementerio en su respectivo vehículo funerario; vehículo de acompañamiento y transporte de utensilios al sitio de velación, en caso de ser velado en el domicilio.

“No es necesario, para darle sepultura a un cuerpo, la Van de acompañamiento cuyo precio oscila entre 500 mil y 600 mil bolívares; no es obligatorio un arreglo de flores naturales, o un aviso en la prensa. ¿Qué es obligatorio?, la preparación del cuerpo, llevarlo en un carro fúnebre hasta su santa sepultura”.

Una vocación

La biografía de Jorge Villalobos difiere de la del joven venezolano promedio: a los 14 años, con un permiso del Instituto Nacional del Menor (Inam), comenzó a trabajar en Sercompreca, una empresa del ramo funerario ya extinta. “El noble oficio”, lo llama. Allí ocupó distintos cargos, lo que le permitió conocer el negocio de arriba abajo.

A los 23 años, con el título de Administrador de Empresas en sus manos, se labró su propio sendero.

“Cuando yo trabajaba de 14 años tenía una mentalidad adulta, porque me codeaba con gente adulta y profesional. Había un ambiente laboral bonito y yo me enamoré de esa perfección administrativa”.

Desde 2005 es propietario del Grupo Funerario Monte Blanco, una empresa de previsión que cuenta con dos salas velatorias. No cree en el trabajo sin control, a ello se debe su constante actividad en Asoproinfu, constituida en 2004, y que ha cohesionado y organizado a sus colegas.

“Trabajar sin control no tiene paraje. Hemos hecho un gremio a nivel nacional que nos une y hacemos cursos de capacitación mensuales. Hacemos estructuras de costos, hablamos de impuestos”.

—¿Por qué hay tanto recelo hacia las cremaciones en el Zulia?

—Es un asunto cultural, y de fe. La gente lo deja como última opción, pero creo que por necesidad tiene que acudir a la cremación y estamos migrando a la gente hacia ese pensamiento. Es trabajo principalmente de las funerarias, como gremio, indicarle a la gente que se trata de una opción. En las funerarias nos damos a la tarea de hacer comprender que es la opción más ecológica, más económica y más práctica.

—¿Cuáles son los costos de una inhumación?

—Un destape de una bóveda ya construida puede llegar a costar tres millones y medio de bolívares; una parcela oscila entre los 13 millones y los 18 millones de bolívares, mientras que una cremación está en el orden de los dos millones y medio. Y es un trabajo digno, bien hecho, con procedimientos debidamente permisados.

—¿Cuáles son las características velatorias luego de la cremación del cuerpo?

—A los deudos se les entregan las cenizas en un cofre digno, le pueden hacer honor al recuerdo de su ser querido. Con las cenizas le pueden hacer misas cada seis meses o anualmente. No escapa a la vida religiosa.

—¿En qué lugares se pueden disponer las cenizas?

—A veces se ubican en los osarios de las bóvedas ya construidas de los cementerios municipales. También, por tradición, los familiares los mantienen en sus hogares; otros las esparcen en un lugar determinado si fue la última voluntad del fallecido. Y en la iglesia Claret se han construido varios columbarios para depositarlas. Allí están las cenizas de mi padre, él fue muy católico. El padre Ovidio Duarte, párroco de esa iglesia, hace un plan de misas trimestrales para los aniversarios de los fallecidos.

—La cremación entonces sí se ajusta a la fe del creyente

—Yo trabajo muy cerca de las iglesias. Las funerarias que represento están debidamente apegadas a las parroquias. Tengo un servicio funerario de un sacerdote en las salas velatorias, y va para las cremaciones. No es algo que escapa de los ojos de Dios, por decirlo de alguna forma.

—¿Cuánto cuesta una urna de metal?

—El precio promedio ronda los siete millones y los ocho millones y medio de bolívares. Sin embargo, la semana que viene, cuando arranquen los fabricantes de urnas, deben sacar una nueva cifra. Se estima que lleguen a nueve millones y medio. El costo del cofre representa entre el 60 y el 65 por ciento del servicio funerario. La gente dice “las funerarias tiene precios altísimos”. Pero las funerarias sólo son prestadoras de un servicio.

—¿Y en todas las funerarias se le da a la gente esa información, se le muestran todas esas opciones, como la cremación?

—Estamos trabajando para eso. Nos ha costado mucho divulgar esa información, porque a veces uno teme darla y que la cambien, que al final vaya en contra nuestra o contra el Gobierno. Porque no se trata de señalar a nadie.

—Se trata de una humanización del servicio entonces

—Aparte del duelo familiar, que ya es una situación trágica, ¿les vas a presentar más problemas a los usuarios? Tienes que estar para ellos como una familia. Este trabajo es bastante duro.

—¿Qué ventajas presenta asociar, agremiar a las funerarias?

—Que nos debemos a un código de ética, a un reglamento, a la ley. Tenemos establecidos formatos de trabajo.

—¿El Estado ha intentado alguna vez regular los precios de los servicios funerarios?

—No ha habido una intervención directa porque pienso que lo principal es el cofre, y la ley establece los componentes que tú puede incluir en el servicio. Con esto, más la Ley de Precios Justos, ya sabes cuál porcentaje puedes ganar, ya sean 20, 30 o 40 por ciento. Pero ningún ente ha salido a la calle a conocer cuál es la estructura de costos, por eso estamos trabajando juntos para prepararnos y saber cómo tratar estas situaciones.

—¿Cuál es el precio de un servicio apegado al artículo 35 de la ley que los regula?

—Puede esquematizarse entre nueve millones y nueve millones y medio de bolívares. Me preguntarán, ¿cómo puede ser eso posible si sólo el cofre vale nueve millones? Bueno, porque precisamente nos apegamos al artículo 35, más los servicios de cremación. Nosotros, como expertos en la materia, podemos establecer las estructuras de costo para eso. Ahora, si tú quieres un servicio con 24 horas, con arreglos florales, con un vehículo de acompañamiento, con un servicio de refrigerio, porque tú exigiste componentes adicionales a los contemplados, el precio puede llegar a los 17 millones de bolívares.

—¿Cuál es la situación de las parcelas en los cementerios?

—Hay escasez, por eso estamos tratando de sensibilizar a la gente con el tema de la cremación. En diciembre hubo situaciones difíciles, debido al poco acceso al concreto que limita al constructor de parcelas. Y yo, que tengo una institución funeraria pequeña, no recibo menos de 35 difuntos al mes. Otras funerarias pueden tener más. Es alta la tasa de mortalidad. En el año 2008, en el Zulia,  estábamos en 0,58 por ciento, y ahora ha aumentado aproximadamente a 2,5 por ciento. Yo estoy haciendo un censo en todas las funerarias regionales, para saber cuál es el universo de personas protegidas y cuántas fallecieron en el año. Eso nos da un porcentaje real.

—¿Manejan algún porcentaje de cremaciones respecto a los sepelios tradicionales?

—Seis de cada 10 personas ya piensan en la cremación. He visto que desde 2012 para acá, la gente la acepta más. Unos por necesidad, otros por cultura. Hay gente que ya no acostumbra a visitar los cementerios porque son inseguros, porque profanan tumbas.

 

Redacción: José Flores

Fotografía: Cortesía Jorge Luis Villalobos

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