Granjas “mineras” del bitcoins crecen como negocio en Venezuela

Lo llamaremos Tomás Camargo y destacaremos en él su entusiasmo y su habilidad. Tiene 25 años, estudia Contaduría en una universidad privada de Maracaibo y sobrevive con un salario de quince y último de una diminuta sombra fugaz. Hablamos de un joven que se convierte en cientos o miles de venezolanos que apuestan por crear bitcoins, moneda virtual en boga, para generar dólares y que su bolsillo respire. Hablamos de un “minero”.
“Un gran amigo llegó vendiéndome un día el celular, ropa, su aire acondicionado y su moto. Yo le pregunté: ¿Te vas del país? Me dijo: ‘No. Necesito 2 millones de bolívares para meterme en el negocio de los bitcoins’. Entonces me explicó. Así fue como supe de esto”, adelanta Tomás al referirse a la aventura que con efervescencia y como moda, algunos emprenden para reproducir moneda internacional con la hechura de monedas virtuales o “criptomonedas”.
El bitcoin, con un valor que hoy se ubica en los 4.150 dólares, fue creado en 2008 por un programador cuyo pseudónimo es Satoshi Nakamoto. Se trata de, según el medio digital Reason, dinero digital registrado en un libro público que ningún banco central, corporación o individuo controla. Una moneda peer-to-peer que corre en internet, lo que limita seriamente el potencial de interferencia gubernamental.
Mercados financieros como el estadounidense, chino, japonés y ruso, de manera parcial, le sirven como concreto de hierro pretensado. Tomás sonríe y es optimista. No teme ser víctima de una estafa piramidal. Sustenta sus conocimientos sobre el tema con base en foros que se registran en Internet y pese a cualquier cuestionamiento ético, asegura que no es de esos venezolanos con hambre de dinero fácil o con una altísima capacidad para los negocios de nula transparencia. “Soy el papá desesperado de tres niños, uno de ellos recién nacido. Lo que hago no se tipifica como delito”, insiste.
Manto secreto
Tomás forma parte de una comunidad “minera” creciente, pero que actúa en las sombras en Venezuela.
Sus integrantes se comunican a través de grupos secretos en línea por temor a las ya crecientes extorsiones de funcionarios de cuerpos policiales y militares. Toman precauciones extremas para ocultar una actividad en total auge.
Su principal nicho es la “granja”, inmensos galpones llenos de equipos computarizados especializados en construir bitcoins y sostenidos con enfriadores y ventiladores que generan una gran demanda de energía eléctrica. “En el Zulia hay muchos galpones”, refiere. También cuenta que oficinas de locales y habitaciones de viviendas sirven para procesar monedas virtuales.
El Contador Público explica que el minado es un proceso que provee el poder computacional y la seguridad requerida para correr esta red de moneda descentralizada.
Diario Bitcoin, una página especializada en la moneda virtual, detalla que para empezar a minar, cualquiera puede comprar un tipo especial de computadora conectada a Internet que corre cálculos difíciles a altas velocidades. Aunque no tiene casi nada en común con minar oro, el resultado final es el mismo: los participantes son premiados con moneda, en este caso, céntimos de bitcoins recién “nacidos”.
Para crear bitcoins se necesita un elevado poder de procesamiento de la computadora y esto implica muchísima electricidad. “Aquí solo se necesita además del equipo especial, un cable de 110 o 220 y un cable de red”, aporta el joven, quien afirma que en otras naciones los cargos por servicios de energía se comen el costo de la minería, pero en nuestro país el precio de las tarifas en comparación resulta ínfimo. Se convierte por ello en un negocio rentable. Muy rentable.
Los mineros se sienten perseguidos. Hay amenazas y cobros en dólares. En Venezuela destaca la reseña de un caso. Ocurrió el 26 de enero pasado, cuando funcionarios de la División de Delitos Informáticos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) detuvieron en una “granja” a tres hombres y una mujer en Charallave, estado Miranda, y los acusaron de dedicarse al fraude cibernético y hurto de energía eléctrica.
Entonces, Douglas Rico, director del Cicpc, señaló en su Instagram, con fotos del galpón y los equipos, que los detenidos poseían más de 300 mineros Antminers (computadores especiales para fabricar bitcoins) de la empresa Bitmain. Denunció además la venta de bitcoin en Cúcuta, pero no específico que ley fue violada por los cuatro apresados.
Tomás refiere que los uniformados amparan con extorsiones las operaciones que son legales en todo el planeta y que tienen su base mundial en China.
Minería endógena
Se necesitarían 2 millones de bolívares o 50 dólares para poder comprar una especie de acción en una máquina creadora de bitcoins. Tener una computadora Antminers requiere una inversión de entre 3.000 y 4.000 dólares en Venezuela, explica Tomás. El equipo se adquiere en China.
Con 2 millones de bolívares se tienen ganancias semanales de hasta 200 mil bolívares. Hay inversores en pleno apogeo de instalación. Quien apuesta por la minería de bitcoins recibe una clave de usuario, una contraseña y el responsable instala una aplicación que permite ver cómo crece la inversión.
“Yo estoy minando en una nube. Voy comenzando con 50 dólares”, suelta Tomás, quien por no aportar mayor capital sólo ganará un porcentaje en dólares de esa inversión inicial. Su amigo lo integró en este mundillo, donde la promesa de ganancia en poco tiempo sobrepasa el 70 por ciento de la inversión inicial. “Lo que haga puedo reinvertirlo. La meta es comprar media o una máquina. La computadora puede además operar desde el gigante asiático.
Los venezolanos se la juegan. La efervescencia tiene sus indicadores particulares. En el último año el número de compras con la “criptodivisa” en el país se disparó, según la página coin.dance. En agosto de 2016 el total de euros en transacciones con bitcoins por semana en el país era de 11.674 euros, ahora roza el millón y medio, un crecimiento del 12.749,1%, el equivalente a casi seis millones de euros.

 

Redacción: Raúl Semprún

Fotografía: Cortesía

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