Gustavo Baptista lidera jornada médica que atiende a 300 pacientes en el barrio San Luis

Honrando sus talentos y su vocación, un grupo de 60 profesionales de la salud, liderados por el cardiólogo Gustavo Baptista, abordaron el pasado sábado 9 de junio a la comunidad de San Luis en el municipio San Francisco, para llevar atención médica y fármacos a 300 pacientes.

San Luis es un sector signado por una enfermedad caótica y degenerante: Corea de Huntington, también conocida como Mal de San Vito. Unos 65 enfermos viven en condiciones de miseria, hambre y abandono, por lo que la visita del equipo de especialistas y voluntarios sirvió para avivar su salud y sus esperanzas.

La jornada se realizó en el patio del ambulatorio San Luis. “Ese centro de salud está totalmente destrozado, no sabemos si se encuentra operativo porque era sábado y no había nadie allí. Sin embargo llama la atención que, junto a tanta miseria, descuido y destrucción está un centro comercial donde el lujo y el mármol sobran, esto nos invita a pensar en cuáles son las prioridades”, comenta Baptista.

Esta población disminuida se localiza en una zona desprotegida y de extrema pobreza en el municipio San Francisco. “Además de el equipo de cardiólogos y oftalmólogos, participaron los jóvenes de Primeros Auxilios LUZ, mejor conocidos como los Cruz Verde, y la Fundación Factor H, que atiende a pacientes de Huntington”, explica el médico.

Por ser esta una población con una característica particular se hizo énfasis en la presencia de neurólogos, pero también cardiólogos y oftalmólogos, que se encargaron de evaluar problemas cardiovasculares y lesiones oculares.

“Esta zona tiene una alta prevalencia de hipertensión, enfermedad que se incrementó porque no se consiguen los medicamentos y también por el tipo de alimentación, además hay casos de diabetes, desnutrición, escabiosis, piojos y otras lesiones cutáneas”, detalla Baptista y asegura que el sector carece de agua y durante la jornada se quedaron sin servicio eléctrico en dos oportunidades.

Por la salud visual

En específico, la comunidad San Luis está sujeta a un estudio en el área de oftalmología, porque los hallazgos realizados deben ser investigados minuciosamente, sin embargo, un factor común en al menos 30 por ciento de la población es el estrabismo, que tiene que ver con el balance de los músculos que controlan el ojo, especifica la oftalmóloga Vanessa Casas.

La especialista acompaña al equipo desde sus inicios, hace un año, y según su experiencia estas jornadas médicas conforman una actividad que mejora con el pasar del tiempo, porque se trata de hacer un acompañamiento no solo a los pacientes y sino a los estudiantes de medicina que integran el grupo de los Cruz Verde, en la calle y dentro de las comunidades.

“A San Luis hemos ido en dos oportunidades y vamos a hacerle seguimiento. Nuestra labor, sobre todo en el área de oftalmología, es prevenir más que curar, porque con la escasez de medicamentos lo mejor es vender salud visual”, relata Casa.

Entre otras experiencias, la doctora recuerda el abordaje a la comunidad de Santa Rosa, donde se detectó una alta prevalencia de pterigio, ya que los habitantes de esta comunidad están expuestos al sol durante largos periodos. También diagnosticaron cataratas y otras enfermedades oculares.

“Estos pacientes los refiero a mi consulta en el Hospital Central, porque en muchos casos el tratamiento es quirúrgico y allá los operamos. Desde enero hemos realizado unas 60 operaciones. Los enfermos de San Luis requiere chequeos cada seis meses, por eso estamos estudiando qué es más conveniente, regresar allá o traerlos hasta el hospital”.

Tal como lo explica Casas, más allá de la parte estética, los ojos desviados van perdiendo la visión y para corregirlos se requiere de una intervención quirúrgica, por lo que los pacientes requieren chequeos periódicos y una solución definitiva, a la que muchas veces no tiene acceso.

Ir a donde hace falta

Los enfermos de San Luis requieren atención constante y especializada. Según la Asociación Venezolana de Huntington (AVHUN), esta es una enfermedad hereditaria, neurológica, degenerativa, crónica y sin cura, que progresa de forma lenta y gradual produciendo trastornos motores, cognitivos y psiquiátricos, con un pronóstico de vida de entre 15 y 20 años luego de ser detectada.

Estas comunidades abandonadas, consumidas por la desidia de años, es el principal motor que impulsa al equipo médico que acompaña a Baptista. “Como médicos tenemos una vocación científica, pero también una sensibilidad social que nos hace movernos. La la crisis ha sacado las peores cosas, pero también las mejores caras. Nos preocupan esos sectores que están en riesgo y desprovistos de las condiciones mínimas, por eso siempre estamos buscando a donde ir y dispuestos a ir a donde haga falta”.

Contactos:

@gubatistar

 

Redacción: Reyna Carreño Miranda

Fotografías: Cortesía

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